Un supuesto esclavo paceño se niega a dejar su yugo

ÉDGAR TORO [email protected]

“No me quiero ir de este lugar”. Eso es lo que dijo Lulincho, apodo con el que se conoce a Lorenzo Yarichime, un hombre de 85 años de edad que supuestamente fue esclavizado desde su infancia en Apolo, departamento de La PazRecientemente, María Luz Bascopé, la Subgobernadora de Apolo (capital de la provincia Franz Tamayo de La Paz) y Aníbal Daleney, representante del Control Social del Comité Cívico de Residentes de Apolo (CCRA), denunciaron a la concejala de ese municipio Roxana Miranda Reyes y a sus padres Rubén Miranda y Agda Reyes de oprimir a LulinchoDe acuerdo a versiones de los denunciantes, que recogió la Agencia de Noticias Fides (ANF), cuando Lulincho y su hermano eran pequeños fueron regalados por sus padres a los abuelos de Rubén Miranda porque no tenían recursos para mantenerlos. Posteriormente, el hermano de Lulincho se casó, salió del lugar y murió, pero él se quedó en la propiedad que fue heredada por Rubén Miranda»El Lulincho vive en mejores condiciones que la Subgobernadora y si el señor Aníbal Daleney es tan generoso y cree que le puede dar mejores condiciones que se lo lleve a Lorenzo Yarichime, ese es su verdadero nombre», expresó el viernes la concejal por el municipio de Apolo, Roxana MirandaEste medio de comunicación accedió al testimonio de Lulincho.EL RECORRIDO Al promediar las 14:00 horas del viernes, con una temperatura de por lo menos 27 grados, la concejal Miranda a solicitud de OPINIÓN presentó a Lulincho. Nos llevó en un taxi desde la Plaza Principal de Apolo hasta el barrio de Cotachimpa en un tiempo aproximado de 10 minutos.Ya en el lugar, por fuera, se puede ver un canchóngrande, con pared de tapial y una puerta principal de 1.80 metros de alto por 80 de ancho. Entramos descolgando un seguro de madera y al fondo, a unos 100 metros, estaba una habitación blanca de 3 por 3 metros de superficie y unos 2.5 metros de alto. La concejal precisó que esa habitación la hizo construir ella exclusivamente para que viva LulinchoApenas nos vio y salió de su habitación a saludarnos con mucha educación. Nos extendió la mano sin despejar su sonrisa en la que se le veían los dientes desgastados por los restos de coca. En Apolo no hay campesino que deje de pijchear (acullicar o mascar) la hoja verdeEl hombre de 85 o más años (no accedimos a su documentación de identidad), tenía dificultad al hablar, solo se expresaba en quechua y de manera no muy fluida, pero se dejaba entender y elevaba el tono de la voz al hablar.SU PEDIDO Le preguntamos en quechua ¿cuál es su nombre? Y respondió con dificultad: Lorenzo. No pronunciaba bien el apellido y no se entendía, pese a la traducción de Rubén Miranda, padre de la concejal que llegó después en un mototaxiSe le preguntó cómo se encontraba, qué dificultades tenía y cuál era su mayor necesidad. Lulincho respondió que sentía un poco de humedad del piso, pidió comida para sus dos perros y cachorros que recién nacieron, además que requería pilas para su linternaEn su dormitorio se observa un catre de madera de una plaza con frazadas. Una mesa con envases de leche, y otros productos. Ahí, en el piso de tierra, una cabeza de plátanos verdes muy apetecidos en Apolo. Al lado del cuarto está su cocina con un fogón de barro muy típico en este pueblo.Miranda sostuvo que «la mayoría de la gente en Apolo todavía cocina a leña y colocarle una cocina a gas sería un riesgo, porque no sabe usar y se mataría»Detrás de la cocina tiene un cargamento de leña que también es proporcionada por la familia Miranda.»No le falta nada, tiene agua y ducha, le pusimos uncolgador de alambre para que seque su ropa», afirmó la concejal que hasta el viernes fue alcaldesa interina ante la ausencia del alcalde Mario Vaquiata.LA HISTORIA Rubén Miranda le preguntó a Lulincho cómo estaba y si tenía ganas de irse a otro lado. El indigente le respondió tajante. «No me quiero ir de este lugar. Me encuentro bien”Miranda precisó que conoció a Lulincho cuando era un hombre maduro.»Me debe llevar unos cuatro o cinco años. No vivió toda la vida con nosotros. Se lo llevó Moisés Céspedes (suegro del hermano de Daleney) y luego vivió en las haciendas de Tantana y Ubía», contóLulincho reía al hablar, se mostraba seguro y con mucha confianza. No estaba tímido ni con susto. Se sentó en la banca de madera en su puerta. Caminó descalzo, como mucha gente lo hace en este caluroso clima del norte paceño y se dejó tomar algunas fotos.»Ya está acostumbrado a que le saquen fotos porque todos vienen a hacerlo», afirmó la autoridad de ese municipio.SU SITUACIÓN Si el concepto de ser esclavo es una persona que «carece de libertad y derechos propios por estar sometido de manera absoluta a la voluntad y el dominio de otra persona que es su dueña y que puede comprarlo o venderlo como si fuera una mercancía», Lulincho no está en esa condición en estos tiemposTampoco es esclavo porque «está dominado por una pasión o por un vicio que necesita para vivir o para sentirse bien». No hay nada de eso. Lulincho es como muchos de esos personajes que hay en Apolo, que vivieron por años en medio de familias tradicionales. Si fuera así, a todos ellos tendrían que considerarles esclavos.ATAQUES Y RENCILLAS Miranda acusó a Aníbal Daleney de estar utilizando a Lulincho para difamarla»No me perdona que yo como mujer le puse un alto a este prepotente», dijo.Explicó que su padre, Rubén Miranda, le sigue un proceso a Daleney por abigeato (hurto de ganado)»Se marcó 98 cabezas de ganado de mi padre, se apropió y entonces, como varias veces, burlaba las citaciones porque cambiaba de domicilio. Una vez salió el mandamiento de aprehensión contra él y lo fui a buscar y lo trajimos enmanillado desde La Paz hasta la policía de Apolo para que rinda cuentas. No perdona que una mujer le siente la mano y entonces utiliza al Lulincho para vengarse», agregóAdemás, dijo que Daleney usurpó funciones porque en Apolo no se conformó ningún Control Social, por lo tanto, «su actuación es ilegal»Lo propio habría sucedido con la subgobernadora, Roxana Miranda.Contó que en las últimas elecciones municipales la acompañó como candidata a concejal por el Movimiento Por la Soberanía (MPS) de Lino Villca. Bascopé fue como candidata a alcaldesa»Hicimos la campaña, gané la concejalía, pero jamás hablamos de plata. Ahora me quiere cobrar 120 mil bolivianos de la campaña porque dice que se endeudó y quiere que yo pague su deuda», expresó MirandaRecordó que al principio le dijo que le debía 49 mil bolivianos y que ahora hizo subir “la deuda” a 120 mil inexplicablementePara Miranda, estas son las verdaderas razones por las que ambas personas la acusan de algo que tanto Derechos Humanos, la Defensoría, la Fiscalía, Policía y autoridades municipales no han probado, porque muchas veces ya fueron donde LulinchoMiranda indicó que primero acudirá a todos los medios a esclarecer este tema y luego abrirá un proceso judicial contra ambas personas que la acusanEntretanto, Lulincho nos dio la mano para despedirse, nos ve alejarnos del terreno, se para y camina hacia la puerta para cerrarlaEn el lugar que habita tiene algunas plantaciones de plátano.Fuente: opinion.com.bo