Clamores de justicia llenaron el velorio de Álex, el bebé fallecido


En la morgue del Cementerio General de la capital orureña hay tres cuerpos NN que esperan ser identificados por sus familiares: una mujer, un hombre y un niño.A las 22:15 de ayer, en medio de la oscuridad y la lluvia, el cuerpo del pequeño Álex fue sacado de la morgue en un ataúd blanco sin más compañía que su abuela paterna y sus tías.Sus padres y hermano aún están en el hospital en estado crítico. En el velorio los familiares pidieron esclarecer el hecho  y hallar a los responsables.“Justicia, es lo que pedimos. Queremos que se esclarezca lo ocurrido. Si hay un culpable, tiene que pagar por lo que ha hecho. Si es necesario voy a llegar hasta donde el Presidente”, señala su abuela, Máxima Huacaña,  entre lágrimas de dolor e  impotencia.Dentro la morgue del Cementerio General de Oruro hay un peculiar aroma helado a lavandina y detergente. Un pequeño rastro de ese olor a muerte se percibe.En uno de los mesones el asistente forense limpia el cuerpito de Álex, el niño de tres años que el pasado martes falleció después de la segunda explosión -aún no esclarecida- que se produjo en la ciudad de Pagador.Con cuidado le asea el rostro, los brazos y las piernas. Tiene el gesto de un niño que cae dormido.De los cuerpos que están en esa sala, solo el suyo ha sido reconocido y reclamado.Los otros tres que llegaron tras la explosión aún esperan a que algún familiar note su ausencia y los saque del anonimato en el que se encuentran.“Nadie los ha buscado. Esperamos que en estos días aparezcan sus familiares”, dice uno de los asistentes.  Si nadie los reclama, en 30 días serán enterrados en la fosa común con el rótulo NN.¿Quiénes serán? Se pregunta doña Máxima. “Es otro bebé y una señora, deben ser madre e hijo por eso nadie se ha dado cuenta que no están”, conjetura mientras espera que el trámite para poder sacar a su nieto de la morgue termine. “Mi hijo también está en terapia intensiva, qué voy a hacer sin él si se muere, es el mayor de mis 13 hijos”, lamenta. “Nadie ha pensado que algo así nos iba a pasar”.“Aquella tarde mi hermano con su esposa y sus dos hijos salieron a comprar útiles y una mochila para el mayor. Estaban en su auto y un minibús se puso delante, no han podido pasar y ahí les pescó la explosión. Mi sobrinito estaba en la parte de atrás con mi cuñada”, cuenta Viviana Huacaña Solares.La explosión les causó serios daños. El hermano mayor fue trasladado al Hospital del Niño en La Paz y los médicos analizan el traslado del padre.“¡Familiares del bebé!” convocan desde el interior de la morgue, mientras ingresa un ataúd blanco en el que el cuerpito es acomodado con mucho cuidado. En una caravana reducida es conducido  en medio del cementerio hacia la calle, donde lo espera un vehículo fúnebre que lo conducirá al lugar donde será velado en la orilla este de la urbe.En una especie de local algunos familiares lo esperan. No hay muchas bancas y a pesar de que la gente llega, el vacío parece hacerse más grande. Doña Máxima se ha sentado a llorar a un costado del féretro, desde donde recibe los pésames de los presentes.Desde la tarde lleva en la espalda un atado de aguayo, del que no se ha desprendido ni un instante.Leny Chuquimia  / OruroFuente: paginasiete.bo