Al cumplirse 10 años de que Rubén Costas gobierna el departamento de Santa Cruz, EL DEBER se internó en algunas comunidades y pueblos para preguntarles cómo ha cambiado sus vidas. Un viaje a lugares donde celebran la electricidad como un bien que ya les pertenece

Las 22 familias de La Ripiera tienen motivos para sentirse tremendamente felices y también para llorar. La Gobernación de Santa Cruz les ha llevado electricidad como nadie lo hizo jamás, pero el agua que beben o que utilizan para bañarse y lavar la ropa aún proviene del cielo.
Lo que ocurre, es que, dice Dominga Mercado, una de las habitantes más antiguas, por alguna equivocación el motor instalado en el pozo no puede bombear el líquido porque requiere de corriente trifásica y eso aquí aún no ha llegado.
Entonces, organizados como están, han colocado canaletas de chapa galvanizada en el borde de los techos para recolectar el agua que cae a los turriles, que terminan almacenando el agua que utilizarán de manera racional hasta la próxima lluvia.
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Pero como por aquí llueve poco, cuando a los vecinos ya no les queda ni una gota de agua, hacen funcionar el motor con diésel solo por unas cuantas horas, hasta que los turriles vuelvan a ser llenados. Así, los habitantes de La Ripiera, que viven a nueve kilómetros de la carretera asfaltada entre Santa Cruz y Abapó, están con un pie en el siglo XXI y con el otro aún en el pasado.
A pesar del problema del agua, para los habitantes de La Ripiera y para otros del departamento a los que visitó EL DEBER, los últimos diez años han sido muy importantes porque con la presencia de Rubén Costas, a la cabeza de la Gobernación, han sentido que paulatinamente ha ido llegando el tren de los servicios básicos, aunque en algunos casos queda aún mucho por hacer, porque hay realidades que exigen un largo camino por recorrer, puesto que las necesidades que no fueron atendidas por décadas no terminan de ser cubiertas en un cien por cien.
Hay comunidades con energía eléctrica y caminos troncales habilitados y mejorados, pero no dejan de temerle a la lluvia porque hay rutas vecinales que los mantienen enclaustrados cuando termina la época seca.
También cuentan con proyectos productivos y desayuno escolar, pero cuando se enferman se encuentran con el drama de que la salud sigue siendo uno de los problemas históricos que necesita atención conjunta, puesto que hay comunidades con apenas una posta donde las enfermedades graves no pueden ser atendidas.

José Luis Parada, asesor general de la Gobernación, recuerda que cuando el gobernador Rubén Costas tomó el poder en enero de 2006, se hizo la pregunta de cómo acompañar el crecimiento y el modelo de desarrollo que venía ejecutando la región con muy buenos frutos.
La respuesta que encontró, recuerda Parada, fue priorizar la ejecución de obras de servicios básicos como electrificación, salud, agua, caminos y programas de desarrollo productivo, entre otros.
“Sin energía eléctrica no hay posibilidades de desarrollar ninguna actividad económica”, enfatizó Parada y por eso, afirma, se empezó a desarrollar un programa agresivo y ahora, una década después, el departamento pasó del 46% a tener, en este momento, una cobertura eléctrica de casi el 94% .
Eso, en cifras puntuales, significa que llegó la luz a 1.010 comunidades a través de más de 7.000 kilómetros de tendidos eléctricos, con una inversión próxima a los Bs 610 millones. Esta es, según la Gobernación, la inversión más grande en la historia del departamento.
Los postes con tendido eléctrico son visibles a los costados de los caminos que unen a los pueblos del departamento, como Brecha 10, Porvenir, Piraicito y otras comunidades que están carretera adentro, donde el mechero y la vela ya son objetos que solo quedan en el recuerdo.
Y afuera de las casitas de madera o de barro lucen las pilastras de cemento para el medidor, como un monumento al desarrollo, el símbolo tangible de que la luz ha llegado. Doña Mercedes Rodríguez tiene un mechero en su baúl donde guarda las cosas importantes de su casa.
“Lo tengo a mano por si alguna vez se corta la corriente. Poco a poco estamos agarrándole confianza”, manifiesta con una sonrisa sin prisa, en el patio de su casa de Brecha 10.
La salud es un tema prioritario. Y eso lo saben ambas partes: los habitantes de los pueblos y también la Gobernación.
José Luis Parada saca cuentas y dice que se han creado 500 ítems para profesionales en salud para las provincias y desde 2013, cuando se dio la transferencia de los hospitales de tercer nivel a las gobernaciones, se habilitaron más de 1.400 ítems para los seis hospitales que existen en la ciudad. Como los ítems no son suficientes para garantizar la cobertura de salud, los pobladores de Yatirenda han optado por construir una posta y en Tentami piden que, por lo menos, les doten un botiquín para poder dar los primeros auxilios.
El agua es sinónimo de salud. Eso lo saben las madres de varias zonas del municipio de Cabezas que recuerdan cómo años antes bajaban hasta vertientes en busca del líquido, y en muchas jornadas tenían que cavar en la arena para encontrar el agua que se ocultaba en tiempos de sequía.
Según la Gobernación, con la perforación de 1.500 pozos se ha subido la cobertura de agua del 47% al 97% en todo el departamento.
Existe un matrimonio entre la energía eléctrica y el servicio de agua, puesto que para que el agua que está en las profundidades de los pozos salga a la superficie se necesita un motor que sea capaz de bombear el líquido. Y para eso hace falta la corriente.
José Luis Parada, desde su oficina de la Gobernación, anuncia que averiguará qué ha pasado en La Ripiera, la población que aún tiene los grifos secos porque el motor que dará vida al pozo, según los vecinos de esa comunidad, necesita una conexión trifásica. Estos equipos, según la autoridad, trabajan con sistema monofásico. “Quizá hubo algún mal asesoramiento”, resalta.
Los caminos, para los que viven alejados de una carretera asfaltada, son tan importantes como el agua o la energía eléctrica. Esto lo sabe Blanca García, capitana de la comunidad Piraicito. Para ella y el resto de sus vecinos, los caminos tienen el poder de comunicarles con el mundo exterior, sacar a tiempo a un enfermo hasta un hospital y salir a comprar los alimentos que ellos no producen en sus chacos.
Pensando en eso, dice Parada, se ha pasado de tener 3.000 kilómetros de caminos en buen estado en 2006 a 6.300 kilómetros en una década, entre apertura de algunas rutas, mantenimiento, ripiado y asfaltado.
El buen estado de los caminos y de las calles endulza la vida, pero se posa una nube negra en esa alegría cuando las lluvias deterioran los avances que se hicieron en los últimos años.
Este es el caso de Gutiérrez, donde para los vecinos como Roly Montesinos y Oswaldo Rocabado, el gobernador Rubén Costas ‘es lo máximo’ porque ha asfaltado las calles de la población.
En La Ripiera están preocupados porque en algunos puntos de los nueve kilómetros de camino que hay entre la comunidad y la carretera asfaltada, existen dos pozos que durante las lluvias se pueden llenar de agua, y cuando eso ocurre, los taxis les cobran Bs 50 por el servicio.
Pero por ahora, Nino González, uno de los vecinos, prefiere no pensar en la lluvia y se pone a trabajar en la construcción de su casa con los ladrillos que la Gobernación ha donado a varios vecinos
Fuente: eldeber.com.bo