Desnudos en el sofá

agustin-echalarAgustín Echalar AscarrunzDonde ya toca preocuparse es cuando un colectivo político decide hacer un juicio a una empresa que utiliza desnudos en una publicidad.La semana pasada, redes sociales y periódicos se han preocupado de un tema relativamente banal que, sin embargo, tiene una gran importancia: la campaña que ha iniciado una empresa publicitaria que atiende a una fábrica de sillones de cuero, en la que, una vez más, se ha presentado a una modelo completamente desnuda paseándose entre éstos. Esta campaña ha molestado tremendamente a las feministas y también a algunas personas que, sin ser feministas, sienten que se trata de una publicidad de muy mal gusto.Conozco una tienda de esos muebles en el barrio en el que vivo  y el problema de éstos es que son bastante feos. Parece ser que no han logrado un diseño propio verdaderamente bello o que, por lo menos, no han copiado un diseño contemporáneo de buen estilo.En México esos serían muebles nacos, en Perú serían muebles huachafos, aquí, a Dios gracias, se han expulsado algunas adjetivaciones por su contenido racista, por lo que sólo se puede decir que no son de nuestro agrado.La publicidad en sí hace juego con los muebles y es bastante aburrida, al menos por lo que he visto  en Youtube.Aunque se puede entender el discurso feminista de la cosificación de la mujer, vale la pena recordar que ésas son sólo posturas ideológicas que no encierran ninguna verdad absoluta.  El desnudo de las personas, el desnudo en la publicidad o en el arte no tienen por qué implicar una degradación de la persona que se presta a una sesión de fotografías o a una filmación utilizando el traje favorito de los dioses griegos.En las redes sociales han aparecido exclamaciones que sólo pueden ser consideradas mojigatas o algo peor al insinuar que se comienza con un desnudo sobre un sofá y se termina en la trata de niñas y mujeres. Eso no puede ser tomado más que como un exceso absolutamente irracional.El que una mujer publique que esa propaganda es una ofensa para ella y para todas las mujeres lo transporta a uno a las conversaciones estereotipadas de las beatas de los años 70, que se sentían de esa manera al ver a una chica andando en minifalda.Ahora bien, la maravilla de estos tiempos es que con las redes sociales todo el mundo tiene derecho de opinar, inclusive las personas que se sienten ofendidas porque otra se quita la ropa.Las redes sociales, como lo hace el Gobierno, deben ser tomadas en serio, pero tienen una ventaja: el receptor de noticias y de opiniones puede también dibujar su propio mundo y deshacerse de opiniones que le resulten urticantes, sean éstas a favor o en contra del desnudo.Ahora bien, donde ya toca preocuparse es cuando un colectivo político decide hacer un juicio a una empresa que utiliza desnudos en una publicidad. Y donde se le tienen que parar a uno los pelos de punta es si se constata que las leyes vigentes pueden castigar a alguien que hace una publicidad con desnudos.Aquí no se trata de defender a la fábrica de muebles de marras, ni a la agencia publicitaria, se trata de defender algo verdaderamente valioso que no puede ser relativizado bajo ninguna circunstancia y mucho menos en estos atroces momentos que vivimos de incertidumbre respecto a la libertad de expresión.Tiemblo al imaginarme una sociedad que prohíba los desnudos de la fábrica de sofás, porque ese sería un parámetro atroz contra  la libertad sexual de la gente. Sería un atentado contra la libertad de fomentar la cultura del cuerpo desnudo, que no sólo debe ser respetado como cualquier otro derecho, sino otro tipo de manifestaciones que hacen –reitero-  a la libertad (sexual) de las personas.La publicidad que tanta tinta ha producido puede ser vulgar, puede molestar, puede ser machista, puede lanzar mensajes equivocados para la gente que se considera sensata y puede causar reacciones adversas a los intereses de esa empresa, pero por nada debe ser objeto de un juicio o de una acción callejera.Por lo demás, un poco de desnudos no hace daño. Ideal sería que la próxima propaganda de la fábrica en cuestión muestre a un caballero retozando sin nada de ropa.Página Siete – La Paz