Nacionalizarse, un vía crucis en el país

El trámite que debería durar 8 días, según la norma, se extiende para algunos solicitantes hasta por un año. Los tramitadores y las coimas son los escollos.

Liliana Carrillo V. / La Paz

“Yo me hice boliviano porque  estaba francamente harto de tanto trámite y coimas que pagar acá y allá. Un año entero duró el papeleo para la nacionalización y me costó cuatro veces más de lo que se suponía pero, bueno, ahora trabajo tranquilo y me olvidé de la pesadilla de los  tramitadores”.

Jorge S. pide guardar su nombre  en reserva a cambio de compartir su historia: “A veces las cosas se malentienden”, dice en un cafecito de Sopocachi.  Habla fuerte, haciendo ademanes, “como se estila en  Andalucía” y pese a los más de 15 años que lleva en La Paz no ha perdido las “z” y alguno que otro “vosotros” se le escapa de su Jaén natal.

El profesional cuarentón es uno de los extranjeros que adquirió la nacionalidad boliviana en los últimos años. Según datos de la Dirección General de Migración (Digemig), entre 2012 y 2015 se emitieron 5.476 naturalizaciones. Ese trámite tiene un costo de 4.000 UFV  (8.720 bolivianos  a la fecha), exige 12 requisitos, y no debería durar más de ocho días.

“Es un trámite  personal, sencillo y no requiere de tramitadores. El único importe que debes cancelar es el que establece la norma”, dice el folleto que se reparte en Migración en la avenida Camacho, a quienes preguntan por los requisitos. El pasado miércoles, tres personas -una brasileña, un argentino y un chino- que están en ese proceso  coinciden en sus  razones para nacionalizarse: “Bolivia es barata y  hay trabajo. Vivo aquí mucho tiempo y tengo familia. Me he cansado de renovar visa”.

Para acceder a la naturalización, los extranjeros deben haber residido al menos tres años en el país; y en ese interín -si siguieron las normas migratorias- haber tenido consecutivamente visa de turista, visa de objeto determinado y visa de residencia temporal con carnet de identidad de extranjero, incluido.

Tramitadores, “mal necesario”

“Ya en el 2000 las cosas estaban mal por España. Yo había estudiado ramas humanísticas y con todo y título no encontraba trabajo y mira que tonto no soy ¿eh?”. Volvemos al café con el andaluz ahora también boliviano.

A diferencia de los latinoamericanos en España, los españoles no precisan visa para entrar en los países de este continente. “Yo llegué a Bolivia con visa de turista y eso porque no estaba seguro si me iba a gustar “, admite Jorge.

La visa de turista debe renovarse cada tres meses. Y cuando ese plazo feneció, Jorge se convirtió en uno de los muchos extranjeros que cumplen un rito conocido: “Darse un viajecito hasta la frontera -desde La Paz las más cercanas son Desaguadero o Yunguyo- para salir del país y volver a entrar obteniendo así otros 90 días de estadía “legal”.

Y al andaluz Bolivia le “encantó” y cuando terminó su voluntariado en El Alto con una ONG decidió quedarse. “Entonces hice el cambio de visa a la de objeto determinado para la que te piden mogollón de papeles”. Cumplió con todo y a esas alturas ya había conseguido otro trabajo y debía tramitar la visa de residencia temporal.

Fue entonces su primer encuentro con un tramitador: “Joven, le ayudamos a hacer todo rapidito, ¿de dónde es? Español, ¿no ve?”. Así recuerda Jorge el abordaje en las puertas de Migración  que lo llevó a una oficina minúscula en un céntrico edificio paceño. El que nombró su abogado lo ayudó a obtener visa de residencia temporal, primero por un año y luego por dos, que le permitía acceder a un carnet de residente y, finalmente a tramitar su nacionalización.

“Por tratos diplomáticos los españoles podemos tener doble nacionalidad, entonces yo opté por hacer el trámite, nada perdía”. Nada, salvo tiempo y dinero.

El abogado le pedía constantemente montos para “acelerar las cosas” y ese era el mismo argumento de funcionarios menores en oficinas públicas. “Todos querían plata, terminé pagando cuatro veces más: 10% en el trámite, 10% en pagos y 20% en el tramitador. Y aún así pasó un año  hasta que me entregaron el carnet de boliviano, por el artículo 37”. Y muestra la cédula que ya ha sido renovada dos veces. “Pero me costó, jolines, me costó”.

“No tengo dinero”

Cuando Luis F. llegó por primera vez a La Paz tenía 12 años y no estaba feliz de cambiar su casita con jardín y perro por un departamento en un edificio sopocachense. “Mi padre era un “todoficios” en Lima. Como no encontraba trabajo en su profesión de perito forestal, trabajó en gastronomía y tuvo una mueblería. Entonces un amigo lo llamó y  se vino a Bolivia, primero solo y luego con  la familia”, cuenta.

Así fue su infancia cuando, claro, le interesaba más jugar a la pelota que pensar en trámites. “Yo no sé cómo hacía mi familia, pero durante años estuve con visa de turista, incluso viajaba con mi padre a Chile”, cuenta ahora que es treintón en un castellano rápido y dulce que revela su origen peruano.

Después, recuerda, hubo un “perdonazo” y muchos extranjeros regularizaron su situación migratoria en Bolivia. “Yo era menor de edad, me sacaron visa de residencia y recogí mi primer carnet como extranjero cuando estaba en la promoción”.

Ese mismo día lo detuvieron. Me bajé del minibús, en éste charlaba con un amigo, y una señorita bajó detrás de mí gritando que le había robado su teléfono. “Es peruano, él es”, ese era su argumento. Llegamos a la Pando y sin más la mujer desapareció y a mí me soltaron a las horas”.

Con carnet de extranjero Luis estudió en la universidad y encontró algunos trabajos al culminar su carrera. Para entonces sus padres habían vuelto a Lima y él vivía con una hermana en La Paz. Hace dos años decidió ir a su país y  probar suerte, pero la cosa estaba fea. “No encontré empleo en mi profesión y entonces me ofrecieron trabajo en Bolivia”.

Como no se había ausentado durante dos años del país, conservaba su visa de radicatoria temporal. Sin embargo se encontró con nuevos escollos, como los trámites de legalización de su contrato laboral  que le cuestan   500 dólares  y debe renovarse cada año.

“No he pensado nacionalizarme principalmente porque no tengo plata ni tiempo. Es un trámite muy complicado y no tengo para pagar a un tramitador”, asegura el joven que habiendo pasado su vida entre dos países se define como peruano-boliviano.

Cada tres meses a la frontera

“¿No me ayudas con una monedita? Tengo que reunir para viajar este fin de semana a Desaguadero y con tanta marcha en La Paz estos días están flojos”. Natalia L. parece una bailarina fina y menuda, o quizás da esa impresión el tutú morado con el que realiza su acto de malabarismo en una esquina de la  Busch.

“Yo argentina, argentinísima del corazón de Rosario, la tierra de Messi y Fito Páez, pero también me considero ciudadana del  mundo”, recalca.

Natalia llegó a La Paz el año pasado con su novio Juan Carlos, quien le enseñó además de artes callejeras, los secretos de la artesanía. “Venimos viajando hace dos años y a Bolivia entramos por el Perú con visa de turistas”, cuenta la muchacha en los respiros que le da la luz verde del semáforo. “Hay muchos   argentinos que vivimos así, viajando cada tres meses para renovar la visa. Lo otro -hacer los papeles- es un montón de plata que se va en mordidas (coimas)”.

A veces -la luz verde del semáforo la sincera- extraña los ñoquis de su abuela, las costumbres de su país. “Pero aquí estamos ahora y ya vamos a volver”.

Y volver, volver

“Al principio siempre piensas en volver, que estás acá sólo un tiempo, que en tu casa te esperan. Pasados los años la esperanza se acaba. Yo voy a mi país a visitar a la familia, pero sé que mi hogar está acá”, comenta Jorge, con aspavientos españoles.

“Te acostumbras a vivir dividido. Cuando estoy acá extraño el chupe auténtico y en Lima me muero por una salteña. Últimamente tengo nostalgia gastronómica”, dice entre risas Luis.

Ambos coinciden en las ventajas de vivir de Bolivia: todo es más barato, puedes encontrar trabajo y el plus, para ambos, son sus parejas bolivianas.

“Lo lamentable es que aunque hay una línea de denuncias y te aseguran que el trámite es sencillo, no es así. Hay muchas complicaciones y falta de formalidad. Los tramitadores son los que ganan”, concluye Jorge.

Más 10.000 extranjeros ilegales tienen amnistía para regularizar su situación

Se estima que hay al menos 10.000 extranjeros ilegales en Bolivia. Para  darles la opción de regularizar su situación, el  Estado -a través del Decreto Supremo 2965- concede de manera excepcional la regularización migratoria.

Podrán acceder a esta amnistía  las personas extranjeras que demuestren al menos un año de estadía en el país y que cumplan con los requisitos. La  norma  exonera el pago de multas a las personas extranjeras que ingresaron de manera irregular a territorio boliviano.

“Las personas extranjeras que se acojan a la presente regularización migratoria pagarán únicamente el costo de la permanencia temporal de dos años establecidos en la Resolución Ministerial N° 287/2015, de acuerdo al motivo de su permanencia en territorio boliviano”, establece la norma.

Al momento del inicio de la regularización las personas ingresarán también en el Registro Nacional de Extranjeros del Estado Plurinacional de Bolivia, conforme a la reglamentación específica aprobada por el Ministerio de Gobierno.

Los requisitos que precisan son: formulario de declaración jurada de solicitud de permanencia temporal de dos años recabada al momento de inicio del trámite en la oficina central o las departamentales de la Digemig; o descargándola de la página web: www.migracion.gob.bo

Cualquiera de los siguientes documentos: pasaporte con el que cuente al momento de iniciar el trámite; documento nacional de identidad con el que cuente al momento de iniciar el trámite; certificado de nacionalidad expedido por la representación consular del país de origen.

Además, certificado que establezca la inexistencia de antecedentes policiales internacionales emitidos por Interpol; certificado emitido por Registro Judicial de Antecedentes Penales-REJAP, entre otros. Informes en la página web www.migracion.gob.bo.

Testimonios

Juan carlos R., artista callejero argentino

“No deberían existir las visas”

“Para mí, las fronteras y las visas son los inventos que ponen los gobernantes para separarnos como hermanos que somos no sólo los latinoamericanos, sino todos los habitantes del mundo”.

Juan Carlos llegó con su novia, también artista callejera hace siete meses a Bolivia. Entró con visa de turista que caduca en estos días. “Voy a tener que viajar a la frontera, otra vez. Lo malo es que a veces en las oficinas de Migración  no te dan visa por tres meses, sino por uno. Por la pinta de artista, hay que meter billete”, dice.

“Me gusta mucho Bolivia, esta pintuda. Después  de Desaguadero iremos a Cochabamba, dicen que está linda. Y después quizás a Santa Cruz, que está más calentito”, añade.

“Soy artista callejero y aunque muchos lo entienden otros te miran con cara de perdonavidas. Pero es así en todo lado”, asegura el joven que vive en un hotelito  en la zona Norte y come de lo que reúne en el día.

Juan Ángel A. Salvadoreño-boliviano

“Por mi familia me hice boliviano”

“Yo me enamoré de una boliviana y tengo un hijo nacido en  este país, por eso me hice boliviano y así me siento”, asegura el salvadoreño nacionalizado boliviano Juan Ángel A., aunque admite que el trámite fue “moroso, caro y pesado”.

Nacido en El Salvador, Juan Ángel llegó a La Paz por primera vez en 1999  en viaje “de mochilero”. Entonces conoció a la que sería su esposa y tras años de “amor de lejos, entonces no había ni internet, imagínate”, decidió regresar para radicar en Bolivia primero por un tiempo. “Y triunfó el amor”.

Tras obtener la visa de objeto determinado, consiguió trabajo y afianzó su relación con el nacimiento de su hijo Nicolás, que ahora tiene cuatro años. Entonces decidió realizar la nacionalización por cónyuge o hijos nacidos en Bolivia.

“Es difícil el papeleo. Sacar visa y a mí me costó más porque no había legación diplomática de mi país  en Bolivia y tuve que viajar a Lima, Perú”.

Jorge S. Español-boliviano

“He sentido la xenofobia”

“He sentido la xenofobia y también el racismo en Bolivia. Ante cualquier situación adversa, un intercambio de opiniones, una riña, lo primero que te dicen es: “español, andate a tu país”, cuenta el andaluz nacionalizado boliviano Jorge S.

“Yo soy tan boliviano como tú”, les digo en esos casos y les muestro mi carnet de identidad; pero la xenofobia también tiene otra cara: Hay gente que por verte extranjero -a mí me reconocen más por el acento- te da un mejor trato. Esa es para mí parte del colonialismo que arrastramos. Es malinchismo que lo de afuera es mejor y no estoy de acuerdo”.

Recuerda que cuando supo que iba a venir a Bolivia “sólo sabía que estaba a mucha altitud y que era un país de indígenas. Ahora, en cambio, soy un boliviano y no quiero que me traten mejor ni peor que a nadie. Lo ideal sería que todos los bolivianos nos tratemos bien, como debe ser”.

Normas migratorias

  • Art. 141 La nacionalidad boliviana se adquiere por nacimiento o por naturalización. Son bolivianas y bolivianos por nacimiento, las personas nacidas en el territorio boliviano, con excepción de las hijas y los hijos de personal extranjero en misión diplomática; y las personas nacidas en el extranjero, de madre boliviana o de padre boliviano.
  • Art. 142 I. Podrán adquirir la nacionalidad boliviana por naturalización las extranjeras y los extranjeros en situación legal, con más de tres años de residencia ininterrumpida en el país bajo supervisión del Estado, que manifiesten expresamente su voluntad de obtener la nacionalidad boliviana y cumplan con los requisitos establecidos en la ley.
  • Acápite II. El tiempo de residencia se reducirá a dos años en el caso de extranjeras y extranjeros que se encuentren en una de las situaciones siguientes: Que tengan cónyuge boliviana o boliviano, hijas bolivianas o hijos bolivianos o padres sustitutos bolivianos.  Que presten el servicio militar en Bolivia a la edad requerida y de acuerdo con la ley. Que, por su servicio al país, obtengan la nacionalidad boliviana concedida por la Asamblea Legislativa Plurinacional.
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Fuente: paginasiete.bo

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