Bolivia y sus sobornos


Eduardo Lema Moreno«No pierdas tu tiempo, yo tengo un contacto que puede agilizar tu trámite…»»Habla para que te perdone y dale para su sodita…»»¿Quién no ha sobornado, de alguna forma, a alguien? Si es algo normal…»Pensamientos así son muy recurrentes en la idiosincrasia boliviana y latina en general; y sí, más de uno debe sentirse identificado con los mismos… Pero pese a ello, son muy pocas las personas que hacen algo con respecto al tema.Como ciudadanos, tenemos un nivel alto de responsabilidad al respecto, pero asumiendo que existiera un cambio de paradigma inmediato en la forma de pensar y hacer las cosas en nuestro diario vivir y que ese ya no sea el problema central, es lamentable ver como el propio sistema burocrático (mantenido y cada vez en mayor proporción por gobiernos estatistas como el actual) afecta a todos los niveles de nuestra sociedad; siendo las personas de escasos recursos las principales afectadas por los trámites, colas y documentación innecesaria en las cuestiones públicas, sólo por el simple hecho de existir un sistema de «coimas» vigente (inherente a políticas burocráticas). Me preocupo solo de los de menores recursos cómo directos afectados, porque, cómo en ningún nivel de gobierno —municipal, departamental y, mucho menos, nacional— se hace nada (o en las excepciones se hace muy poco) por lidiar contra la corrupción, donde el soborno es una variable más, sólo las personas adineradas pueden contar con más disponibilidad de tiempo para hacer lo que vean conveniente; tiempo, traducido, en un caso ideal, en recursos económicos, con los que la famosa brecha entre ricos y pobres (que tanto ronda en el discurso socialista) se va estirando mucho más, pero hacia abajo, gracias a ellos. La solución, obviamente no es que los ricos se hagan más pobres, sino darle la oportunidad a los pobres para que puedan generar más riqueza y en mejores condiciones (sin tantos perjuicios burocráticos, en este caso).El tema de los sobornos es un tema transversal y muy difícil de abordar pero al no estar en la agenda de ninguno de nuestros gobernantes, nuestras acciones pueden tener muy poca o nula repercusión en cuanto al tópico.Con esto no digo que nos quedemos con las manos cruzadas y actuar «como si nada» frente a las veces en las que se presentan hechos de posible corrupción; tenemos que tener en cuenta que es tan culpable el que acepta un soborno como que lo propone. Solo intento recalcar que nuestras acciones deben ir acompañadas de exigencias a los gobernantes de turno para abordar la cuestión en cuanto antes: Menos burocratización en cualquier actividad pública se resume en una reducción de oportunidades para que pueda existir alguna forma de corrupción, aumentando así la libertad de cada individuo para poder generar más riqueza, la misma que puede sintetizarse finalmente en mejorar sus niveles de vida y felicidad.*Estudiante de Economía y Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad