Tras 14 años en la calle, entró a la ‘U’ y sueña con ser administrador

Anoche, un joven de 32 años asistió a su primera clase de Administración de Empresas en la Universidad Domingo Savio luego de vivir en las calles y canales de drenaje

Fernando Soria Sejas



Danny (nombre ficticio) pasó 14 años en la calle. Vivía en la marginalidad y era vulnerable a las drogas. Ahora está en su primera clase de universidad. Se ve nervioso y ansioso. ¿Tenés miedo? “Sí, miedo al rechazo y a ser culpado de cualquier cosa mala que pase”, responde, porque ya le ha pasado antes. Poco a poco se relaja, ingresa al aula y pese a que teme ser estigmatizado por sus tatuajes y cicatrices, se convierte en un estudiante más. Lleva cuatro años ‘limpio’ de alcohol y drogas. 

También estaba nervioso el año pasado cuando entró al colegio nocturno para conseguir el bachillerato. “Me temían por mis tatuajes y mis cicatrices. Cuando llegó a conocerme, una compañera me dijo: “Danny, pensé que me ibas a violar”. Fue duro escuchar eso”, comenta. 

Aún trabaja en la calle, en el cuarto anillo de la vía a La Guardia. Allí, Carmen Cabrera, una comerciante que lo conoció cuando era niño, lo veía pelear casi todos los días. “Estoy feliz de ver cómo ha cambiado, antes era atrevido y violento; ahora es muy amable y respetuoso. Es increíble”, asegura. El joven tiene 32 años y un hijo de ocho al que recién hace un mes le permiten ver. “Tomá asiento, aquí es mi oficina”, dice mostrando un neumático debajo de un árbol en la jardinera.  Es amable y bromista. 

Su vida en la calle Los pocos recuerdos que tiene de su niñez son las golpizas de su madre. “Tenía seis años y debía cuidar a mis hermanos. Me comí unos panes y mi madre trató de ahorcarme. Me dijo que si no me iba de la casa, ya sabía lo que me esperaba. Así empecé a vivir en la calle”, cuenta. Estuvo en un hogar de niños, donde empezó a estudiar, pero luego escapó. “Mi vida ha sido una serie de malas decisiones”, acota. Durante 14 años consumió marihuana, clefa y pitillo. Sin embargo, recuerda que cuando estaba drogándose en un canal, escuchaba una voz interior que le decía: “Danny, vos no pertenecés a este mundo”, y él mismo se respondía que no tenía padre, ni madre ni nadie a quien le importara su vida. Luego ocurrió un hecho que lo marcó. En una pelea callejera le dejaron la rodilla muy dañada y se salvó de que le amputaran la pierna. “Ahí fue que decidí cambiar y trabajar para ahorrar y tener un emprendimiento propio, por eso quiero estudiar Administración de Empresas”, afirma. 

Gladys Echenique, de la institución Calentando Corazones, lo conoció hace ocho años en un canal de drenaje y ahora está feliz de verlo en la ‘U’.  Está sentado en medio de jóvenes que no han tenido sus problemas, pero que comparten su sueño. La docente saluda y Danny empieza a tomar apuntes sobre técnicas de investigación. 

Fuente: eldeber.com.bo