Hace 10 años se suicidó mi hermana: Esto fue lo que aprendí


Una mañana de verano, hace 10 años, me desperté temprano, atormentada por una preocupación. “Llama a Megan“, fueron las palabras que cruzaron mi mente.Lo hice. Llamé a mi hermana mayor.“¿Dónde estás?” le pregunté.

 “Estoy en las colinas cerca de la casa de mamá y papá”, dijo en un tono superficial. “No puedo seguir con esto… Sencillamente no puedo”, repetía una y otra vez.

hermana“Voy para allá”, le dije. “Espera, salgo ya mismo”.En ese momento, perdimos la conexión y yo no sabía qué hacer. Subí un bolso con ropa, mis dos hijitos pequeños y mi cuerpo en pleno embarazo a nuestra camioneta y conduje tres horas para reunirme con ella en las colinas cerca de la casa paterna.No sabía exactamente en qué lugar de las colinas, de modo que continué conduciendo por un camino hasta el final. A los pocos segundos, Megan salió de la zona boscosa descalza y su aspecto era como la cáscara que había quedado de una mujer vibrante y confiada.Durante nuestra conversación ese día, descubrí que había pasado la noche en las colinas, analizando la vida y si valía la pena seguir adelante.Pese a mis esfuerzos ese día y los días y semanas posteriores, apenas dos meses más tarde terminé diciendo las palabras de despedida en el funeral de Megan.hermanaSi bien ha pasado una década desde que mi hermana se quitó la vida, me gustaría poder decir que me convertí en una experta en prevenir suicidios. Después de todo, viví la tensión diaria de alguien que sufre de depresión y tiene constantes pensamientos suicidas. Sé lo que es vivir en alerta, preguntándose qué traerá el día, la hora o incluso el minuto siguiente.También sé lo que significa perder esa batalla y mirar hacia atrás y preguntarse, ¿qué, por qué, cómo o incluso quién?Me he culpado a mí misma por no hacer más. He preguntado si podría haber hecho algo para evitarlo. Pasé por echar la culpa a otros, enojándome porque no habían hecho más. Incluso dirigí esos mismos sentimientos hacia mi hermana. Sí, enojo incluso al preguntarme por qué se hacía eso a sí misma, a su marido, a sus hijos y nosotros.Todo eso forma parte del proceso de sanación, pero lo que me aportó la mayor reparación fue dejar de lado estas preguntas.Después de todos estos años, he aprendido a no preguntar por qué porque sólo ella lo sabe. Ya no me pregunto qué podría haber hecho porque lo hecho, hecho está. Ya no me culpo ni a mí ni a otros porque nadie tiene la culpa y culpar a otros sólo genera dolor y enojo, y estoy harta de estar lastimada y enojada.Pero hay una pregunta que sí me hago cada vez que pienso en mi hermana. Me pregunto, “¿Ahora qué?”No puedo cambiar lo que hizo ella ni lo que hice o no hice yo en esos años, pero puedo cambiar lo que hago ahora.Ahora me esfuerzo por no culparme a mí misma ni a otros. Trato, en cambio, de demostrar amor a todas las personas que encuentro. No me quedo callada, ocultando la realidad del suicidio sino que hago lo que puedo para hablar sobre el tema para que otros no tengan el miedo que tuve yo. No me detengo en los últimos meses de su vida, en los que no era ella misma, sino que celebro la vida que vivió –la hermana, la esposa, la madre, la hija y la amiga fiel que fue.hermanaY cuando pienso en el día que hace todos esos años estacioné en un callejón cerrado junto a la ladera de la colina y vi a mi hermana acercándose después de haber pasado una noche sola en el bosque, ya no me siento llena de desesperación sino de esperanza.Porque en ese preciso lugar en que encontré a Megan hace todos estos años es donde se está construyendo actualmente el Cedar City Utah Temple de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.Y voy por ese largo camino y ya no encuentro un callejón cerrado, sino un faro sobre una colina que representa algo que siempre supe –que volveré a ver a mi hermana. Fuente: www.whatthegirl.com