“Las judiciales son una respuesta equivocada a un problema real”

El politólogo dice que la justicia en Bolivia “ha fracasado, casi desde su origen”, dado que siempre hubo intromisión del poder político, que no la dejó funcionar.

“Las judiciales son una respuesta equivocada a un problema real”

Jorge Lazarte, exvocal de la Corte Nacional Electoral (hoy TSE ), afirma que la forma de elegir a las altas autoridades judiciales es una respuesta equivocada a un problema real.

Acaba de publicar  La caja de Pandora de la justicia: El “experimento” del voto universal para elegir magistrados, en el que plantea que un cambio de la justicia requiere de un gran pacto nacional. “La reforma en serio debe ser una necesidad de Estado y no de una contingencia de gobierno, para garantizar su realización por  largo tiempo”, explica.

Muchos piensan que votar para elegir a un tribuno es un avance. ¿Qué postura tiene al respecto? 

Es una respuesta equivocada a un problema real. La justicia en Bolivia ha fracasado, casi desde su origen. Las ideas  de Bolívar y Sucre nunca fueron cristalizadas, que era tener poderes  independientes y jueces que sólo obedezcan a su propia lógica. Y más bien lo que  ocurrió es que la debilidad institucional también afectó al Órgano Judicial.

¿Cuál es el meollo del asunto?

Fuera de la debilidad de las instituciones, hubo siempre intromisión del poder político, que no la dejó funcionar, tanto así que la inestabilidad política era a la vez la inestabilidad del Poder Judicial.

Cambiaban los gobernantes y cambiaban los magistrados. Y en buena parte de la historia  los magistrados fueron  nombrados por decreto supremo y la última vez fue con Evo Morales.

¿Cuál fue el rol de la justicia ante aquella intromisión? 

No era solamente el poder político que invadía el Poder Judicial, sino que éste  dejaba que  ocurriera, se adaptaba a la situación;  y, sin embargo, hay casos aislados en los que buenos magistrados hicieron respetar la independencia del Poder Judicial. Por ejemplo, en el siglo XIX, con Pantaleón Dalence, quien dirigió la época de oro del Poder Judicial.  Fue un jurista notable orureño que dijo: “Hay que poner límites al Poder Ejecutivo…”.

¿En la Constituyente, cómo se originó la idea de elegir por voto? 

Antes de la Constituyente se intentó varias veces reformar la justicia. Podía cambiarse todo, pero la subordinación política permanecía. En la Asamblea ya había la idea de que la justicia en Bolivia es mala porque está al servicio de los ricos y lo que se quiere es que esté al servicio de los pobres, por tanto, hay que terminar con los cuoteos, con la politización de la justicia, y la única forma es que el pueblo elija a los magistrados. Encuestas de aquella época favorecían esta idea, de manera que nadie objetó.

Pero ya en ese entonces aparecieron críticas sobre  que si son elegidos los magistrados por el pueblo ello significa que debe haber candidatos y campaña; y   eso da paso a las patologías de los procesos electorales: la demagogia, las ofertas fáciles, la presión de  votantes, los lobbys, el dinero…

No obstante, no se renunció a la idea, pero se buscó evitar la campaña.  El resultado  fue desastroso en 2011, cuando los votos no válidos superaron a los válidos.

¿A qué atribuye que el Gobierno insistió  en la elección de magistrados pese a los resultados?

La prioridad del Gobierno era cambiar este mecanismo porque se dio cuenta, por el resultado de 2011, que eso no conduce a ninguna parte. Pero cuando anunció la idea, la oposición dijo: “Ah no,  lo que les interesa es cambiar otras cosas de la Constitución”.  Ante ello, el Gobierno se frenó.

Las famosas organizaciones sociales fueron  las que más sacaron beneficio de este mecanismo porque buena parte de los  magistrados  procedían de aquellas.   El cuoteo entre partidos fue reemplazado por el cuoteo entre las organizaciones y éstas mandaban a sus asesores, abogados, con la idea de que, como están en el poder, esa parte les corresponde y había que controlarlo a través de su gente.

Entonces, fueron ellas las que se opusieron al  cambio y como el Gobierno está apostando cada vez más a la reelección, las necesita.

El Gobierno retrocedió y de ese modo mantuvo todo, pero dijo: “Vamos a corregir algunas cosas: si no podemos cambiar el mecanismo, por lo menos cambiaremos la forma de selección”. De ahí surgió la idea de comprometer a la sociedad y a la universidad.

Esta última contra toda su historia anterior -la universidad era el foco de la movilización contestataria- decide cooperar con el Ejecutivo. Y la universidad  al final apañó el proceso y la oposición se dejó encerrar en la discusión del reglamento, cuando detrás del reglamento está la ley y detrás de está, la Constitución.

El Gobierno pensó en que había que mejorar el proceso de selección, pero sin perder el control  porque para el Gobierno es vital el control del Poder Judicial.

  ¿El voto nulo expresa algo más  que una estadística?

El voto nulo siempre ha expresado algo en muchas partes. En todas las elecciones, en cualquier parte del mundo, siempre hay un voto de rechazo,  de enojo, antisistémico… En Europa el voto es voluntario. Los que están enojados con los partidos, con el sistema político, prefieren no ir a votar.

Este tipo de voto se esconde detrás de la abstención.   En América Latina el voto es obligatorio.

¿Qué hacer? Si el elector no va a votar como en Europa,  hay sanción. Entonces,  el voto antisistema se expresa como voto nulo. 

Ahora bien, en  Bolivia la Ley Electoral reconoce que el voto nulo junto al  blanco y el  válido son formas de expresar la voluntad electoral. No es un voto que se pierde en la protesta. Eso cambia enteramente su significación. Ya no es un voto que no  cuenta. Cuenta porque según la ley expresa la voluntad popular y la voluntad popular es  una de las claves de la idea de la democracia.

HOJA DE  VIDA

Formación  Jorge Lazarte es doctor (PhD) en Ciencias Políticas por la Sorbonne Nouvelle, París III, Francia.

Puesto Fue vocal de la Corte Nacional Electoral, hoy TSE.

Libro  Acaba de publicar La caja de Pandora de la justicia: El “experimento” del voto universal para elegir magistrados.

Página Siete / Pablo Peralta M.  / La Paz