El imaginario y sus problemas


800x416_imaginarioNakai Mirtenbaum*Si concebimos la democracia exclusivamente como un mecanismo para emitir tu voto en un referendo o elegir gobiernos en elecciones libres, competitivas, periódicas, cada cuatro, cinco o seis años nos encontramos ante una enorme simplificación. Contentarnos con estas definiciones meramente indirectas significa restringir el análisis de una manera inaceptable.Debemos asociar la idea de la democracia con tres pilares que aluden al nacimiento de la República y un cuarto valor del mundo postmoderno: Libertad, igualdad, fraternidad e inclusión.Para ejercer la democracia adecuadamente debemos inicialmente obtener la condición de ciudadano: ingreso económico mínimo, acceso a la justicia, acceso a la educación y a la salud. La legitimidad de la democracia depende de la legitimidad de sus instituciones. Hasta el día de hoy, la democracia como norte no ha sido pensada, ni definida desde una perspectiva institucional y este es el reclamo fundamental.La política departamental, como la nacional es la primera encargada de simplificar el sentido de la democracia; no asumen un rol en la integración, igualdad, inclusión o concienciación. En su mayoría, las personas en nuestro departamento de Santa Cruz y en el país han internalizado esta idea y terminaron por concebir su caminata dominguera hasta el recinto como el  ejercicio democrático. Esta deformación en el imaginario guarda una fuerte relación con la visión que hemos desarrollado a cerca de los líderes políticos, tanto en Santa Cruz como en Bolivia. Hemos producido una reificación, con Evo Morales, con Percy y con Costas también. La reificación o cosificación es un recurso estético, seguido fundamentalmente en la literatura y en la pintura del expresionismo, esto consiste en degradar a seres humanos transformándolos en cosas o mirándolos como si fueran cosas, convirtiéndolos en un mito, algo intangible, intransmutable, que no cambia. Sobre estas estatuillas de poder es que se construyen las estructuras tradicionales de poder que aún permiten la administración pública de prebenda.Justamente por eso se generó este movimiento, porque no podemos contentarnos con una democracia de deliberación; necesitamos una democracia de liberación. Necesitamos que se generen espacios de diálogo, que se debatan ideas, que se dé lugar al nacimiento de divergencias, dotar a este país de la fuerza para romper con las formas de poder hegemónicas que terminan por polarizar el país como lo vemos hoy, que nos confrontan entre bolivianos.Nos hemos integrado nacionalmente para probarle a esta gobierno que los jóvenes ya no concebimos una democracia que no sea pluralista en el sentido más amplio del término. Nuestra expresión cultural es la secularización de los valores obsoletos y anacrónicos. Esto no significa que ignoramos el pasado, al contrario, la democracia sería una palabra muy pobre si no fuera definida por los campos de batalla en los que tantos hombres y mujeres combatieron por ella. Tenemos claro sin embargo que una sociedad es un organismo vivo, que genera resoluciones, que filtra sus entrañas por el bien mayor. Hemos asumido que en estos tiempos tediosos, un sujeto que no desconcierta es como un pequeño pajarito, en un nido donde el alimento ausenta.Entendemos también que el presente es una construcción, abrazamos el sincretismo dado en el pasado y concebimos la identidad boliviana como la construcción justamente, de lo dado, más importante aún, de lo que puede venir. Finalmente debo decir que lograr algo realmente va radicar no sobre un sentimiento ligado a uno mismo a otro, a una ideología o una etnicidad, debemos religarnos con nuestro país, debemos comprometernos con Bolivia.*Sociólogo y abogado