Emilio Martínez Cardona*Terminado el tiempo de la retórica en el día después a la elección de la Asamblea Destituyente (que básicamente busca la disolución del Parlamento democrático), se discute en la comunidad internacional la adopción de sanciones concretas contra la dictadura de Nicolás Maduro.Por supuesto que sería importante que el Mercosur expulse a Venezuela, pero lo crucial parece pasar por las medidas que podría tomar la administración de Donald Trump. Que Estados Unidos dejen de comprarle petróleo a PDVSA puede ser un arma de doble filo: por una parte, dejaría vacías las arcas del régimen narco-populista y tal vez detonaría una rebelión militar.Pero también puede pasar que esto acabe coadyuvando en el proceso de cubanización de Venezuela, entregando totalmente la economía en manos de Rusia y China, y dándole al madurato un chivo expiatorio para explicar la crisis.En este marco, la propuesta más inteligente que he escuchado es la del ex embajador de Venezuela en la OEA, Diego Arria, quien sugiere que EEUU paguen por el petróleo ya no en efectivo sino en alimentos y medicinas, lo que abriría el ansiado canal de ayuda humanitaria y reduciría la capacidad de latrocinio de los barones chavistas.Yo agregaría a esto que dichos alimentos y medicinas no sean entregados al régimen sino a una comisión de monitoreo y distribución designada por la Asamblea Nacional, lo que empoderaría al Parlamento.Está claro que la aplicación sería complicada, pero pondría en aprietos a la dictadura si se niega a aceptar este canal humanitario y al mismo tiempo fortalecería la imagen norteamericana entre los venezolanos, desarticulando el discurso “antiimperialista” de Nicolás Maduro.*Escritor y analista político