Esposa y madre ejemplar de 9 vástagos


Mauricio Aira

Educar un par de hijos hoy en dia, resulta poco menos que una odisea, es que padre y madre deben contribuir con la economía y no queda tiempo para más. De ahí que sólo el hecho de haber dado al mundo 5 varones y 4 damitas, resulte un acto heroico en una mujer kochala, hermosa y trabajadora que se contituye en un ejemplo que salta a la luz. Nos referimos a Graciela Muñoz de Méndez Quiroga.

Su biografía descrita con precisión y galanura por el mayor de sus hijos Jaime Alberto, es conmovedora y patética desde cuando en circunstancias de “la Guerra Civil del 49” contraen matrimonio en el templo de Cala Cala (hoy convertido en un comedor popular) pocos dias antes de emprender viaje hacia Ann Harbor (USA) donde vivieron casi dos años y donde nació justamente el primero de los 9. “Nena (diminutivo con que llamaba a su esposa) siempre ha sido una excelente esposa que me brindó todo su amor. Admiro su bondad e integridad. Ella es una gran compañera dispuesta siempre a escucharme y apoyarme. Además Nena madre excepcional que ha sabido criar y formar a nuestros hijos” (pág. 198 J.Méndez El Hombre y sus tiempos)



Repasar la lectura del exquisito libro escrito por J.Méndez Muñoz es simplemente un deleite, en tono familiar nos refiere los 19 años de su madre hasta llegar al altar y la mudanza a tierras frías, de los grandes lagos del Norte, donde Jaime concluiría sus estudios universitarios, mientras Nena se adentraba en el inglés y en la atención del primogénito. Nunca ha sido tan cierto aquello “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”, porque si Jaime Méndez logró concebir, crear y desarrollar COBOCE, la gran obra del cooperativismo en Bolivia, no es menos cierto que la increíble hazaña ha sido posible porque Jaime supo confiar el cuidado de los hijos que vinieron llegando de a poco y luego se convirtieron en profesionales competentes, cada uno en su ramo, porque siempre tuvieron de lado “al ángel protector” que guió sus pasos, mientras el esposo resultaba absorvido por el esfuerzo que le demandó la cementera emplazada en Irpa Irpa.Graciela de Méndez descansa hoy en paz. Su desaparición deja un enorme vacío, no sólo entre sus hijos, nietos y bisnietos, sino también en quienes hemos conocido su grandeza, su inmenso amor por los valores humanos y cristianos a los que la pareja ha consagrado su existencia.

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