‘Ni el mejor gobierno debe perpetuarse en el poder’

Cargo: Socióloga Argentina

La sociedad boliviana le colocó límites y le dijo 'no' a la reelección de Evo Morales. En absoluto eso debe respetarse», afirma tajantemente, sin chance a duda alguna, Maristella Svampa, socióloga argentina, en su visita a Cochabamba y en contacto con El Día.



Desmarcada de ciertas visiones tradicionales, Svampa, a tiempo de presentar en Bolivia su último trabajo intelectual, traducida en un libro,  bajo el título: “Debates latinoamericanos: Indianismo, desarrollo, dependencia y populismo”, describe el momento sociopolítico de Latinoamérica y de Bolivia, en la actual coyuntura.

P. ¿Cómo caracterizar ese ciclo de bonanza económica, ligada a gobiernos progresistas? 
M.S.: El boom de los commodities irrumpe a partir del 2003, indistintamente los gobiernos de derecha, conservadores o progresistas. Este inicio marca una inflexión de época de alta rentabilidad, gracias a los buenos precios de las materias primas, al que yo denomino el “consenso de las commodities”. Este fenómeno marca una nueva agenda de derechos, en lugar del neoliberalismo, al que todos conocemos como el consenso de Washington, basado en la valorización financiera.

P. ¿Esa época coincide con el ascenso del poder de gobiernos de izquierda?
M.S.:  Sí, pero no hay que olvidar que a mediados de los noventa, arranca la movilización antineoliberal. En México con el movimiento Zapatista,  abrieron una nueva agenda de derechos, de autonomía, de plurinacionalidad, ligada a los  pueblos indígenas. 

En Bolivia, si bien la gran marcha de 1989 de pueblos indígenas de tierras bajas, gesta todo un proceso emancipatorio;  el nuevo periodo arranca recién en el 2000 con la guerra del agua, con una fuerte presencia destituyente de los movimientos sociales contra los gobiernos neoliberales. Constituye algo nuevo en América Latina, lo que concluye el 2003 con la caída del gobierno de Sánchez de Lozada.

P. ¿En ese momento qué paso con el neoliberalismo?
M.S.: Lo que sucede es que asistimos a un cambio de época. El neoliberalismo pierde eficacia simbólica, es cuestionado desde los propios gobiernos, además adoptan políticas económicas heterodoxas. Ese cambio de época coincidió con el boom de las commodities.

P. ¿Qué tal si no hubiera sucedido ese boom? 
M.S.: Es difícil hacer juicios contra fácticos, ahora. Lo que queda claro es que los gobiernos adoptaron el lenguaje y las ventajas comparativas y apostaron por el boom de las commodities, intensificaron los proyectos extractivos orientados a la exportación.   

P. ¿Ahí surge la inflexión de los gobiernos progresistas  defensores de la madre tierra y los pueblos indígenas?
M.S.:  Insisto, que la novedad política vino en países que organizaron procesos constituyentes como Ecuador, Venezuela y Bolivia, donde se discutieron los derechos sociales  de la naturaleza, la pachamama y pueblos indígenas. En fin, se construyó una nueva gramática política, adquiriendo fuertes procesos constitucionales. Sin embargo, en la medida en que se fueron dando esos procesos constituyentes, también se fueron concentrando más poder y enfatizando la tutela de los movimientos sociales. 

P. ¿En el caso de Bolivia?
M.S.: Los primeros tres años fue de mucha efervescencia, donde las expectativas de la gente parecieron consolidarse, dando cuerpo y materialidad al Estado Plurinacional. Sin embargo, a partir del 2010, comienzan fuertes desavenencias  del gobierno de Evo Morales con los pueblos indígenas y organizaciones como el Conamaq. 

P. ¿Esa narrativa emancipativa cambió con el Tipnis? 
M.S.: Efectivamente, fue un punto de inflexión, pero con conflictos emblemáticos donde Evo busca avanzar en el sentido extractivista y desarrollista con la construcción de la carretera, sin consultar a las poblaciones originarias, lo cual aparece como un sacrilegio. Hubo incluso una dura represión. 

P. ¿Cómo se puede caracterizar esa postura?
 M.S.: Un gobierno que había generado tanta expectativa política, que había sido ese lugar de vinculación de tantas narrativas emancipatorias, se va convirtiendo de manera paulatina nada más en un régimen o modelo tradicional, estatalista y hiper presidencialista, mostrando los elementos típicos del populismo.  

P. ¿Es populista Evo Morales, en ese contexto? 
M.S.: Evo representa y lleva un populismo plebeyo con una fuerte participación de la masa social, pero tendiente siempre a polarizar, pero sí con una alta pretensión hegemonista. El populismo sobrevive en la polarización y eso caracteriza a estos gobiernos.  

P. ¿Qué alternativas queda para adelante?
M.S.:  Yo creo que estamos ante un fin de ciclo no solo por lo económico. En términos políticos nos encontramos con la dura realidad de que estos gobiernos no habían sido lo que  prometieron ser. En ese sentido al monopolizar el espacio del progresismo, de mostrarse las únicas izquierdas posibles, cierran paso a otras opciones; además que empoderan a fuertes sectores de derecha.

El fin de ciclo nos obliga a pensar como el momento del postprogresismo. ¿Qué alternativas tenemos?, es el desafío que debemos afrontar. Hay que repensar la vía de otras narrativas de cambio, otros progresismos.

P. ¿Cómo ve a Evo en su persistencia en el poder?
M.S.:  Definitivamente hay que pensar en el modelo de ejercicio del poder y formas colegiadas de poder y concentración del poder político. Evo, igual que otros gobernantes, es lamentablemente una ilustración de la concentración del poder. En Bolivia, la sociedad le puso límites a la permanencia en el poder a Evo Morales. Definitivamente, el gobierno no debe caer en esa trampa infantil de forzar el caudillismo y la actitud hiper presidencialista. Mucho más cuando en este país hay una energía social fabulosa. Así que Evo Morales debe dar un paso al costado y dar paso a otras alternativas.

Fuente: eldia.com.bo