Demetrio Reynolds*A la casa ajena, así sea del vecino, hay que entrar con la cortesía de rigor; no puede ser en cualquier momento ni por cualquier puerta.La circunstancia inevitable convirtió a la comitiva oficial en un grupo de turistas que querían ver in situ el libre tránsito por los puertos chilenos. De pronto, el gobierno se puso sensible y comprensivo con los transportistas y exportadores. Pero en más de diez años desde 2006, con la agenda de los 13 puntos, no mejoró gran cosa. Ahora se dice que es urgente.Era previsible que surgieran reacciones y estridencias mediáticas en ambos lados. Antes de emprender el viaje, ¿se consideró esa situación? En Bolivia, no obstante, la responsabilidad que le corresponde asumir al jefazo, por ser el autor intelectual de la iniciativa (lo suponemos), es muy probable que en su fuero interno haya una gran satisfacción, porque lo que precisamente esperaba se dio. Mantenerse en la cresta de la visibilidad pública es obsesión de todo caudillo. El estar al frente de la masa y despotricar contra el imperio, diríase que es su elemento natural.Otro rasgo personal es que su destemplanza verbal casi siempre precede a un contacto importante, lo cual hace más difícil el diálogo. La demanda ante La Haya fue seguida por un triunfalismo despectivo y arrogante. Luego se buscó el diálogo, a lo que la señora Bachelet respondió en tono tajante: “estoy de acuerdo con retomar la agenda, pero sin el punto concerniente al mar, ya que eso se llevó al tribunal por decisión de Bolivia”.La experiencia se repite hoy y las condiciones están peor. En opinión del exdiplomático boliviano, Marcelo Ostria, la visita causó “una confrontación diplomática muy seria”. Para el canciller chileno “las actuales relaciones son las peores en 100 años”. Otro suceso similar se dio con Perú en 2009: “Nunca tuvimos antes un momento tan delicado como ahora por el rencor antiperuano del presidente Morales”, dijo el canciller García Belaúnde, al comentar el áspero intercambio verbal con el presidente Alan García.De varias opciones posibles, se tomó la peor. Y no por error. Es que el objetivo estaba trazado en otra perspectiva. Al Mandatario se le vio locuaz y eufórico en el escaparate del mundo, por decirlo así.Qué más si hasta la oposición, aquella que criticó duramente la corrupción millonaria en el Fondioc y el escándalo sentimental, asociado con la sospecha de tráfico de influencias, aplaudió también a la comitiva. Pero todo a un costo demasiado alto en perjuicio del país.Para concluir, el señor Insulza se equivocó al suponer que García Linera y Choquehuanca actúan para “ponerse a tono con las candidaturas”. Ambos, por distintas razones, han acumulado suficientes deméritos como para que el soberano les vuelque la espalda, tal como ya lo hizo, sabiamente, en las anteriores elecciones. El Canciller cumplió – como otras veces – una misión encomendada (ajena al nivel de su función específica) por el Palacio Quemado. Eso fue todo.*Escritor, miembro del PEN BoliviaEl Día – Santa Cruz