“Ni con la vagina, ni por miedo”


erick-okErick Fajardo Pozo*Con este postulado la actriz Susan Sarandon planteó a los electores norteamericanos la necesidad de liberarse de las premisas del condicionamiento psicológico con que un agónico sistema bipartidista reproduce artificiosamente su legitimidad, apoyado en la exacerbación de los particularísimos y el temor al otro.Porque en eso se ha basado la campaña por la reelección del gobierno demócrata (y en buena parte también la Comunicación de Gobierno en la era Obama): en el microtargeting de la exacerbación de las microidentidades y en la macromediatización de la caricaturización de su rival.Hay que votar como mujeres, como inmigrantes, como afroamericanos o como tributarios de tales nociones identitarias, contra el monstruo sexista y racista que quiere poner su dedo sobre el botón nuclear. Esa es la síntesis de la narrativa electoral demócrata.Sarandon, feminista y progresista de la línea de Bernie Sanders, decidió no callar y, en nombre de esos electores que no migraron resignadamente a secundar a Clinton, instó en una carta pública a «no votar con la vagina o por miedo a Trump», en rechazo a las solidaridades corporativas con que se pretende abstraer al electorado de una decisión política que debiera estar basada en el objetivo primigenio de evitar que quienes sostienen el deficitario modelo de poder, lo sigan haciendo.No es un tema menor. Al parecer la democracia de las recetas, del «endosar» el voto, de ejercitar el voto útil (o «votar a ganador»); la democracia del ballet bipartidario, finalmente se ha resquebrajado.Es un primer acto de insurrección. Va a llevar tiempo romper siglos de condicionamiento pavloviano-skineriano y de refuerzos cotidianos de la media y las instituciones absolutas en el comportamiento de sus audiencias-electores, pero ha empezado a suceder.Sarandon sugiere que, escapando al efecto de “resignación” a las tendencias oficiales que buscan generar las encuestas, quien no le vaya a dar el voto a Donald «The Punisher» Trump, al menos va a buscar en la papeleta a una casi anónima (invisibilizada por la media, más bien) Jill Stein del Partido Verde.Y es que el llamado de la Sarandon no es a «voto apuesta», sino a un comportamiento electoral que busca expresar su disentimiento, independientemente de la ficción de «ganar o perder».Los estadounidenses empiezan a entender intuitivamente que la chance de incorporar los temas de la agenda pública, desplazados por la agenda del sexismo-fóbico de la media, pasa por debilitar el sistema político que se opone crónicamente a reformar esos temas.Más allá de la estadística electoral, el voto de millones de americanos disidentes no será por Trump o Stein, sino porque pasen en la siguiente legislatura enmiendas a la ley de vigilancia y control del pensamiento SOPA, a una nueva ley de regulación del sistema financiero, a reformas contra el monopolio bipartidario, el sistema electoral «colegiado» y otras tantas estructuras arcaicas seudo democráticas en las que el establishment basa la reproducción de su poder.Una vigorosa revolución de comprensión de la democracia digital y sus nuevos actores empieza en América al día siguiente de los comicios, independiente de sus resultados.*Maestrante del programa de “Gobernanza y Comunicación Estratégica” de la The George Washington University.