Sol de trasnochados

José Luis Bolívar Aparicio* 

De los cientos de filmes que hay con la temática de la “Guerra Fría” apenas tuve la oportunidad de ver unas cuantas decenas pero de todas ellas me quedo con dos, no necesariamente porque sean las mejores, una de ellas muy lejos de ser incluso buena, sino porque ambas tocan una temática muy especial y aprovecho para recordarlas en estas memorables fechas.

La primera es una producción de 2003 y se basa en los meses antes, durante y después de la caída del Muro de Berlín. Good Bye Lenin describe las peripecias que hace un muchacho de 20 años por el amor a su madre. Christiane, es la mamá de Alexander Kerner, una orgullosa alemana oriental, miembro del Partido Comunista Unificado de Alemania, que vive intensamente la política y ve con preocupación los cambios que se están llevando a cabo en la URSS de Gorbachov.



Todo va bien hasta que a través de la televisión ve a su hijo en una manifestación en contra de Erich Honecker, Presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana. Un golpe sumamente duro para su cansado corazón que no aguanta y se infarta provocando que termine en coma en un frío hospital de la RDA.

Ocho meses dura su condición, tiempo en el que el mundo se da la vuelta como un calcetín y la caída del muro y la unificación de las dos Alemanias traen consigo cambios irreversibles. No sólo había llegado la libertad, también lo hizo el capitalismo y con él sus productos emblema, que llenaron las casas y refrigeradores de todos esos ciudadanos que hasta hace muy poco tenían prohibido la adquisición de productos que representaban el consumismo occidental.Cuando la dama despertó, el doctor alertó a su hijo de que su corazón estaba muy delicado y que debería evitarle la más mínima impresión para que no se aflija o mucho menos se altere. Alex sabía muy bien que si se enteraba lo que había pasado con su patria sería catastrófico y con la ayuda de sus amigos, una enfermera a la que enamora, vecinos y varios otros cómplices, se encarga de crear un mundo burbuja para que su madre piense que todo sigue igual o mejor que lo que dejó ocho meses atrás.El guion de la película no es de los mejores y su humor es muy básico, pero ver las peripecias que hace el joven sobre todo cuando debe transmitir las noticias del telediario que veía su mamá es la mejor parte del filme. Van pasando cosas de las más extravagantes como cuando la madre ve un enorme letrero de Coca Cola frente a su departamento y debe conseguir que un ex astronauta que trabajaba de taxista, actúe en su noticiero haciendo el papel de nuevo presidente reformista que  le pide a su pueblo acomodarse y abrirse a nuevas opciones sobre todo de consumo.La película toma otras connotaciones más de carácter familiar que ayudan a que el final sea liviano, pero la temática cómica de la familia, ayuda a entender de cierta forma el mensaje central de cómo se vivía detrás de la cortina de hierro, y cómo era la gente de entonces, a la que fácilmente se la mantenía conforme, aun recibiendo permanente desinformación y adoctrinamiento.La segunda película a la que me referiré es mucho más antigua y se llamó en Latinoamérica, Sol de medianoche. Tiene lugar y se proyecta en plena Guerra Fría y trata una temática muy delicada para aquellos años, la “libertad”, derecho sometido y muchas veces conculcado en la Unión Soviética y en todos sus satélites.Un bailarín de renombre internacional y grandes dotes para el Ballet goza de gran éxito y popularidad en el mundo occidental. Pero Nikolai ‘Kolya’ Rodchenko, interpretado por un formidable Mikhail Baryshnikov es un desertor de la URSS. De gira mundial, en un vuelo rumbo a Tokio su avión sufre un accidente y tiene que aterrizar de emergencia en un aeropuerto militar en la Siberia.La KGB se entera de que entre los pasajeros de la nave está el prófugo cuya deserción le había significado a la madre Rusia un papelón político y si no fuera porque su agente alarma a la embajada americana, hubieran dado cuenta de él, pero prefieren aprovechar el incidente para que vuelva a bailar en un teatro ruso y así reivindicarse con su nación. Piensan los agentes de la KGB, que luego podría “fallecer” víctima de sus irrecuperables heridas y nadie lo dudaría.En un pueblo de esta gélida región, un bailarín de tap afro americano Raymond Grynes, también soberbiamente interpretado por Gregory Hines, trata de hacer una nueva vida, huyendo de su patria, de la que reniega primero porque le negaron la posibilidad de crecer artísticamente debido a su color y luego por haberlo convertido en un asesino en Vietnam, cuando era soldado.Su vida no es fácil, casado con una rusa debe soportar muchas restricciones hasta que le permitan ser un ciudadano, oportunidad que el Coronel Chaiko de la KGB, un comunista sin alma ni escrúpulos, le daría a cambio de que vigile a Koyla y lo prepare para su gran reestreno en el Teatro de Leningrado.Diálogos con exposición de realidades profundas de uno y otro lado, mientras ambos deleitan a los cinéfilos con bailes de todo tipo de una exquisitez maravillosa van preparando el terreno para la parte más importante del filme.En las bellas instalaciones de aquel viejo teatro, los tres protagonistas son conscientes de que están presos, y que su libertad no sólo está limitada, sino que su vida misma tiene un final seguro si no hacen lo que el sistema quiere que hagan.Desde su detención, Koyla sabe su destino y entiende que la única vía es huir, su involuntario escolta y su esposa tienen la misma intención, tienen la idea que aunque los Estados Unidos no sean la octava maravilla allá pueden gozar del ansiado deseo de la libertad y son capaces de correr cualquier riesgo con tal de volver a respirarla.Hellen Mirren interpreta a Galina Ivanova, el ex amor de Chaiko que quedó destrozada y también presa del destino tras la deserción de su ex pareja. Ella es usada por Chaiko para cohesionar a su preso, pero no se da cuenta que el amor entre ellos no ha desaparecido y pese al resentimiento, decide colaborarlo y busca ayuda en la embajada americana para propiciar su fuga. Misma que se lleva a cabo con varios entretelones de suspenso y final feliz bien a lo Hollywood.Este pasado 8 de noviembre, las autoridades máximas del Estado Plurinacional se dieron íntegros junto a otros muchos militantes del proceso de cambio a celebrar casi como si fuera propio el centenario de la “Revolución Rusa” y decoraron los ambientes de la vicepresidencia como si fuera el Kremlin.El premier ruso había dicho muy temprano en esa jornada: hubiera sido mejor si la Revolución Bolchevique nunca hubiera sucedido y que no hay nada que celebrar. Pero como ni el Presidente, ni sus asesores y mucho menos quien le escribe su Twitter leen ese tipo de cosas, don Evo saludó al compañero Putín por su revolución y la declaró protectora de las libertades y los derechos de las personas.Una de las mejores exposiciones de la cinta Good Bye Lenín, justamente muestra como a los comunistas les es más importante el creer que el ser, el sentir, que el vivir y como la ilusión, es el motor de sus vidas, los hijos de los bolcheviques, viven en limbo de lo surrealista, impulsados con que alguna vez van a ver a todo el mundo pintado de colorado y cantando “La Internacional” al unísono festejando que todos sean iguales, no importa si igual de pobres, pero iguales al fin.Por el otro lado, White Nights (es su título en inglés por si la quiere buscar), muestra su realidad en carne viva, la de un sistema que trató de existir no por la razón, sino en base a la coerción absoluta de todas y todos, la supresión de todos los derechos, fingiendo lo que sabían que nunca fueron y que al final nunca pudieron ser.Una pena por estos trasnochados festejadores, a los que increíblemente les encanta celebrar el fracaso. *Es paceño, stronguista y liberal