El estatus del estatuto

Delmar Méndez, ex asambleísta departamentalEl estatuto autonómico disponible hoy, ciertamente que no es el mismo de hace diez años. Como tampoco el país de ahora (Estado Plurinacional) ya no es la República de Bolivia de la época en que se gestó el estatuto; la Constitución de hoy tampoco es la de entonces.La frustración inducida por la modificación del texto estatutario no tiene que ser objeto de discordia interna ni insumo autodestructivo para romper una precaria unidad que empieza a recomponerse con la prioritaria motivación de luchar por el restablecimiento de la democracia.El estatuto de hoy es el estatuto posible y sobre él que hay que avanzar para buscar luego cómo reponer el estatuto original. Repartir culpas por las diferencias del contenido no tiene sentido, si no nos atenemos al entorno.Entre el estatuto ideal pero políticamente inaplicable y el estatuto real pero pragmáticamente aplicable hay una enorme diferencia implícita que más que textual es contextual.Es innecesario, además de inútil, dañino e improductivo, traducir las diferencias del texto en diferencias irreconciliables entre los protagonistas domésticos del proceso autonómico.No hay que perder de vista que lo que impidió avanzar en la profundización de la autonomía estatuyente fue la autonomía constituyente.El centralismo y la nueva Constitución, la Ley Marco de Autonomía y los sucesos políticos posteriores (persecución y judicialización de los autonomistas) modificaron el escenario.Evidentemente, este estatuto, con competencias departamentales recortadas y subordinado a la Constitución, no nos dará la autonomía que dibujamos hace diez años. Pero es esto o nada… por ahora, mientras el presente régimen antiautonomista y antidemocrático siga en el poder.Conservar intacto el estatuto de 2008, solo nos lleva al papel. Adecuarlo (recortarlo) a la Constitución ha sido lo que impone el escenario vigente. No adecuarlo es quedarse en la nostalgia autonómica.Antes del movimiento autonómico, los prefectos eran designados a dedo por el centralismo, no existía un parlamento regional elegido por voto popular y con potestades legislativas, la Gobernación era la agencia prefectural del centralismo. Algo se logró y sobre ese camino hay que seguir avanzando sin buscar estériles confrontaciones internas.Delmar Méndez, ex asambleísta departamental