Los enemigos de la Alcaldía

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Álvaro Puente Calvo

En mi barrio hay un pequeño parque en el que trotamos o marchamos miles. A toda hora, de día o de noche, en feriados y en días laborales, de aquí y de otras zonas. Siempre hay gente. Es nuestro rincón para escapar de la vida sedentaria y para imaginarnos que perdemos kilos. Es lugar de encuentro. Ahí nos vemos. Ahí cruzamos miradas cómplices.

Un día de estos nos llegó un WathsApp asustado. “¡Están cercando la placita! Nos vemos allá!”. Corrimos. Pocos nos conocíamos, pero compartimos desconcierto y rebeldía. No sabíamos por qué ni cómo, pero la Alcaldía había decidido robar nuestro parque para sus dudosos proyectos. A escondidas vendieron nuestra libertad a alguien que empezaba a rodearla de rejas y candados. Nos acechan y nos asaltan en cada una de nuestras calles, toda la ciudad es un peligro, pero se vinieron a proteger el único espacio seguro, porque sin querer lo vigilamos todos.

Cundió la voz. Los vecinos exigimos revisar la orden absurda. Había que romper el dudoso y jugoso contrato. No les quedó otra que aceptar. Nos convocaron en un inmenso salón. Para que votaran por el encierro los empleados de la Alcaldía trajeron a todo el que pillaron. En asamblea no dieron ni un solo argumento. Cuatro vaciedades. En cambio, las razones contra el desvarío municipal convencieron hasta a los que ellos mismos trajeron para auxiliarlos. Al final, aguantando trampas más groseras que las de la ‘banda de los cuatro’, nuestros votos por la libertad y la honradez arrasaron. No podían disimular la ira. Como si el presupuesto municipal fuera dinero de sus propios bolsillos, castigaron al barrio llevándoselo todo y pegando portazo. La única explicación de tanto despecho es que por nuestra protesta habían perdido cuantiosas comisiones.

La guinda de tanta ira es la declaración oficial de la Alcaldía, de su dolorido portavoz. Dice que queremos dar golpe de Estado, que hemos armado malditas plataformas ciudadanas para matar su gestión municipal. Como Evo Morales, creen que necesitamos que nos azuce el imperio para que se nos ocurra defender nuestros sueños. Como él, odian a todo el que no los alaba rastrero. ¿Acaso la rebeldía es exclusividad de las plataformas? ¿Acaso hace falta apetecer el trono municipal para que se nos erice la piel ante la mentira y la estupidez, ante el abuso, ante la corrupción? Dicen que nos rebelamos para hacerles daño. ¡No entienden nada! Es para que recapaciten. Les hacen daño su sordera y su soberbia. Los hace quedar mal la borrachera de poder y de ambición.

Fuente: El Deber

Categorías Opinión