Ian Gillan: «El fin de Deep Purple está cerca»

Antes de la despedida de la clásica banda, el 6 de diciembre en el Hipódromo de Palermo, su cantante habla de las diferencias que aún hoy mantienen entre sí y explica qué representa el rock and roll para él.

Ian Gillan. Además de Deep Purple, fue la voz de Black Sabbath y cantó a dúo con Pavarotti.



«Esta será la última gira de Deep Purple. InFinite fue el último disco». Ian Gillan, uno de los mejores cantantes que dio la historia del rock, la voz con más autoridad dentro de una de las bandas más influyentes de todos los tiempos, se sincera y desmiente al bajista Roger Glover quien dijo públicamente que Purple producirá uno o dos álbumes más en los próximos años. «Lo que te dije es la verdad, pero quizás Roger quiera seguir solo…», ironiza.

-¿Cómo imaginás tu vida sin Deep Purple?

-No sé. Y esa es la parte más difícil. El fin de Deep Purple está cerca… A nadie le gusta parar. Pero tenés que parar cuando lo estás haciendo bien y no cuando estás por hacerlo mal.

-¿Por qué eligieron «Roadhouse Blues», clásico de The Doors, para un cover de InFinite?

-Ni me preguntes eso. No me gustó. Ni sé por qué está en el disco. Deep Purple hace música todos los días, desde la mañana hasta las 6 de la tarde. Paramos a las 12, tomamos el té, o café, y volvemos al estudio o a la sala de música otra vez a tocar. Siempre queda algo grabado después de improvisar sin parar. En este caso, por lo general, se debería usar como un bonus track. Pero no me gustó nada que esté incluido. Me sorprendió cuando lo vi en el disco. Yo no lo decidí.

-¿Es verdad que recompusiste tu relación con el guitarrista Ritchie Blackmore?

-En cierto sentido… Nuestra relación fue nula durante muchos años. No hablamos personalmente, pero sí intercambiamos mensajes con buenos augurios entre nosotros a través de nuestros managers. Estamos trabajando juntos en algunas cuestiones empresariales; tuvimos nuestros inconvenientes con la gestión anterior de Deep Purple. Entonces, nos unimos para resolver esos temas. No hay demasiados problemas. No es que vayamos a salir a tomar tragos juntos, ni algo parecido; principalmente porque él vive en Estados Unidos y yo entre Inglaterra y Portugal. Pero no ha habido problemas en años. Excepto por la gente que le gusta hablar, ¿sabés?

-¿Sienten que el Rock and Roll Hall of Fame los reconoció un poco tarde?

-Sí, pero no me interesó para nada. ¿Rock and Roll Hall of Fame? ¿Ahora es un museo o qué es? Por favor, pasamos toda nuestra vida tratando de luchar contra las instituciones. Es un chiste como negocio; es una organización con fines exclusivamente lucrativos. No significa nada.

-El rock cambió y eligieron otras cosas…

-Seguro. Lo último que quería hacer cuando era un muchacho, y en este momento también, es estar cerca de las instituciones. Siempre luchamos contra los sellos discográficos, los publicistas, contra todos que intentaban imponer una nueva forma de hacer al rock. Los músicos tenían una libertad de expresión fenomenal, y gracias a Lennon y McCartney, Los Beach Boys, Chuck Berry, entre otros, nosotros pudimos escribir lo que queríamos. Porque antes estaba prohibido. Pero después estuve en un grupo que tenía 14 singles y podíamos escribir nuestras propias canciones. Era normal en cuanto al negocio. Y ahora volvió a ser como antes. Por contrato ya no podés hacer algo semejante. Entonces, el negocio controla el destino de la música…

-¿Qué significa el rock en estos tiempos?

-Eso es de ustedes, los periodistas. Nosotros no estamos para etiquetas. Pero te digo que la infraestructura es totalmente diferente. Ahora todo es a través de Internet. La gente hace discos en su casa y los sube directamente. Es un mundo, un universo diferente. No es para mí. Soy de una Era diferente… Es difícil compararlo, porque no hay comparación con aquella época, no hay expectativas ahora con nada que tenga que ver con el arte. No hay un desarrollo artístico continuo ni nada parecido. El rock para mí, cuando era chico, era todo: todo desde Buddy Holly a Elvis Presley, de Chuck Berry a Little Richard, de Jerry Lee Lewis a Fats Domino. Eso era rock&roll. Todo lo que era un personaje sin diluir, sin desmenuzar, yo decía que era música rock. Esa fue la diferencia entre el rock y el pop. Pop era música cultivada, rock era música natural.

-Después de 1973 cuando dejaste la banda, y entre 1975 y 1984 cuando Deep Purple paró de tocar, ¿pensaste que era el fin del grupo? ¿O pensaste que iban a volver como finalmente ocurrió en 1984?

-Después de dejar la banda, hice otras cosas. No estaba interesado en volver. Ni sabía que habían hecho discos. Hasta hoy en día todavía no escuché Stormbringer (1974), y sólo un poco de Burn (grabado en 1973, ambos discos con la voz de David Coverdale). Recuerdo que Roger me preguntó si lo podía ayudar a presentar el disco The Butterfly Ball, en el Royal Albert Hall (fue en 1975), me levanté y canté una canción para él. Pero no estaba en el programa, porque hice un reemplazo de último minuto por Ronnie James Dio (quien tenía compromisos con Rainbow, la banda liderada por Blackmore). No me imaginaba dentro de la industria nuevamente. Nunca pensé en Deep Purple hasta 1982, después de un concierto en Londres. Fui a un restaurante indio con Rodney Marsh (ex futbolista inglés), uno de mis héroes del club Queens Park Rangers, después de que me viniera a ver a un show (fue con su banda «Gillan», el otro grupo que formó además de la «Ian Gillan Band» disuelta en 1978), y tomamos unas cuantas cervezas. El grupo le gustó, el show también y cuando se quedó sin elogios, me dijo: «Pero no es tan bueno como Deep Purple». Por supuesto, tenía razón. Y me preguntó si no podía llamar a los muchachos para volver. «Pasó mucho tiempo», me dijo. Pensé en eso, y al día siguiente llamé a Jon Lord. Pensamos que era posible en dos o tres años. Y así fue. Hablamos sobre las traiciones, cosas detrás de la banda, pero fue una conversación. Con mi banda también estábamos en un período complicado; ellos se estaban comportando bastante mal y estábamos perdiendo fortunas. Pero no ocurrió hasta un par de años después. Estuve un año con Black Sabbath y luego volvimos con Deep Purple para hacer Perfect Strangers (1984).

Ian Gillan. (Foto: Tomasso Mei)

-¿Cuál fue para vos la clave para que el sonido característico de Deep Purple se empezara a construir?

-No fue un efecto consciente. Fue química humana, todo tiene que ver con las personalidades y sus raíces. Con eso nació todo. Ni siquiera te digo que son las habilidades de uno para tocar o cantar, ni de ser músicos de alto vuelo. Deep Purple fue una excelente banda en nuestra opinión. Los que escucharon los tres primeros discos con Rod Evans y Nick Simper, ya sabían que se trataba de una banda gigante. Ya tocaban increíblemente Ritchie, Jon e Ian Paice. Cuando me uní a la banda con Roger, en la sala de ensayo, todos prendieron sus equipos. Apenas sonaron las primeras notas, me flechó. Fue una radiante cofradía de sonido. Estaba como en una burbuja… Y cuando Roger se unió, fue uno de los recuerdos más hermosos que tengo. Fue como un nacimiento. Y ahí me di cuenta cómo estos muchachos podían tocar. Lo que pasó después, fue una mezcla increíble de experiencias, influencias y química humana. Y pude escuchar partes de Beethoven, Chopin, también a Chuck Berry, Buddy Rich, a Sonny Boy Williamson… pude escuchar todo esto saliendo de la instrumentación de Ritchie y Jon, de Roger y Paice. Fue amor a primera vista. Música y amor al instante de una forma natural. Pienso que si hubiese pasado 5 minutos antes o 5 minutos después no hubiese ocurrido tal magia. Fue un timming perfecto. Empezó un proceso y duró para toda la vida.

-En «Child in Time» (incluido en el disco In Rock, de 1970), se escuchan toques de heavy metal. No sólo se alude a Black Sabbath como creadora e impulsora del estilo sino también a Deep Purple junto con Led Zeppelin.

-Entiendo lo que decís, pero no lo comparto. Estuvimos en el mismo año, nada más que eso. Las influencias de Jon y Ritchie fueron completamente diferentes a las de Geezer (Butler), Tony (Iommi) o Robert (Plant). Zeppelin y Sabbath eran bandas de rock con diferentes expresiones. Para mi gusto, con pocas similitudes. A mí no me gustan las etiquetas, son algo engañosas y sólo son beneficiosas para revistas. (Pausa) Hay gente que necesita estar involucrada en algo o en una frase y no acepto «rock clásico» o «heavy metal», me hacen vomitar. Sé lo que son, sé lo que significan para todo el mundo, pero no para mí. Es algo que restringe la música. Porque algo «heavy metal» no permite tener texturas, dinámicas, no dejan tener un movimiento orquestal, no dejan tener influencias folk o del blues. El heavy metal tiene un campo demasiado estrecho. Y pienso que no tuvimos nada que ver con eso. Hicimos canciones de rock que fueron más «pesadas». Hicimos heavy rock, si quieren llamarlo así. Entiendo lo que es el heavy metal, y aunque no lo parezca no digo que no me guste, pero es una frase que no se puede vincular a Deep Purple.

-¿Seguís cantando descalzo?

-No, me puse zapatos después de un show en Canadá. Había un escenario de metal, heavy metal (Se ríe, irónico). Me quemé literalmente los pies, porque el escenario estaba a 200 grados, bajo un sol radiante. Ya es muy peligroso para mí. Aunque nunca me preocupé al respecto, ahora lo hago.

-Fuiste uno de los pocos rockeros que cantó en vivo junto a Luciano Pavarotti. ¿Qué recuerdos tenés de aquel momento?

-Me llamó a casa para invitarme. Me preguntó qué canción de rock quería cantar junto a él. Me insinuó Child in Time. Y yo le contesté que no. Y me dijo: «Hagamos ‘Nessun Dorma'». «¡¿Querés hacer ‘Nessun Dorma’ conmigo?! ¡¿Estás completamente loco?!». «Bueno, podría decirte lo mismo con ‘Child in Time'», me respondió. «Bueno, Lucy, hagámoslo», le dije, y se rió mucho. La pasamos fantástico. Me preparé, estudié qué significaba la canción; tengo amigos cantantes de ópera y vinieron a explicarme algunas cosas. Pero todo resulta muy fácil cuando trabajás con un genio. Cuando tenés que hacer algo con alguien que no es tan bueno, eso sí que es algo complicado. Fue un personaje alucinante, un hombre fantástico, tuve mucho amor y respeto para con él. Fue un momento especial aquel, nunca lo olvidaré. Lloré cuando murió. Fue una de las pocas ocasiones que lloré por alguien.

-También lo hiciste con la muerte de Jon Lord.

-(Pausa) Fue como si hubiese muerto mi padre.

Deep Purple, un camino de separaciones y regresos.

En medios británicos, Blackmore declaró que Deep Purple pasó de ser «una banda de amigos», a un «grupo de gente que se odiaba». Sin ser tan explícito como su ex compañero, Gillan cuenta a Clarín que las múltiples separaciones, las idas y vueltas de los miembros de Deep Purple a lo largo de la historia, se debe a que fueron «libres» para hacer lo que querían. Y apenas surgían los conflictos, optaban por «despejarse». Sin embargo, queriéndose alejar de aquellos recuerdos, sincero, opina: «Hemos sido bendecidos de cierto modo, hubiera sido difícil que las cosas resultaran mejor de lo que fueron. Hemos tenido situaciones desafortunadas, problemas y momentos oscuros en Purple. Pero no debemos recordar eso, sino los momentos en los cuales brillamos».

Deep Purple se formó en 1968, y junto a Black Sabbath y Led Zeppelin fueron los creadores, impulsores y máximos exponentes del hard rock. Hay críticos que vinculan a Purple como una de las primeras influencias en el heavy metal -junto a Sabbath-, pero Gillan no opina de ese modo (Ver nota principal). Ian abandonó el grupo en 1973 siendo uno de los grandes cantantes que había dado del rock y fue reemplazado por David Coverdale, quien lideró la voz de Purple en dos trabajos discográficos: Burn y Stormbringer. Entre 1975 y 1984 el legendario grupo dejó de tocar. En el ’76 Gillan volvió a la industria de la música con su propia banda Ian Gillan Band, y luego formó otra, denominada Gillan. El año 1984 marcó el regreso de la banda para grabar Perfect Strangers, con la formación favorita de los fanáticos del grupo: Blackmore, Gillan, Paice, Glover y Lord. El cantante volvió a alejarse de Purple en 1989 y regresó en 1992 para crear el álbum The Battles Rages On (1993), el último trabajo de Blackmore dentro de Deep Purple.

Deep Purple en la sesión fotográfica para presentar su nuevo disco: InFinite.

Llevaron el rock a Japón y grabaron «Made in Japan» (1972), un disco de culto para la historia del género.

«Ese álbum lo hicimos en la segunda o tercera visita a Japón. Fue una de las experiencias más educativas y atrapantes. Porque viajar en esos tiempos no era para todos. Había control de la moneda, no podíamos sacar más de 20 libras fuera de Inglaterra, teníamos que conseguir dinero en el camino de los patrocinadores, para comer y pagar los hoteles. El mundo era un lugar completamente diferente. La tecnología ni siquiera existía, los aviones jet estaban empezando a existir… Una de las cosas más maravillosas de ir a Japón fue descubrir una cultura diferente, aprender de humildad, objetividad, distancias, aprender que mi centro del universo no era para nada el centro del universo, sino otro punto. Lo grandioso del desarrollo de aquel momento fue que la música se convirtió en internacional», detalla Gillan.

Fuente: clarin.com