¿El agro se nos muere? Las plagas y los “precios bajos” amenazan la producción

La siembra de soya, maíz, trigo, sorgo y arroz está en una situación delicada, debido a esos dos factores. Las inclemencias del tiempo también perjudican al rubro. “No da ganas ni de cosechar”, dice un afectado.

¿El agro se nos muere? Las plagas y los “precios bajos” amenazan la producción

Página Siete / Gabriel Díez L.  / Santa Cruz

Rostros tristes, campos secos; expresiones de preocupación, lluvias tardías; cabezas gachas, plagas desconocidas. Cosechas bajas, deudas inevitables; hectáreas desperdiciadas, familias preocupadas… La actual situación del agro cruceño es “muy delicada”, coinciden pequeños y grandes productores.

Todo ello puede repercutir  -sostienen- en la producción de este y el siguiente año, en lo que respecta a soya, maíz, sorgo y arroz.

“Muchos van a dejar de sembrar (arroz) porque tienen miedo de perder”, afirma Franklin Condori, productor de soya y arroz de la comunidad Guadalquivir. Esta localidad se ubica   en el municipio de San Juan de Yapacaní.

Cada año que pasa, Condori atraviesa nuevos problemas en lo que hace a la producción de estos dos granos debido a dos factores: la aparición de “nuevas plagas” en el arroz;  y la carencia de “precios favorables” para comercializar la  soya.

En similar situación está Juan Carlos Heredia, productor de esa zona. Él, como muchos agricultores, demanda que se libere la exportación de soya para que no se queden con este producto.

“En soya hay bichos y hongos que nos hacen gastar mucho y eso merma la producción y los precios tampoco nos acompañan. En arroz cultivo entre 70 y 80 hectáreas. Lo que normalmente debería producir son 30 fanegas por hectárea para que haya ganancia. Ahora, hemos sacado dos a tres fanegas por hectárea”, comenta.

Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, el valor de las ventas externas de la soya y sus derivados se redujo entre enero y febrero de este año en un 10%.

Dirigentes de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo explican que esta “situación  preocupante” afecta a los productores de toda Santa Cruz. Entre los municipios más perjudicados están San Juan de Yapacaní, Pailón, Cuatro Cañadas, Okinawa, Santa Rosa del Sara y San Pedro.

La directora de Anapo zona Norte, Silvia Vale, afirma que debido a varios problemas alrededor de 14.000 productores  están en riesgo en todo el departamento. Se queja de que no hay  mercados para sus productos, de que  los caminos no son buenos, de que no se cuenta con tecnología avanzada, de que no tienen precios justos, de que no hay dónde acopiar los granos; y agrega que  todo ello puede repercutir en que muchos de ellos dejen de producir.

“La próxima campaña no va a haber (para) consumo interno en Bolivia; muchos agricultores lamentablemente van a dejar de sembrar. Así como han dejado de sembrar maíz y frejol. No va a haber soya, no hay grano de oro”, explica.

Un testimonio de pérdida total en esta gestión lo da David Chaira Condori, productor del municipio de Santa Rosa del Sara. Mientras camina por su chaco -entre el lodo seco y las espigas de arroz, más secas aún- cuenta que “no ha rellenado el grano”. En el último año, invirtió casi 15.000 dólares sólo en insumos para sembrar arroz; no obstante,  lo perdió todo.

“No da ganas ni de cosechar, es una pérdida grande”, lamenta. Una enfermedad conocida como la bacteriosis se asentó en sus campos los dos últimos años; la cosecha de invierno fue devastadora. Afirma que el 70% de los  productores de la zona padecen el   mismo problema.

El subalcalde del distrito Enconada de San Juan, Benjamín Torrico, explica que hay quienes han perdido entre cinco y 200 hectáreas en esta campaña, esto debido al elevado costo de producción y el poco o nulo retorno económico. “El costo de producción en arroz varía entre 750 y 780 dólares”, explica.

El ministro de Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico, expresó el miércoles su preocupación por la pérdida de “importantes áreas” de cultivos de arroz en este departamento. “Hay preocupación. Hemos tenido denuncia en el sentido de que bastante territorio cultivado de arroz se habría perdido en algunos municipios y lo más crítico es en el municipio de Santa Rosa del Sara”, dijo, según ANF.

Cocarico dijo que se  cuantifica las pérdidas para decidir si se realizará una acción de contingencia; descartó desabastecimiento del alimento.

Más de 200 kilómetros al este de Santa Rosa del Sara está el municipio de Cuatro Cañadas. El alcalde de este lugar, Genaro Carreño, explica que en la zona se siembran alrededor de 200 mil hectáreas, principalmente de trigo; el último año se perdió el 70%  de la producción.

“Estamos perdiendo, estamos muy preocupados por el factor climatológico y los precios. Encima, estamos estancados en la exportación. El Gobierno nos ha limitado la exportación y eso nos afectó muchísimo”, comenta.

El vicepresidente de Anapo, Susano Terceros, aduce que los precios bajos que ofrecen las grandes industrias, sumado a la sequía y las lluvias tardías, colocaron a los pequeños y medianos productores de la zona en una situación delicada, dado que está amenazada su  inversión. Gualberto Zurita, productor de soya, asegura  que al no permitir que el sector tenga liberadas las exportaciones,   lo “están matando”. “Los agroindustriales nos tienen en sus manos”, afirma.

Sobre esta situación, Terceros afirma que hay agricultores que están siendo perseguidos por las casas comerciales. “Las casas comerciales nos financian con cargo a la cosecha”, comenta.

Rimber Crespo Vidal, director de Anapo en la comunidad San José del Norte, explica que en la región la fanega de arroz (200 kilos en chala) vale  a 30 dólares y que se tiene 15 fanegas por hectáreas  y que la diferencia de costo beneficio es casi nula. Asimismo, asegura que en el caso de la soya les pagan a los productores entre 240 y 260 dólares  la tonelada;  el costo de producción oscila entre 480 a 500 dólares. “Estamos trabajando para las industrias y los proveedores de insumos”, lamenta.

En su informe de cierre de la gestión 2015, la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) lanzó   cifras del sector agroproductivo de Santa Cruz; los indicadores  mostraron un panorama negativo. Hoy,  su presidente, Julio Roda, estima  que  la situación empeorará este año.

“Estamos preocupados porque esto va a desincentivar a los productores a no producir, gente que siembra y pierde dinero no lo va a hacer… Se ha bajado a la mitad el área de siembra de maíz, se ha bajado a la mitad en sorgo, se va a bajar casi a la mitad en trigo y eso va a afectar mucho al sector”, explica Roda. Sin embargo, afirma que este sector “seguirá apostando” por el país.

Productores “migran” a otros oficios

Productores de arroz y soya de los municipios de San Juan de Yapacaní y de Santa Rosa del Sara decidieron “migrar” a otros oficios, luego de perder su producción, cuentan las autoridades y los agricultores de esa región. La albañilería y los servicios de mototaxis son las labores  a los que más se están dedicando estas personas que buscan “estabilidad económica para sus familias”.

“Al agricultor a veces le queda dejar su siembra, deshacerse de su parcela. Muchos están saliendo a Yapacaní, a ayudante de albañil o están trabajando en el ingenio. No hay mucha atención a los pequeños productores. Otros están de mototaxistas, los más”, explica el subalcalde del distrito Ayacucho del municipio de San Juan, Pedro Pérez.

Esta autoridad comenta que un 60% de los productores de la zona, arroceros y soyeros, están siendo golpeados por  los bajos rendimientos en el arroz, a causa de una plaga, y por los precios bajos en la soya.

Santos Gutiérrez es un productor de Santa Rosa del Sara. Cuando llegó a la zona, en 1994, comenzó cultivando una hectárea de arroz. En la actualidad, cultiva 100 hectáreas de arroz y 100 hectáreas de soya. Con el paso del tiempo ha visto cómo las enfermedades -como la piricularia y la “mosca blanca”- han mermado la producción del sector arrocero.

Hoy en día, lamenta que muchos de sus vecinos hayan optado por otras actividades, debido a que la producción en su chaco “no era rentable”. “Alguna gente prefiere irse a otros países a trabajar de albañil o a trabajar de mototaxista en las ciudades. Esto afecta al pueblo boliviano porque es menos producción”, asegura.