Abusando de las imposturas

maggy__talavera_Maggy Talavera¿Qué impele a una autoridad a disfrazar de verdad una mentira o a soslayar la realidad de un hecho negativo, y a recorrer vericuetos oscuros en el afán de dejar impune a uno que otro subalterno sorprendido en un acto delictivo? El sentido común nos dice que solo una razón puede estar detrás de tal comportamiento: complicidad. Resulta difícil hallar otra explicación lógica para el apañamiento de un delito que mancha una gestión pública o no.Descarto el miedo como motivo para librar a un subalterno del castigo que merece, ya que la relación de poder que ejerce una autoridad sobre este le da prerrogativas que le permiten aplicar normas y sanciones, sin correr riesgo. Todo lo contrario: al actuar en justicia, la autoridad sienta precedentes y preserva su buena reputación. Claro, siempre y cuando su gestión sea transparente de hecho y no solo de palabra.Lo dicho viene al caso ante la recurrente reacción vista en la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra cada vez que surge una denuncia de corrupción contra sus funcionarios. En vez de ordenar procesos internos justos y claros, o de coadyuvar a las investigaciones del Ministerio Público (cuando las abre, cosa que no ocurre siempre; o si ocurre, marchan apenas), el Ejecutivo sale por la tangente y aprueba medidas que distraen la atención.El ejemplo más fresquito es el de Carlos Alberto Moreira, hasta hace unos días secretario municipal de Seguridad Ciudadana. Denunciado por cobro injustificado y arbitrario, fue apartado y reemplazado en el cargo después de una semana de declaraciones evadiendo el verdadero motivo del cambio. La voz oficial dijo que Moreira tomaría vacaciones por cuatro meses “para asumir su defensa”. Esto fue el 30 de agosto. El 31 ya había nuevo secretario ordenado por decreto municipal 504/2016 del 26 de agosto (dos días después de la denuncia y cuatro antes de que la Alcaldía diera el pretexto de las vacaciones).Moreira incluso demandó a sus denunciantes, pero su acción no prosperó. ¿Puede un funcionario osar enfrentar a la justicia con una contradenuncia, pese a las pruebas en su contra, sin tener el respaldo de sus superiores? O ¿por qué sus superiores presentaron su alejamiento como “vacaciones”, a sabiendas de que el motivo era otro? Cuando las acciones son tan confusas y poco transparentes, el sentido común -insisto- lleva a inferir que ahí hay gato encerrado. O complicidad.Alguien tendrá que decirles al alcalde y a sus inmediatos colaboradores que no abusen de las imposturas, tanto en este caso como en las ya vistas en el escándalo del dron para la Policía. No tanto por temor a los electores -de memoria frágil-, sino por miedo al monstruo que están engendrando en el seno de una sociedad carente de referentes idóneos y más proclive a prácticas que nos asemejan a los bárbaros de siglos atrás.El Deber – Santa Cruz