Policía apasionada


José Luis Bolívar Aparicio* 

Las melodías de una canción de Air Supply le dan un aire de paz y armonía al lujoso Audi que conduce Diego Iturralde por la carretera número 9 de la provincia de Salta rumbo al norte.

A la velocidad que avanza le toca sobrepasar a varias movilidades hasta que se topa con un camión, cuyo viaje cansino provoca que el moderno móvil reduzca su marcha. Tras varios bocinazos empieza a maniobrar para adelantarlo pero el conductor del viejo carro no se lo permite y zigzaguea por la ruta con el claro afán de molestar a quien iba por detrás.



Después de varios intentos que molestan y hasta enfurecen al apurado Diego, logra ingresar en un carril libre y al alcanzar la altura de la cabina del fastidioso camionero, vierte una serie de insultos e improperios dándole con todo a su origen étnico y su orientación sexual.

Cuando lo pasa, cambia de marcha, pisa el acelerador y se aleja raudamente de aquel torpe conductor.

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Así comienza el tercero de los seis “Relatos Salvajes” que se reproducen en la película del mismo nombre que se estrenó el 2015 y que recibió críticas que llegaron a posicionar a este filme entre los tres mejores de la historia del cine argentino, no sólo por la producción, sino por elementos como el guión, el destaque de actores de altísima jerarquía como Ricardo Darín, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Érica Rivas, Rita Cortese, Julieta Zylberberg y hasta Darío Grandinetti entre otros que interpretan media docena de historias de humor negro y suspenso que bien valen verlas.

Justamente esta historia de automovilistas, es una de las más violentas de la cinta y continúa con el mismo Diego ya en las rutas de Jujuy y dejando en el olvido el ingrato episodio con el camionero. En entonces que accidentalmente pincha una rueda y tiene que quedar detenido a la orilla del camino a unos cuantos metros de un puente sobre el río Las Conchas en la carretera que une Cafayate con Salta.Desaloja el auto y llama para pedir auxilio, y aunque la respuesta es afirmativa, saber en cuanto tiempo llegarían por él era un absoluto misterio y perdido como se sentía en el medio de la nada, prefirió ensuciarse las manos y cambiar la llanta él mismo.Sólo le faltaban ajustar los pernos a la rueda de auxilio cuando ve al camión del insultado conductor pasar por donde estaba y tras avanzar algunos metros se detiene y decide dar retro y parar a pocos metros del Audi.Diego se asusta y se mete a su auto poniendo seguro, pero el fornido y porfiado camionero sabía que si no se cobraría justicia por los insultos con la cara de su ofensor lo haría con su auto. De manera que se para sobre el capó , defeca y orina encima del mismo, le rompe los limpia parabrisas y hace todo lo posible por humillar al asqueado pero temeroso sujeto que resignado le pide disculpas y que pare de una vez con los destrozos.Casi satisfecho con lo que había hecho, el camionero se va a su motorizado y cuando trata de encender el mismo quien oye a su demonio interno es Diego, prende el Audi olvidando que su rueda no estaba del todo ajustada, y embiste al camioncito que estaba por delante empujándolo chofer y todo hasta lograr embarrancarlo hacia el río. Lastimosamente cuando trata de retroceder para escapar de su agresor, la rueda mal ajustada zafa y el Audi cae también hasta el río.Los dos se trenzan en una gresca que pone a uno con los nervios de punta, pellizcando la butaca del cine, mientras se golpean y ahorcan y se dan con todo. Para terminar la barbarie, el abusivo camionero deja ahorcado a Diego con el cinturón de seguridad y no tiene mejor idea que prenderle fuego al lujoso carro.

Pero de donde ya no quedaba nada, Diego saca su último esfuerzo, pisa donde puede encontrar apoyo y logra aferrarse a un camionero que ya no puede escapar y sabe que en pocos segundos el fuego llegaría al tanque del combustible.

Cuando una camioneta conducida por un mecánico que llegaba con la salvación para el Audi estaba cerca del puente, una tremenda explosión eleva fuego por los aires sellando el fin de la vida de dos personas que se habían peleado hasta la muerte sin siquiera saber el nombre de su odiado contrincante.

La toma siguiente muestra a dos oficiales de la policía argentina inspeccionando la escena del crimen y de pronto se les aproxima un periodista a hacerles las preguntas de rigor. Cuando cuestiona sobre los móviles del suceso, el uniformado no tiene el menor desparpajo en afirmarle al reportero que con seguridad se trataba de un “crimen pasional”.

Un diagnóstico por demás apresurado, pero al menos tenía una base sólida para lanzar tan apurada teoría, ambos cuerpos se hallaban abrazados de tal forma que realmente se podía deducir que se trataba de un par de amantes que habían optado por fundir su amor entre llamas ante quizás la imposibilidad de demostrar su pasión abiertamente en sociedad.

Seguramente una adecuada investigación deduciría después que nada estaba más lejos de la verdad. Los vehículos daban una gran pista sobre sus autores que lógicamente no guardaban ningún tipo de relación entre ellos. Su nivel económico tan dispar daría otras pistas y así sucesivamente, las unidades encargadas de la inteligencia policial y científica darían con una hipótesis lo más cercana a la realidad para esclarecer lo que realmente sucedió.

Existe una teoría muy empleada por los forenses que reza: “nada habla más y mejor que un muerto” y la escena de un crimen con un levantamiento profesional lo propio, par de tesis que nuestra querida y no siempre bien ponderada Policía Nacional Boliviana tira por los suelos cuando se le pide que investigue algún hecho criminoso.No me voy a referir a que hasta ahora no pueden informar quien fue el que disparó contra la rehén en la joyería EuroChronos, ni qué fue lo que sucedió de verdad con los millones robados al carro blindado de Brinks, dizque “quemados” por los mismos asaltantes, y tantos otros casos que se quedaron en el absoluto misterio, sino específicamente a los últimos tres atentados con bomba que sucedieron desde el Carnaval a la fecha, cobrándose muchas vidas y sin dar claras pistas como para que la sociedad descanse tranquila sabiendo qué es lo que en realidad pasó.El hecho de que se haya conservado la versión de que la primera explosión se trataba de una garrafa de gas por casi más de tres semanas, cuando en realidad había sido una bomba ya pinta de cuerpo entero la inexperiencia y hasta absoluto desconocimiento de los miembros policiales a cargo de este tipo de investigaciones.La segunda explosión no sólo puso más misterio al asunto, sino que además le permitió a una sociedad paranoica hacer una ensalada de intrigas a través de las redes sociales, mientras cundía el pánico entre los habitantes de la ciudad del Pagador.Dos meses después de que ni siquiera se sepa qué es lo que realmente pasó ni quién lo provocó con datos precisos, otro atentado, esta vez en Huanuni, puso de nuevo a los extraviados miembros de la institución del orden en figurillas por no saber determinar qué fue lo que provocó la muerte de 10 mineros.Pero lo peor de todo es que para darle algo de certidumbre a la ciudadanía, no tuvieron mejor idea que culpar a la pasión por las muertes que no pueden científicamente justificar. Es una verdadera lástima que una institución que le dio tanto al país cuando el ejercicio policial era casi empírico, hoy que la ciencia nos desborda, sus nuevos miembros no pueden ni con ella ni con la tradición. Es necesario que se apasionen un poco más por su oficio y se capaciten de verdad. *Es paceño, stronguista y liberal