Jorge Lazarte R.1.- El derrumbe de la justicia es demasiado serio para el país (y para cualquier sociedad), como para dejar la solución del problema en manos de los que provocaron el “desastre”, y que ahora pretenden hacer creer con malicia que las pautas para “revolucionar” la justicia emergerán como por encanto de las cumbres convocadas. Lo que busca con todo este tinglado parece estar claro.Por un lado, eximir de responsabilidad al gobierno que tan entusiastamente anunció el 2012 que por fin se había producido en Bolivia una “revolución de la justicia”, que estaría al servicio del “pueblo”. Por el otro, reparar algunas grietas de un edificio que se viene abajo, para seguir controlando la “totalidad” del poder. Finalmente, como el gobierno no tiene ninguna idea clara de por qué la justicia está al garete ni qué hacer, optó por extraer de la chistera de sus inclinación jacobino-populista (afición de la que no tiene el monopolio), la idea de organizar “cumbres” que le saque las castañas del fuego y no perder el control del órgano judicial, y deshacerse de muchos magistrados incompetentes y varios respondones que salieron de su invento de voto universal para elegirlos.2.- Todas las cumbres realizadas hasta ahora han seguido un libreto, y no hay duda que la nacional hará lo mismo. Los protagonistas seguirán siendo “sus” organizaciones sociales cooptadas y que pasan por “sociedad civil organizada”, a los que arroparán decorativamente algunas instituciones profesionales muy corporativas y ensimismadas, que no están en condiciones de proponer nada serio, y algunas ONGs muy contemplativas y dependientes de la cooperación internacional, que en su momento fue parte del coro gubernamental sobre la “nueva” justicia. También estarán presentes representantes del órgano judicial sobre todo para defenderse, y que se quejaron en un primer momento no haber sido tomados en cuenta. Es decir, todo dosificado.3.- La ruta de las cumbres, la agenda, los temas, las propuestas y las conclusiones han sido similares en las pre-cumbres, porque todo estaba ya diseñado en la cartilla del Ministerio del ramo, cuya titular cerraba cada una de ellas en conferencias de prensa con similares conclusiones. Lo extraordinario es que en menos de 24 horas cada pre-cumbre haya podido tratar una problemática tan compleja y secular.El guión no podía ser más banal, como decir que en la justicia no hay modelo “perfecto”, o repetir lo que todo el mundo sabe sobre la retardación o la corrupción en la justicia, que además no necesitan de ninguna cumbre para remediarse. Lo que sí es altamente sintomático es que de la agenda hubiera sido excluido el primer problema histórico de la justicia en Bolivia, que es la “independencia judicial” ante cuya reclamación por algunos magistrados seguramente maltratados, desde el gobierno se les hubiera respondido sin rubor, que “quieren independencia para seguir robando”? Este exabrupto sintoniza con lo que desde hace tiempo piensan y hacen sobre el tema desde el gobierno, que de los arrebatos ideológicos sobre el poder han pasado a la necesidad material y vital de no abandonarlo para protegerse. Quizá por todo ello, estas pre-cumbres apenas despertaron el interés público. Más importó la historia rocambolesca.4.- De manera general dos deberían ser los ejes de toda reforma seria y no calculada de la justicia en Bolivia. Sobre el primer eje, ya planteamos nuestro punto de vista respecto al modelo que debe reemplazar al actual, que es un “desastre”; o mejor, la pregunta es saber qué justicia se quiere, y que no basta con pedirla. ¿Es la “justicia” medieval, la “justicia” del talión, la expeditiva, la de la charia, o es la justicia que se ajuste a los estándares exigidos por las convenciones internacional? La Justicia y sus operadores debe ser independientes, imparciales, competentes y la íntegros, en correspondencia con el Estado de derecho, que no un “flatus vocis”, sino una fórmula de organización y funcionamiento del Estado. Una de las derivaciones de este tipo de Estado es que esa justicia para ser “justa” debe ser de “calidad”, y en nuestro caso confiable y creíble.El segundo eje es cómo llegar a esa justicia de “calidad”, y sus connotaciones de efectividad, eficiencia, accesibilidad y “equitable”. A partir de estos atributos sobre los cuales debe haber una cierta idea compartida, hay que dar el salto a lo concreto, que es encontrarles indicadores que sean susceptibles de ser medibles y cuantificables, que son los datos de base. Todo ello implica un cuidadoso proceso de investigación, metodologías adecuadas que produzcan información confiable y no presunta, ni divagaciones sustitutivas. El propósito necesario y práctico es contar una evaluación cuantitativa y cualitativa del estado de situación de la justicia, como punto de partida seguro para identificar sus fallas, y emprender un apropiado proceso de reforma, que nos aproxime a la justicia de “calidad”. Por ello puede decirse que las Cumbres son improvisaciones y respuestas frívolas a un problema que sólo puede remediare lejos de la retórica de plazuela.5.- Para emprender esta tarea que nunca se hizo, el país cuenta con profesionales solventes y calificados, no muchos pero los tiene y que con la cooperación internacional que dispone de altas instituciones especializadas, que organizados en equipo y con recursos apropiados, puedan consagrarse a formular un riguroso diagnóstico de las falencias profundas de la justicia en todos sus ámbitos, directos e indirectos, en términos de concepción, modelo, diseño y operadores, y proponga un plan de reforma de corto, mediano y largo plazo, que comprenda mecanismos más ágiles en los procesos judiciales, escuelas serias de formación de jueces, recursos adecuados y mejor distribuidos, e incluya evaluación del sistema de enseñanza del derecho y proponga cambios en la educación boliviana para cambiar las pautas colectivas e individuales de justicia existentes, que no son compatibles con el Estado de derecho, la democracia ni los derechos humanos, y contaminan todo el sistema de justicia. Y conformar una institución permanente e independiente de seguimiento y evaluación de la justicia para hacerla funcional y confiable para la sociedad.Toda este producto puede difundirse en una suerte de “Libro Blanco” de la justicia en Bolivia, con el propósito ser debatido en todo el país, y luego ser traducido en decisiones institucionales. Recursos ciertamente no faltarán. Lo que falta es que el gobierno abandone la idea de que debe controlarlo todo, que es casi como pedirle que deje de ser lo que es, como lo está demostrando su negativa a aceptar los resultados del referendo del 21F, que tiene carácter vinculante constitucional y legalmente hasta el siguiente periodo constitucional. En este sentido puede decirse que el problema de la justicia es primeramente el gobierno mismo y su propensión despótica de creer que todo le está permitido. Por este camino no será posible transitar de la justicia al garete que se tiene a la justicia “justa” que se quiere.