Crisis del sistema regulatorio

Carlos Pablo Klinsky Fernández*El escándalo del Banco Unión no sólo ha dejado al descubierto la falta de controles internos en esa institución, que maneja la mayor parte de las cuentas de las entidades públicas bolivianas, sino que también desnuda las falencias del sistema regulatorio sectorial.No se puede entender de otra manera el latrocinio continuado en el citado banco, algo que pone en entredicho el trabajo de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), que debería haber detectado el problema mucho antes. Lamentablemente, esta situación se repite en otros ámbitos de la regulación sectorial. Pensemos, por ejemplo, en la Autoridad de Fiscalización y Control de Pensiones y Seguros (APS), que durante varios años permitió el monopolio de los reaseguros de aviación por parte de brokers que cobraron al Estado sobreprecios multimillonarios.Sólo en los seguros pagados por las aeronaves del TAB, los Diablos Negros y Diablos Rojos, se estima un sobreprecio aproximado de 200 millones de bolivianos.El tema de fondo es la sustitución en los últimos años de las superintendencias, de mayor autonomía política y nacidas de una selección meritocrática, por las “autoridades”, más dependientes del Órgano Ejecutivo y manejadas por funcionarios de sesgo partidista.Esto debilita la certidumbre en el arbitraje de importantes sectores de la economía, donde no se están asegurando la transparencia ni la libre competencia.Al resquebrajamiento del sistema regulatorio debe sumarse la creciente opacidad en instituciones antes fiables e imparciales, como el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), cuyo presidente acaba de renunciar ante presumibles presiones gubernamentales para el diseño de cifras “a medida”.La confusión entre partido y Estado, de orientación totalitaria, ha llevado a este desmontaje de áreas institucionales independientes. En esto, como en otros temas, habrá que construir república en la próxima gestión de gobierno. *Senador demócrata