Intentos de autodestrucción

Marcelo-Ostria-Trigo1Marcelo Ostria TrigoSe atribuye al ‘Canciller de Hierro’ de Alemania, Otto von Bismark (1815 – 1898), haber dicho: “Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”. Miguel de Unamuno, luego, decía que le “duele España”. Ortega y Gasset, ciertamente con la misma preocupación que predominó en su época, afirmaba que “los regionalismos y separatismos son parte del proceso de desintegración que avanza en riguroso orden, desde la periferia al centro, de forma que el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de una dispersión interpeninsular”.Por lo que está sucediendo ahora en la Madre Patria, parecería que ese empeño de autodestrucción persiste. Ha crecido el movimiento separatista de Cataluña, al que pudieran seguir otras regiones de la península, y los resultados de las recientes elecciones abren la incertidumbre para la formación de un gobierno de consenso. Sucede que estos comicios han marcado el ocaso del bipartidismo, aunque el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) siguieron captando la mayoría de votos, sin conseguir la mayoría requerida en el Parlamento para formar gobierno por sí solos. En efecto, el desafío –esto para cualquier formación política– es obtener esa mayoría necesaria (la mitad más uno).Lo que pareciera sensato: una concertación entre los dos partidos más grandes de España que han gobernado en el periodo democrático: el PP y el PSOE, junto a Ciudadanos –un partido nuevo de centro–, para formar gobierno y asegurar la gobernabilidad se ha hecho difícil por posiciones irreductibles. Los hechos y las declaraciones de quienes pretenden desplazar a los partidos predominantes PP y PSOE confirman que varios se sumarán a las resistencias y obstáculos para el logro de un consenso.Podemos, el partido populista de corte chavista, es el que más ha crecido en votos y ya ha dejado saber que no va a contribuir a la solución negociada entre los dos partidos más votados, si no se accede a sus exigencias, entre ellas su propuesta de convocatoria de un referéndum, solo en Cataluña, para definir su permanencia o no en España.Si persiste la falta de acuerdos, no habrá más remedio que convocar -lo que está previsto en la legislación española- nuevas elecciones, a las que muchos no quieren llegar, pues pudieran agudizarse los enconos y aumentar la dispersión política.El Deber – Santa Cruz