Desastres inesperados

bolivarJosé Luis Bolívar Aparicio*Las cosas en la vida no siempre salen como uno quiere, puede ponerle todo el empeño, planificar con cuidado y hasta ser meticuloso, pero el destino juega con cartas ocultas y el momento menos esperado nos da la sorpresa más desagradable que podríamos imaginar, echándonos a perder los planes y quizás hasta desgraciándonos la existencia, cuando sólo teníamos las mejores intenciones.Algo de eso pasó cuando, debido a las restricciones de la posguerra el ejército no podía actuar en tiempos de paz, por lo que la policía alemana sería la que tendría que ejecutar la operación de rescate de 9 atletas israelíes en manos de palestinos decididos a jugarse la vida en pos de la liberación de 234 miembros de la OLP detenidos en diferentes cárceles de Israel.Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania no sólo tuvo que reconstruir su país, sus ciudades, su economía, su alma, sobre todo, era necesario quitarse ante los ojos del mundo el terrible y demoníaco estigma del nacismo. Fuertes como son los germanos, con una personalidad muy tesonera, una pasión por el trabajo como pocas y un amor propio digno de imitar, no hubo teutón que se quede con los brazos cruzados y de la mano de los aliados con proyectos como el plan Marshall, les tomó menos de 20 años volver a ser la orgullosa nación en el medio de Europa. Su industria y la calidad de sus productos rápidamente pusieron a sus exportaciones y a la economía de los 60 a sus pies, y pudieron de esa manera encontrar en las Olimpiadas de 1972 la mejor oportunidad para lavarse la cara de frente al Orbe.Múnich fue la ciudad elegida, y los Juegos serían denominados “Las Olimpiadas de la Alegría” permitiendo a todos ver la amabilidad y el calor con que los tudescos querían de alguna manera disculparse y poder ser parte de la comunidad internacional sin que se les endilgue constantemente las aún frescas heridas de la guerra.Pero cuando todo iba de maravilla y durante la segunda semana de los juegos, hubo otro grupo que pensó que esta fiesta deportiva no sólo le serviría a Alemania, sino también podía ser la oportunidad que necesitaba el pueblo palestino para poner en bandeja y pantalla de televisión ante todo el mundo, su causa y lucha a la que fueron forzados después de la ocupación isaraelí y que empeoró tras la guerra de los 6 días.La madrugada del 5 de septiembre de 1972, un comando, compuesto por miembros del Grupo Terrorista Septiembre Negro y de la OLP, tomó por asalto los dormitorios donde descansaban los miembros de la delegación israelita, que representaban a la nación de la estrella de David.En dos dormitorios lograron capturar a 11 atletas puesto que en la refriega del asalto, muchos no se rindieron fácilmente (algunos eran miembros de equipos de lucha y gimnasia y en su condición presentaron mucha resistencia) y 4 fueron muertos.Para los alemanes cualquier cosa podía salir mal, menos algo que tenga que ver con la patria de Abraham, no se podían dar el lujo de que la memoria del Holocausto tenga algo que ver con el juego, por lo que se puso al Estado en alerta y se hizo lo posible para que la sangre no llegue al río y se puedan resolver las cosas lo más pronto posible.Los palestinos empezaron a pedir una serie de demandas y con los alemanes casi dispuestos a cederles todo, el asunto parecía ir por buen camino. En determinado momento incluso llegaron a soltar a dos activistas detenidos en prisiones alemanas, pero los secuestradores tenían la cosa clara y estaban muy bien preparados.Golda Meir quiso intervenir pero los alemanes no lo podían permitir. Trataron por todos los medios de alargar las negociaciones al máximo, incluso se ofrecieron a los mismos negociadores como intercambio de rehenes hasta la llegada de los plagiadores a un aeropuerto que ellos consideraran seguro en algún país árabe, pero una de las personas a cargo de dirigir el secuestro desde Argelia fue detenido por problemas con el visado de su pasaporte y todas las propuestas fracasaron. A las 6 de la tarde no había vuelta atrás, el gobierno alemán decidió que lo único viable para darle un pronto final a todo era el rescate armado.La policía se hizo cargo y comenzó a desplegar francotiradores en los techos de los edificios aledaños y como el evento ya era en ese entonces transmitido en vivo por los medios televisivos, los terroristas se dieron cuenta de los planes y cambiaron sus exigencias.Dos helicópteros debían recogerlos a ellos y a los secuestrados de la villa olímpica rumbo a un aeropuerto donde los esperarìa un avión comercial que habría de trasladarlos rumbo a Egipto (aunque este país no quería ser parte del problema) y una vez en tierra liberarían a todos.Los alemanes lograron preparar una emboscada en el aeropuerto escogido pero lo que no tomaron en cuenta fue que la oscuridad de la noche les iba a jugar una muy mala pasada sobre todo a los tiradores que no eran precisamente entrenados para estos menesteres sino simplemente aficionados al tiro deportivo.Cuando quisieron trasladarse de los helicópteros rumbo al avión comenzaron los disparos pero la mayoría de ellos iban a destinos tan perdidos que incluso llegó a morir un miembro de la torre de control. Los palestinos entraron en pánico y comenzaron a matar a diestra y siniestra llegando a explotar granadas al interior de los helicópteros y disparando a todos ellos.El resultado, una lista inmensa de muertos, muy pocos sobrevivientes y el desastre que se quería evitar perpetrado por completo. La situación no podía terminar ahí, y trajo consigo consecuencias, para mucha gente, que durarían años, basadas en venganzas y más violencia de la que había hasta entonces.El rescate de uno o varios secuestrados no es algo que se pueda planificar en cuestión de horas, por muy importante que sea el rehén o el peligro que corra su vida. Son golpes de mano por lo general otorgados a Fuerzas Especiales con un entrenamiento específico de años, y con la intervención sobre todo de negociadores expertos en jugar con las exigencias de quienes ejecutan un secuestro, de manera que minen su voluntad en base al cansancio y en muchos casos al miedo, pero que como sucede la mayor parte de las veces que los rescates tuvieron éxito, comienzan dándoles a entender que se cederá a sus demandas siempre y cuando los capturados estén vivos y su seguridad sea respetada.Cuando las autoridades bolivianas se enteraron que el viceministro Illanes estaba plagiado por los cooperativistas mineros, tuvieron muy pocas horas, pienso yo, para poderse dar cuenta de la magnitud del problema y mucho menos llevar a cabo operaciones factibles para su rescate.Los cuentapropistas exigían la liberación de sus compañeros detenidos y el repliegue de la policía para poder negociar la entrega. Por un lado, un Estado, que creo, no pensó en que las cosas puedan tomar un curso tan desastroso, y por el otro lado, los mineros que tenían, entre otras cosas, un cóctel de bronca y alcohol (pero mezcla no puede haber), se cruzaron en caminos tan borrascosos que terminó como la masacre de Múnich, en un desastre total.Los policías se quedaron en el camino a alimentarse, los mineros aprovecharon eso para atacarlos y rodearlos, la fuerza del orden respondió con ímpetu y entre muchos heridos y un nuevo muerto, un grupo de criminales sin conciencia le dictaminó una horrible sentencia de muerte a quien supuestamente asistió al lugar del conflicto para buscar la paz.Dudo mucho que las investigaciones judiciales ahora se centren en la justicia y lo que haya sea una búsqueda sólo del castigo, y que la verdad como viene sucediendo hace 11 años no aparezca, por lo menos mientras siga este gobierno. Pero al menos todos deberíamos tratar de aprender de esta lección e intentar resolver los problemas mucho antes de que la sangre nuevamente llegue al río.*Es paceño, stronguista y liberal