El llanto del periodista bueno

Decidió dejar la cámara y rescatar a los heridos.El héroe. Abdulkadir Habak llora desconsolado al lado de un niño muerto. CRÓNICAEl fotógrafo, saltó por los aires. Al despertar, tomó su cámara y empezó a disparar. Vio a un niño malherido. No lo dudó. Cuando lo entregó a una ambulancia, aún respiraba. Después vio a otro niño… ya muerto. E hincó las rodillas impotente.Es Abdulkadir y su gran humanidad ha dado la vuelta al mundoUn hombre se acercó a un convoy que trasladaba a civiles, sacó chucherías y cuando estaba rodeado de niños, hizo explotar su coche provocando más de 120 muertosNo era la primera vez que, ante una tragedia descomunal, Abdulkadir Habak se topaba con el mismo dilema: apagar la cámara, renunciar a contar un retazo del drama sirio, quizás a un pellizco de dinero vendiendo sus imágenes, o introducir en el encuadre las manos, llenarlas de polvo y sangre, salvar vidas; esta vez, como tantas otras, eligió humanidad. La diferencia ahora es que había una cámara grabándole mientras corría transportando heridos, mientras lloraba, arrodillado, los muertos.Ocurrió el 15 de abril. Tras meses negociando, con el patrocinio de Qatar y Rusia, el Gobierno sirio y varios grupos armados opositores habían acordado intercambiar poblaciones asediadas: los residentes suníes de Zabadani y Madaya, frontera con Líbano, iban a ser desplazados forzosamente a la provincia noroccidental de Idlib. A cambio, los de Fua y Kafraya, pueblos habitados por la minoría alauita -heterodoxa islámica de raíz chiíta- serían trasladados a una zona bajo control gubernamental.El convoy salió pronto de las dos villas, cerca de la ciudad de Idlib. Viajan en autobuses unas 5.000 personas, escoltadas, como se había estipulado tanto por las milicias oficialistas como por las fuerzas alzadas. Les acompañaban la Media Luna Roja Siria, las Fuerzas de Defensa Civil -llamados Cascos Blancos- y numerosos reporteros. La oruga mecánica abandonó lentamente Fua, Kafraya, entró en territorio opositor, llegó a Rashadín, a las afueras de Alepo, y sobrevino la tragedia.Una gran explosión mató a 126 personas. La mayoría eran civiles. Alrededor de 60 de ellas, menores de edad. De acuerdo con testigos, un individuo había aprovechado un stop del convoy, junto a un puesto de control, para ofrecer a los pasajeros golosinas y aperitivos. Así había logrado atraer a los pequeños. Con decenas de ellos revoloteando alrededor, ansiosos por probar caprichos que no habían podido permitirse durante meses de asedio, el viajante hizo estallar su vehículo.Lo que ocurrió posteriormente superó a Abdulkadir Habak, curtido durante años como reportero activista en el infierno de bombardeos contra el este opositor de Alepo. «Estaba a pocos metros del vehículo que, de repente, explotó», explicó el joven a la cadena CNN. «Mi cámara cayó al suelo mientras yo salía despedido por la presión del aire«, añadió. Habak, que justo dos días antes había cumplido 24 años, perdió la conciencia durante unos segundos. Cuando la recuperó, su gesta dio la vuelta al mundo.»Busqué mi cámara. La encontré junto a un niño tendido en el suelo«, recuerda. «Sangraba. Corrí a por él. Vi que movía la mano. Respiraba, así que lo recogí y empecé a correr hacia la ambulancia. No sé qué pasó con el niño. Lo trasladaron a un hospital en zona opositora«. Otro de los pequeños a los que quiso asistir estaba muerto cuando llegó. Sobrepasado por el caos desatado, Habak acabó hincando las rodillas y llorando desconsoladamente junto a un cadáver infantil.El Centro de Medios de Alepo, una asociación de reporteros activistas contrarios al Gobierno de Bashar Asad que lleva desde el inicio de la guerra mostrando sus consecuencias, publicó las fotografías de Abdulkadir Habak. Millones de personas han empatizado con él estos días. «La escena era horrible, especialmente por ver niños agonizando y muriendo frente a ti», rememoró el reportero gráfico. «Así que decidí, junto a mis colegas, dejar las cámaras y rescatar a los heridos«.Abdulkadir Habak nació en Ariha, una de las localidades norteñas maltratadas por la guerra desde 2011. «No tardó en aparecer en Alepo, donde participó activamente del movimiento revolucionario», relata a Crónica Zouhir Shimale, uno de sus compañeros de reporteo bajo lluvias de bombas. «Siempre ha sido silencioso, introvertido, poco sociable, pero generoso. A la hora de trabajar era muy serio. Y en el frente, el primero».Shimale dice que, nada más caer una bomba, Abdulkadir Habak, con un walkie con línea directa con los equipos de rescate y un coche, fue el primero en aparecer. «Lo graba todo sin importarle el riesgo que corre por estar ahí. A veces se mueve con una cámara frontal Go Pro para no perderse un solo detalle. No lo hace sólo para vender las imágenes, principalmente a británicos y alemanes, sino también para que en el futuro se sepa lo que ha ocurrido aquí».No lo hace sólo para vender las imágenes, principalmente a británicos y alemanes, sino también para que en el futuro se sepa lo que ha ocurrido aquíHadi Abdallah es otro de los miembros de esta tribu avezada que documenta, cámara en mano, las atrocidades sufridas por los civiles en Siria. Su rostro frente a la cámara, micro en mano, se ha hecho famoso por cubrirse de lágrimas demasiadas veces. «El periodista debe detener su trabajo y ayudar a los civiles si faltan ambulancias o hay insuficientes equipos médicos«, dice Hadi Abdallah a Crónica. «Al fin y al cabo, es un ser humano. Y un ser humano no puede dejar que un hermano muera y él seguir con su trabajo sin haber hecho nada para evitarlo». «El haber sabido dejar las cámaras a un lado, para ayudar, nos ha hecho ganar el respeto de los civiles sirios», concluye.»Una vez, tras un bombardeo de la aviación de Asad cerca de casa, fuimos los primeros en llegar», recuerda Abdallah. «Vimos dos hombres heridos en un coche. Dejamos de grabar. Los rescatamos y los llevamos a un hospital. Al seguir grabando, oí una voz. Vi a un hombre de unos 50 años entre los cascotes. Tenía un pie seriamente herido. Dejé de grabar y lo trasladé al hospital. Al final no grabamos nada potente, pero nuestra acción salvó la vida de un civil y evitó que a otro se le amputara un pie«.Para Ricardo García Vilanova, fotoperiodista especializado en pegar su lente al horror de la guerra, «trabajamos con el dolor ajeno. Es imposible no implicarse«. En el atentado del convoy -cree- Habak fue auténtico: «Él no es consciente de la foto».Abdulkadir Habak salvando a un niño«Busqué mi cámara. La encontré junto a un niño tendido en el suelo», recuerda. «Sangraba. Corrí a por él. Vi que movía la mano. Respiraba, así que lo recogí y empecé a correr hacia la ambulancia. No sé qué pasó con el niño. Lo trasladaron a un hospital en zona opositora»Fuente: elmundo.es