Elecciones y democracia

Marcelo Ostria Trigo

         El  presidente ha dicho que se debía “acabar con la democracia occidental de mayorías y minorías” y sustituirla por una “democracia comunal”. “Yo vengo ―añadió― del movimiento indígena originario, y allí he visto cómo se aprobaba en reuniones, concentraciones, del ayllu, de la comunidad, que no haya votación, porque en votación ya hay mayorías y minorías”.

Esa extraña modalidad, sin embargo, no parece estar en los planes inmediatos del régimen; ahora, su principal objetivo es conservar el poder en 2019, y más allá, con la esperanza de que el presidente, como candidato por cuarta vez consecutiva, sea imbatible. Claro que, para ello, el obstáculo mayor es el artículo 168 de la Constitución que limita la reelección consecutiva del presidente a una sola vez. Es más: el intento de cambiar esa norma fue rechazado por la ciudadanía en el referendo del 21 de febrero de 2016.

Pero, persiste la tozudez en lograr la tercera reelección del presidente -la segunda fue legalmente cuestionada- y, suponiendo que el oficialismo termine imponiendo la tercera postulación de su  jefe, se le presentará un escenario complicado por el desgaste de una larga gestión, el debilitamiento de la economía, la corrupción generalizada y la falta de eficiencia y coherencia en la administración del Estado; todo esto además del retroceso del neopopulismo en América Latina.

Por lo que se ve, no hay confianza ciudadana en que las elecciones de 2019, si se administran como las pasadas, serán justas y transparentes. Esto ya se advierte, como anticipo, en la próxima elección de magistrados del Poder Judicial, que no tendrá veedores ni controles independientes, además de que no hubo posibilidad de postular a candidatos sin vínculos partidarios. Los nominados fueron escogidos por la mayoría oficialista en el Congreso. Pero hay más:  el padrón de electores está contaminado con la emisión —así fue revelado— de miles de cédulas duplicadas llamadas ‘clonadas’. Y, por añadidura, el órgano electoral ya ha perdido toda credibilidad.

De todas maneras, el oficialismo está empeñado en ganar a toda costa, contando con lo que afirmaba José Stalin: “Basta con que el pueblo sepa que hubo una elección; los que emiten los votos no deciden nada, los que cuentan los votos lo deciden todo”. Pero el destino suele dar sorpresas, y una de ellas es revelar el inatajable deterioro del respaldo popular al régimen y la fatiga de los ciudadanos por la inmoralidad, los yerros y la ineficiencia en la conducción del Estado.

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