
Su linaje la llevaba a ser cuando menos dama de alta cuna, como lo demostró su amistad con su compañera de colegio Lady Diana Spencer. Ella, sin embargo, prefirió cambiar de aires y estudiar Literatura en Cambridge. “Todos saben que soy actriz, si es que lo soy, por defecto, porque siempre quise ser escritora. Pero cuando dejé de escribir me puse a actuar”, admite. Si pone en duda que sea actriz, a pesar de una larga filmografía y el Oscar que ganó en 2008 con Michael Clayton, es porque para Swinton cuando se trata de la interpretación todo es un juego. “Un juego entre amigos”, describe. De ahí que le guste tanto cambiar de look, disfrazarse, jugar. “Es lo que me hace seguir aquí, el viaje mágico y misterioso que es la interpretación”, explica. Un viaje en el que el director Derek Jarman la invitó a tomar parte y no hubo vuelta atrás. Junto a Sally Potter jugó a hacer Orlando (1992) mostrando lo que era la fluidez sexual a una generación que todavía no había acuñado ese término. Los cineastas John Maybury, Wes Anderson, Spike Jonze, Jim Jarmusch o su amigo de la infancia, Luca Guadagnino, entre otros, vinieron después también a jugar con ella. Muchos de ellos son y fueron además su inspiración, la fuente de su sabiduría, sus ancianos. “Jarman seguro. David Bowie, que nos dejó muy pronto. Mi amigo [el novelista y crítico de arte] John Berger”, enumera. Pero, sobre todo, su abuela Mariora Beatrice Evelyn Rochfort Alers-Hankey. Una mujer que como dice Swinton sabía vivir y se lo enseñó a ella.
Activista del colectivo LGTB
Swinton no solo sabe vivir o llevar la contraria. Desde hace mucho tiempo que sabe ser ella misma sin que la defina el sexo. Madre de dos hijos adolescentes fruto de su relación con el escritor John Byrne, ella es la musa andrógina, una figura etérea, casi de otro mundo que apoya sus ideas en un cuerpo de alabastro y una altura escultural. Defensora de los derechos del colectivo de homosexuales, lesbianas y transexuales, lo que realmente defiende es el derecho a ser, sin más bagaje ni etiquetas, quien uno quiera. “Me parece que hacer una película que defiende que seas quien eres sin ego y sin miedo a una generación de adolescentes es lo más radical que he podido hacer hasta la fecha”, resume.
Fuente: elpais.com
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