La corrupción y el caso nicaragüense

marcelo-ostria-trigo1Marcelo Ostria TrigoSe asoma una severa crisis económica generalizada, luego de un periodo excepcional de altos ingresos nacionales dilapidados. El futuro próximo, por ello, parece que no será bueno para algunos países de América Latina, a menos que haya virajes sensatos y alternativos a los fracasados experimentos neopopulistas.Pero las crisis no solo se presentan por quebrantos económicos. La corrupción también ocasiona daños enormes en el ámbito moral. Se llega a justificar conductas públicas impropias y aún delictivas; y es corriente que se acepte como normal ‘meter la mano en la lata’; sin embargo, la corrupción también tiene otras manifestaciones: el empeño de permanecer indefinidamente en el poder y el avasallamiento de las instituciones en provecho de una secta política. Este es el caso del ‘comandante’ Daniel Ortega, que fue reelecto presidente de Nicaragua por un segundo periodo (2011 – 2016), y la ley de su país no admite dos reelecciones inmediatas. Pero él no hesitó en persuadir a los jueces supremos –que se hicieron cómplices de una ilegalidad manifiesta– a que malinterpreten la constitución de su país, dictaminando que es legal una segunda reelección del presidente que ahora pretende ser reelecto, conjunto con su esposa como vicepresidenta, además de su empeño en desintegrar a la oposición.En BBC Mundo (29.08.2016) se informa que “la Iglesia católica (nicaragüense) señaló que ‘todo intento por crear condiciones para la implantación de un régimen de partido único (…) es nocivo para el país’. A esa advertencia se sumó el Consejo Superior de la Empresa Privada” y “una antigua compañera de armas de Ortega y famosa comandante de la Revolución Sandinista (1979-1990) no duda en afirmar que en Nicaragua hay una «dictadura con pretensiones dinásticas».El futuro no es esperanzador para los nicaragüenses si se cumplen las pretensiones de Daniel Ortega. Los regalos de Hugo Chávez ya no corren y, en Estados Unidos, la Cámara de Representantes aprobó el 21 de septiembre la llamada ‘Nica Act’ –será considerada por el Senado– con sanciones al régimen sandinista por su empeño en perpetuarse en el poder.Finalmente, una terrible advertencia de la exdiputada sandinista Ana Margarita Vijil: “Estas elecciones, ilegítimas e ilegales, no van a representar la voluntad popular. Estamos al borde de otra guerra. No tenemos experiencia en salidas cívicas a los problemas políticos; entonces, si no hay salida electoral (…) es sumamente peligroso, no podemos repetir los ciclos”.El Deber – Santa Cruz