Conveniencia a la carta


José Luis Bolívar Aparicio* 

Cuando voy donde Antonio, mi peluquero de siempre y de paso el único que entiende mis amañadas mechas, suelo entretenerme con revistas Muy Interesante que definitivamente son de mis favoritas. Y es que desde que el famoso Smartphone tiene todo lo que necesito a mano, casi estoy perdiendo la buena costumbre de leer, por lo que durante la peluqueada es una de las pocas oportunidades que no desaprovecho para que mis ojos hagan un poco de ejercicio culto.

En cierta ocasión, otro cliente había pedido mano con mi literatura de preferencia por lo que me tuve que contentar con ojear uno de esos periódicos económicos de 10 hojas y que tienen más chisme y crónica roja que información. Lo que sí noté que abundaba por doquier era publicidad de brujos, adivinadores, yatiris, gitanos y todo tipo de mercachifle que vende la felicidad al incauto que por algún tipo de necesidad les cree todo lo que ofrecen.



Amarres poderosos, fumadas poderosas y una serie de artilugios poderosos son ofrecidos por una gama de fulanos que ante todo se atribuyen originalidad, exclusividad y dones otorgados por rayos y centellas que les caen desde el cielo y que seguramente son la mejor miel para atraer con esperanza a cientos sino miles de desesperados y desesperadas que les va mal con el amor, el trabajo o las diferentes circunstancias que nos presenta la vida.Yo honestamente ni creo ni dejo de creer, pues escéptico como soy, jamás me he puesto a investigar a ciencia cierta de lo que se trata la suerte, el azar o la brujería, de lo que sí estoy seguro es que todo es cuestión de fe, y que quien la tenga seguro logrará todo lo que busca.El caso es que de todos esos letreros que cautivaron mi atención, uno de ellos tenía una frase que me dejó pensando y que acoto a la ocasión pues llevaba consigo una palabra que dice muy poco pero que significa bastante en realidad.Un tal Doctor (no sé qué tantos), experto en magias africanas indicaba que era capaz de atraer al hombre o mujer “que te conviene” con tan solo una foto, una prenda y hasta con solo su nombre.Una verdadera cantinfleada sin lugar a dudas, digna del más clásico de los pajpacus, pero que contenía en el mensaje algo muy importante, la conveniencia como necesidad primaria.Dicha palabra es exacta y ambigua a la vez, porque puede señalar con precisión que lo conveniente es beneficioso, bueno, útil o adecuado para algo o alguien, y a su vez, denota un sentido de condicionalidad.La conveniencia aparentemente es algo que nos permite una elección, como cuando tenemos dos caminos a elegir y optamos por uno de ellos, justamente porque ese es el que creemos o estamos seguros que nos conviene.En un estricto apego a la norma (no abstracto), la Ley, sus organizaciones y sus administradores deberían descartar por completo esta palabra puesto que filosóficamente hablando, la sujeción a la misma, apenas debería permitir una chance a la interpretación, pero jamás a la opción de obedecerla, mucho menos por conveniencia.Lo mismo sucede con los Tribunales que imparten Justicia, acudir a ellos debería estar intrínsecamente sujeto al cumplimiento de sus decisiones, sean estas convenientes o no para nuestros intereses.Pero cuando nos acostumbramos a obedecer solamente lo que nos conviene, o ir sólo a las Cortes que nos puedan dar la razón, o reconocer únicamente jurisprudencia favorable, o que quien dijo algo que estaba a mi favor era mi aliado y cuando dice lo contrario es mi enemigo, estamos haciendo de nuestra vida una chacota y si además quien hace eso son las autoridades de un Estado, la cosa toma matices realmente preocupantes.Cuando Manfred Reyes Villa, retó a Evo Morales a un referéndum revocatorio y este dignamente recogió el guante aceptándolo, las urnas destrozaron al contrincante de jopo alzado y este tuvo que aceptar los resultados y sus consecuencias. No solo el líder de NFR, junto a él, otros tres Prefectos por entonces se fueron de sus cargos, seguramente maldiciendo la pésima idea que tuvieron él y Jorge Quiroga cuando pensaron que podían sacar de palacio a un hombre que a claras luces se estaba haciendo tremendamente fuerte en lo político.El cumplimiento de los resultados no tuvo ninguna observación claro está, los ganadores festejaron y los derrotados se marcharon a sus cuarteles, pero el mandato popular fue obedecido tal como dictan las normas democráticas.Pero cuando Evo Morales retó a la ciudadanía a ir a las urnas nuevamente, esta vez para modificar la Constitución y poder reelegirse indefinidamente, quien aceptó el duelo ganó pero el retador no tuvo la hidalguía de aceptar su derrota, lógicamente porque no le convenía.Amparado en las triquiñuelas que tantas veces había criticado cuando era oposición, sus abogados le buscaron la cuadratura al redondo y acudieron a una figura legal por demás risible y hasta vergonzosa. Basándose en el Pacto de Costa Rica del cual sus protectores son La Comisión y La Corte de los Derechos Humanos, refirieron que por encima incluso de la CPE estaba el derecho humano de nuestro presidente de hacerse reelegir eternamente si quiere y puede, porque así lo ha dicho este inmaculado Pacto.Preocupados como quedaron todos después de semejante resolución que sacó el Tribunal Constitucional al aceptar dicha tesis, autoridades, miembros de la oposición y ciudadanía en general, buscaron cómo revertir semejante tropelía y acudieron a instancias superiores de la OEA, a la que justamente pertenecen la CIDH, de manera que no solo aclaren qué son y hasta dónde llegan los derechos humanos sino que se pronuncien sobre si la interpretación de TCP es acertada.Ante esta solicitud, el Sr. Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos, consultó a un ente deliberativo y de asistencia jurídica legal como es la Comisión de Venecia, órgano consultivo del Consejo de Europa, formado por expertos independientes en el campo del derecho constitucional para que le den luces sobre este aspecto.Como era de esperarse, dicho ente señaló claramente que de ninguna manera la reelección podía ser un derecho humano y que sobre cualquiera de estos derechos estaba la decisión inalienable del pueblo soberano en democracia.El oficialismo en pleno salió a invalidar tanto a la Comisión de Venecia (a la que el ministro Héctor Arce acudió en tres oportunidades previas demostrando su validez), llegando incluso a lanzar exabruptos como que una cosa son los derechos humanos de Europa y otros los de América, hasta indicar que las decisiones y mandatos del TCP son irrevisables y que sobre la postulación de Evo Morales ya no hay nada más que hablar.Pero los que se mandaron flor de declaración fueron el justamente Héctor Arce y el Procurador General, Pablo Menacho, cuando afirmaron que ninguna corte en el mundo puede revertir esa sentencia. Es más el viceministro Siles fue más lejos afirmando que ni siquiera una corte celestial podrá anular ese mandato.La forma en que el Gobierno encuentra conveniencia e inconveniencia en los dictámenes y pactos de organismos internacionales es tristemente repudiable, pues entran en contradicciones tan notorias, que uno teme lo peor cuando nos toque hacer cumplir la sentencia de la Corte de La Haya por ejemplo, en caso de que sea conveniente a nosotros claro está.A este paso y de la forma en que vamos, vamos a tener que acudir a un brujo para que en las próximas elecciones nos diga qué candidato nos conviene. *Es paceño, stronguista y liberal

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas