Extravíos vicepresidenciales

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Eric Cárdenas

El Vicepresidente es la segunda autoridad en el mando del Estado o más propiamente, el que junto al primer mandatario ha recibido del pueblo soberano el mandato para administrar los asuntos del Estado, por un determinado período de tiempo. Además es la cabeza del Órgano o Poder Legislativo, que constitucionalmente es la instancia del poder del Estado donde están los representantes del pueblo, para elaborar las leyes y fiscalizar a los otros órganos o poderes.

Las competencias determinadas que la Constitución Política del Estado le atribuye al Vicepresidente, las de asumir la Presidencia del Estado, en ausencia del titular, cuando éste se ausenta del territorio del país o por renuncia o muerte, en este caso debe cumplir el período de gobierno para el que fueron elegidos, y ser cabeza del Órgano que debe elaborar las leyes.

En los gobiernos anteriores al actual de corte socialista-comunitario, los vicepresidentes fueron denominados “la quinta rueda del carro”, pues sólo adquirían notoriedad cuando el Presidente se ausentaba, y como en los automóviles, cuando se usa la quinta rueda de repuesto, cuando pierde aire una de las cuatro ruedas principales.

Históricamente en algunos gobiernos del pasado, fueron los vicepresidentes los principales conspiradores para echar del poder al Presidente y asumir ellos esa alta investidura, conducta lamentable que ha reflejado una ambición desmedida, por encima de la lealtad debida al correligionario.

En este tiempo político del régimen al socialismo populista, el Vicepresidente ha adquirido un poder extraordinario, es casi un copresidente que interviene en todas las instancias del poder hegemónico del régimen. Además es el ideólogo y promotor de todas las políticas desde hace diez años, así en su documento de propuesta de programa político el año 2006, y que se publicó en Internet, señaló la necesidad de la hegemonía del poder del grupo gobernante; el desconocimiento del pasado; la judicialización de la política; el enjuiciamiento de los ex presidentes; el carácter racista del régimen y otras políticas que fueron llevadas a efecto en estos diez años.

El Libertador Simón Bolívar en su Mensaje al Congreso Constituyente de nuestro país, fechado en Lima el 25 de mayo de 1826, a propósito del envío del proyecto de Constitución Política que le fuera encomendada por ese cuerpo deliberante, en referencia a la Vicepresidencia señaló: “El Vice-Presidente debe ser el hombre más puro… Este Vice-Presidente ha de esforzarse a merecer por sus buenos servicios el crédito que necesita para desempeñar las más altas funciones…”.

En los últimos gobiernos, peyorativamente denominados por los populistas de izquierda de “neo liberales”, desempeñaron las funciones de vicepresidentes por voluntad popular, destacadas personalidades del mundo académico y profesional de nuestro país, basta mencionar los nombres de los destacados abogados e intelectuales, como Julio Garret Ayllón y Luis Ossio Sanjinés y antes lo fueron individuos de la talla de Hernán Siles Zuazo, Ñuflo Chávez Ortiz, Juan Lechín Oquendo (líder durante 40 años de los trabajadores organizados en la COB), René Barrientos Ortuño, algunos fueron luego presidentes.

En general en nuestra historia política, los vicepresidentes fueron destacadas personalidades de la sociedad boliviana, por sus dotes intelectuales, seriedad, caballerosidad y conocimientos, además de reconocimiento público y credibilidad.

En estos tiempos del populismo al socialismo (¿), el Vicepresidente del Estado Plurinacional hace gala de discursos y seguramente acciones de enfrentamiento y división entre los bolivianos, descalificaciones a los políticos que tienen ideas distintas a las del grupo gobernante. Agresiones verbales a instituciones respetables como la Iglesia Católica, a personalidades como el Defensor del Pueblo o dirigentes político partidistas contrarios al régimen, o a una buena parte del país, como son los no indígenas (los k´haras), y lo más lamentable, que su prédica de odio la efectúe entre los jóvenes y los niños estudiantes.

En los constantes viajes que efectúa este alto funcionario del Estado, para dar conferencias sobre el gobierno del cambio y sus políticas, por supuesto que con cargo a recursos públicos, que todos en última instancia pagamos, oculta la verdad de una sociedad dividida y enfrentada, y en la exaltación de los supuestos éxitos económicos, siempre omite mencionar cuánto ingresaba antes al Tesoro Público por la venta de recursos primarios, no renovables, y cuánto ingresó en estos últimos años por los altos precios de esas materias primas. En Estados Unidos, país al que se le atribuye la autoría de todos los males de la humanidad, con un discurso pasado de moda, y al que extrañamente acuden los primeros mandatarios para solicitar inversiones de los capitalistas del imperio o dar charlas y presentar libros, en dos oportunidades el Vice fue cuestionado por gente del público.

Los gobernantes de un país, cualquiera sea su grado de nivel de desarrollo y riqueza, deben estar a la altura de esas altas magistraturas, buscando el bienestar y la unidad de todos sus habitantes, y no declararse en guerra contra la mayoría de esa ciudadanía (como lo ha declarado más de una vez el Presidente), porque votó en contra de las desmedidas ambiciones de poder, o predicar el odio y enfrentamiento entre los hijos de la Patria, que lo hace con frecuencia el Vicepresidente.

El recato, respeto a los demás, prudencia en lo que se dice y hace y mucha responsabilidad, debería ser la receta para frenar los excesos del poder y el endiosamiento a los caudillos bárbaros o letrados, que siempre están en nuestra historia política, con más sombras que luces.

El Diario – La Paz