El profesor Limberg, Cicerón… y la eternidad

Roberto Méndez

Periodista y docente



Una de las grandes interrogantes que tenemos los hombres, es ¿cómo llegar a la eternidad?. Y entonces nos dan la receta: “Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro”. Yo le agregaría un elemento mas, uno fundamental: SER MAESTRO.

Porque “un maestro afecta la eternidad; solo él puede decir donde para su influencia”, decía el escritor, Henry Adams.Porque “un maestro mediocre cuenta. El maestro corriente explica. El maestro bueno demuestra. El maestro excelente inspira”, nos decía el otro literato, William A. Ward.

Y ese maestro que inspiraba a sus alumnos era el Dr.Limberg Gutiérrez Carreño, orgullosamente, mi maestro de Derecho Romano y también amante del oficio de radialista con la que inició su carrera hacia la eternidad.Y qué afortunado que soy, también mi colega docente en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UAGRM. “Te imaginas Roberto por qué razón Platón dijo: “Estoy orgulloso de haber nacido libre y no esclavo”, me dijo un día, en una de las tantas tertulias que teníamos en el cafecito de la Asociación de Docentes.

Me quedé meditando la respuesta. Después cuando nos volvimos a encontrar le dije que uno de los grandes cuestionamientos que le hicieron a esos sabios filósofos, entre ellos también Sócrates y Aristóteles, fue haber admitido la esclavitud de esa época en la que el Pater Family era dueño de todo, incluido los esclavos, las mujeres y las cosas.El maestro Limberg me dijo que lo que en realidad quería decir Platón, era denunciar ante la eternidad la esclavitud que existía en la época.

Porque lo hizo también en el caso de la mujer,“Doy gracias a Dios por haber nacido hombre y no mujer” y en el caso de los extranjeros que eran considerados ciudadanos de segunda en Roma, cuando dijo “por haber nacido griego y no bárbaro…”.Las discusiones eran largas con el maestro Limberg y su fuerte era la filosofía jurídica, tema sobre el que estaba escribiendo un libro que ya tenía un 80 por ciento de avance.

“Mi tesis la he discutido con los maestros españoles del doctorado y me han dado la razón”, decía, y sigo avanzando.Acostumbraba decir que un buen abogado debe saber el espíritu de donde nacen las leyes. De lo contrario, será un mero aplicador de las normas.

Me gustaba escucharlo hablar de Espartaco, ese esclavo que armó su revolución con otros 74 legionarios que peleaban en el circo romano y que se le enfrentaron al numeroso ejército romano. Todo por la libertad.

“Cuando hablen de libertad ustedes tienen que acordarse de Espartaco”, acostumbraba decir en clases magistrales en las que recitaba de memoria frases de Ulpiano, sobre la Justicia, “y el dar a cada uno lo que le corresponde”.Porque de ese hito de Espartaco llegaría después Ciro, el Rey de Babilonia, a escribir en su cilindro “liberen a los esclavos”.Porque el derecho debe ser espíritu y conocimiento de sus instituciones. Las alas que le cortaron al Rey Juan Sin Tierra en 1215 cuando lo obligaron a firmar la famosa “Carta Magna”, que dio pie a las actuales leyes supremas de los estados, la Constitución Política del Estado.

O las limitaciones al Rey en la Revolución Francesa y Norteamericana, que desembocarían luego en la Declaración de los Derechos Humanos, consolidando la democracia y el sometimiento a la ley. contra los poderes políticos, económicos y racistas.

«La vida de los muertos consiste en hallarse presentes en el espíritu de los vivos», era otra de las frases que acostumbraba repetir nuestro docente, citando al célebre Cicerón.

Inspirado en esa frase nuestro querido profesor se fue a contarle a Cicerón que en vida se dedicó a eso. Y por eso vive y vivirá en las nuevas generaciones de la carrera de Derecho, pues un maestro si afecta a la eternidad, puede crear esperanza, encender la imaginación e inspirar amor por el aprendizaje. De eso nos encargamos sus alumnos…