Arturo Yáñez CortesEs el título de uno de los libros más deliciosos que acabo de leer, escrito por Axel Kaiser y Gloria Alvarez (Ediciones Deusto, Barcelona, junio de 2016). Describen magistralmente la anatomía de la mentalidad populista y plantean como rescatar nuestras repúblicas de ese flagelo que aunque en decadencia, azota América Latina y amenaza hacerlo, en otros confines.La anatomía de la mentalidad populista es descrita por los autores con base a estas cinco desviaciones, que no son coincidencia con nuestra realidad, sino plena prueba de la naturaleza del régimen; saque usted sus propias conclusiones:La 1ª es el desprecio por la libertad individual y la idolatría por el Estado, que administrado por el gobierno, hace lo que le da la gana con los ciudadan@s, lo que los emparenta con otros totalitarios como Hitler y Mussolini. Los autores, definen la mentalidad populista como liberticida, puesto que defiende el rol del estado como el eterno proveedor y del gobierno como el obligado a satisfacer todas las necesidades humanas, despreciando las capacidades del ciudadano. Ese estado está encarnado en un líder carismático, un redentor que rescata a los sufridos para asegurarles un paraíso, que él creara… Discursea encarnar al pueblo y por ello, quien esté contra “su verdad”, está en su contra y el pueblo y, será segregado y/o eliminado, fomentando el odio en la sociedad dividiéndola entre “los buenos y los malos”.La 2ª desviación es el complejo de víctima: todos los males son culpa de los otros, del imperio, del capitalismo, de la derecha, etc., y nunca de su propia incapacidad para desarrollar instituciones que solucionen problemas. Es la teoría de la dependencia (Brands) que ofreció la excusa perfecta en tiempos de la guerra fría para culpar a los EEUU de su propio fracaso para para mejorar la calidad de vida de su gente. En los actuales populistas, encontró su versión contemporánea.La 3ª es la paranoia “anti neoliberal”: cualquier cosa vinculada con el libre mercado, es el culpable de todos nuestros males, un genio maligno que amenaza sumergirnos en las tinieblas for ever (Vargas Llosa); aunque pese a todo lo que se discursea del mismo, no sea más que un sistema de libre emprendimiento basado en ideas liberales que rescata la capacidad de las personas para progresar. Esa liberalización es lo que los populistas odian, puesto que deliran mantener el control de la población y nada la hace más dependiente que el control sobre sus ingresos, trabajos y propiedades.La 4ª, es la pretensión democrática con la que el populismo se disfraza para intentar darle legitimidad a sus delirios de concentración de poder. No existe caudillo, que no haya aplicado la demolición institucional sin ponerle la etiqueta de “democrático” usando como pretexto a la voluntad del pueblo: cualquier cosa que se haga por las mayorías circunstanciales es sacrosanta y todo aquel que se oponga es traidor, derechista, golpista o antidemocrático; nada más alejado de la real democracia que más bien, limita el poder de los gobernantes. Finalmente, la obsesión igualitarista, usada para incrementar el poder del estado y del gobierno, enriqueciéndose a expensas de la población, abriendo las puertas a la corrupción. Siempre es una élite la que reemplaza a la anterior y generalmente, esta es peor que la anterior, con lo que lo único que el populismo ha logrado es igualar sí, pero en la miseria. ¿Pruebas? Cuba, Venezuela, etc. «El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica», lo dice, precisamente Gloria Álvarez.Los autores terminan sosteniendo que una cosa es criticar al populismo y otra, es plantear un camino diferente: la alternativa es el republicanismo liberal, basado en un gobierno y estado limitado por el derecho, que garantice la libertad de l@s ciudadan@s y huya de las fantasías mesiánicas y refundacionales populistas; formulan como estrategia la construcción de un nuevo sentido común basado en limitar el poder al estado; hacernos responsables de nuestras propias vidas; jugar limpio (no meterle no más, diría yo); respetar los proyectos de vida individuales y la propiedad ajena. La táctica radica en la inteligencia emocional y la educación económica y los instrumentos, son las redes sociales y las nuevas tecnologías.