Las mentiras de Bernie Sanders

David Gordon [Where Bernie Went Wrong: And Why His Remedies Will Just Make Crony Capitalism Worse • Hunter Lewis • Axios Press, 2016 284 páginas]Hunter Lewis ha prestado un gran servicio con su nuevo libro. Escribiendo desde una perspectiva austriaca, nos ofrece el análisis definitivo del fenómeno Bernie Sanders. Aunque Sanders no ganara la nominación demócrata, consiguió algo notable. “Si la campaña de Bernie fue principalmente un ejercicio para movilizar la opinión pública, tuvo un enorme éxito. Atrajo a los jóvenes por amplio margen. Transformó al Partido Demócrata y finalmente a su programa en su dirección” (p. 1).¿Cómo hizo esto? “Bernie dice a menudo a pleno pulmón lo que otros piensan en privado” (p. 13). A la clase media y los pobres no les está yendo bien, dice, y la culpa reside en un sistema “trucado”. “La economía está trucada porque los ricos, representados principalmente por ‘avariciosos’ multimillonarios y grandes empresas usan su riqueza para subvertir del proceso político y tomar el control del gobierno” (p. 24).Lewis considera que hay mucha verdad en la acusación de Sanders. Por ejemplo, de una manera manifiestamente corrupta, bancos y empresas quebradas fueron “rescatados” después del crash financiero de 2008. “[Hank] Paulson exCEO de Goldman Sachs, fue uno de los diseñadores del rescate de Wall Street de 2008, que no sólo rescató a Wall Street, sino también a su propia empresa, junto con todas las acciones que todavía tenía en la misma” (p. 132).Si Sanders ha identificado correctamente un gran problema, su solución propuesta sólo empeoraría las cosas y en el cuidadoso énfasis de Lewis sobre esta afirmación contra Sanders reside la principal contribución de su libro.Sanders quiere acabar con el sistema trucado, entre otras maneras, aumentando el control público sobre las grandes empresas y redistribuyendo renta y riqueza de los ricos a los pobres. En estas propuestas se olvida de una distinción vital y esto afecta a toda la justificación de lo que sugiere. Sanders culpa al capitalismo de ser un sistema trucado, pero lo que hoy tenemos no es una economía de libre mercado, sino más bien “capitalismo de compinches”. “No se parecen mucho a un sistema capitalista unos Estados Unidos con un capitalismo de compinches en el que las personas se hacen ricas, no suministrando bienes, productos y servicios con el menor coste posible para los consumidores, sino más bien obteniendo protecciones de monopolio u otros favores del gobierno o beneficiándose de alguna otra manera de las acciones o relaciones con este” (pp. 24-25).Al no distinguir el capitalismo de compinches del verdadero capitalismo, Sanders propone “curas” que solo intensificarían la enfermedad que diagnostica. “Bernie propone resolver el problema de la corrupción política y de una economía trucada dando al gobierno todavía más poder. ¿En qué ayudaría esto? Indudablemente un gobierno más extenso y todavía más poderoso, todavía más profundamente implicado en la dirección de la economía, se convertiría en un objetivo todavía más tentador para los subvertidores ricos” (p. 26).Lewis encuentra otro defecto en la explicación de la economía de Sanders. Aunque afirma oponerse a los grupos poderosos de interés que trucan la economía en su beneficio, hace una excepción. Los sindicatos, en su opinión, no pueden hacer nada malo. “En la visión del mundo de Bernie, los sindicatos no sólo ayudan a sus afiliados: ayudan a todos (…) También acepta todo el dinero que pueda obtener de ellos y a cambio pueden contar con él para que apoye su programa de gobierno” (p. 38).La cura para una alianza maligna entre gobierno y empresas se encuentra en menos gobierno, no en más. La manera de ayudar a los trabajadores es aumentar la inversión de capital y esto se logra mejor si a los inversores se les libera de altos impuestos y cargas regulatorias. “La productividad aumenta al dar a los trabajadores mejores herramientas. Para poder permitirnos estas herramientas, tenemos que guardar algo de lo que ganamos cada año. Es decir, tenemos que ahorrar, de forma que podamos invertir los ahorros en las herramientas que necesitamos. Así que se plantea un problema: ¿cómo inducir a la gente a ahorrar? (…) [No puede esperarse que los pobres y la clase media ahorren demasiado]. Sin embargo, los ricos son diferentes. Tienen tanto dinero que, en total, sencillamente no pueden gastarlo todo. En la práctica, están obligados a ahorrar” (p. 59).Sanders en su campaña hablaba a menudo del comercio internacional y aquí se equivoca de nuevo. Protesta correctamente contra pactos comerciales como el NAFTA y el propuesto TPP, que nos someten a una mayor regulación pública, pero no ve lo que está mal en estos pactos. “El verdadero libre comercio tiene la misma relación con los acuerdos comerciales masivos de años recientes que la que tiene el capitalismo con el capitalismo de compinches. Son categorías opuestas. Igual que el libre comercio es un aspecto del capitalismo, los acuerdos comerciales son en general un aspecto del capitalismo de compinches” (p. 126).Sanders desear restringir el comercio internacional para “traer de vuelta los empleos estadounidenses”, pero eso resulta inútil. El libre comercio aumenta la prosperidad y el empleo. “La conservación o protección de los empleos es un callejón sin salida. (…) las regiones de Estados Unidos que prosperan más económicamente tienden a tener las mayores pérdidas de empleo anuales, pero también las mayores creaciones de empleo, con una ganancia neta tanto en empleo como en salarios. La pérdida de empleo puede ser dura para los empleados, especialmente para los mayores, pero es esencial para el crecimiento del empleo, el crecimiento económico y una mejora en el nivel de vida” (p. 129).Lewis pasa a ocuparse de la Fed y de nuevo Sanders es “pesado en la balanza y hallado falto”. Sanders se une a Ron Paul en reclamar una auditoría de la Fed y teme las maquinaciones de los grandes bancos, pero no ve a través de lo esencial. Reclama una mayor expansión del crédito bancario para rescatarnos del estancamiento económico. Fue precisamente esta forma de actuar la que nos llevó a las malas condiciones actuales. “Bernie votó a favor de la propuesta de auditoría de la Fed del congresista Ron Paul (…) pero está claro que no está de acuerdo con la propuesta de Paul de abolir la institución, ni parece estar de acuerdo con Paul en que la Fed ha creado demasiado dinero y crédito y con ello ha condenado a la economía de EEUU y especialmente a sus ciudadanos vulnerables pobres o de clase media a un ciclo sin fin de burbujas y declives cada vez mayores. Cuando la Fed empezó a hablar acerca de aumentar finalmente los tipos de interés después de haberlos mantenido en casi cero desde 2008, Bernie se opuso a este paso, aunque el nuevo dinero de la Fed se proporcione primero a Wall Street a precios de saldo” (pp. 151-152).Si se ponen los programas de Bernie Sanders y Ron Paul uno junto a otro, se ve la diferencia entre un falso profeta que proclama su canto de sirena de socialismo y un estadista sabio y con visión de futuro. Hunter Lewis merece grandes alabanzas por su aguda disección de Sanders y por señalar la vía hacia la verdad.Instituto Mises