Falacias que asemejan infamias


Susana Seleme Antelo“Leer, por lo pronto, es una actitud posterior a la de escribir: más resignada, más civil, más intelectual.”  Jorge Luis Borges. 

Tenía razón el universal argentino. Pero me resisto a leer con resignación lo que dicen y escriben sobre Santa Cruz y su gente. Seré civilizadamente intelectual, en razón a las distintas visiones del mundo, que hay muchas en democracia, aunque en la Bolivia de Evo Morales no las aceptan, y como en la Dinamarca de Hamlet, algo huele mal. Podrido, como el Poder Judicial.

No es sobre ese poder que escribiré hoy. Serán algunas pinceladas sobre la historia cruceña, no distinta a “Historia universal de la infamia” de Borges. Aunque más pequeña, no es extraña al devenir de todas las historias que han acompañado al desarrollo del Homo Sapiens, a veces menos sapiens que sus congéneres ‘homos’ del gran reino animal.



 La de Santa Cruz, como todas las demás, es síntesis de múltiples determinaciones, unidad de lo diverso. Y molesta que algunas opiniones sobre esta región y su gente sean poco certeras por defecto de mirar la historia desde un particular y parcial conocimiento que obvia la síntesis. Es decir, un todo distinto a la suma de las partes que lo componen. Quizás no leyeron al francés Alcides D’orbigny, ni a los cruceños Gabriel René Moreno, Enrique Finot, Humberto Vázquez Machicado, Hernando Sanabria, José Luís Roca, Isaac Sandoval Rodríguez, Alcides Parejas Moreno, al beniano Ruber Carvalho, al paceño Ramiro Velasco, por citar algunos autores.

¿Sobre qué bases afirman que Santa Cruz está “estancada por no asumir el liderazgo político nacional” o que “Santa Cruz necesita una élite con visión nacional”?  Y pregunto sin resignación, pero con civilidad intelectual para no parecer troglodita regionalista, si desde el centralismo -que arrastramos hace más de dos siglos- hubo alguna visión política, económica y social que tuviera alcance nacional. Que abarcara sus múltiples y heterogéneas determinaciones e identidades geográficas, regionales, indígenas originarias, culturales y mestizas que eran y son contundentes.

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No la hubo. El Oriente no existía en libros de historia, hasta 1957, cuando los esposos Mesa-Gisbert incluyeron un texto de Humberto Vásquez M. en su Historia de Bolivia. Hoy la región cuenta, porque sin ella no habría seguridad alimentaria (las que existían fueron arrasadas por las plantaciones de hoja de coca), ni lugar donde llegue la migración expulsada por pobreza individual, colectiva, relativa o absoluta desde otros puntos del país.

¿Qué aquí no hay madurez política, que prima una mentalidad localista y medieval, que la gestión pública tiene prácticas del siglo pasado, que no se oye al ciudadano, que el cruceño es flojo, irresponsable, machista, como si fueran exclusivos deméritos locales y no bolivianos y universales? ¿Se convirtió Santa Cruz en locomotora económica de Bolivia, jugando con barro y un palito?

Y ¿por qué no mirar la gestión pública del Estado, siempre centralista, hoy autoritario con visos dictatoriales, desde que Evo Morales es jefe absoluto y busca su reproducción en el poder sine die?Hay quienes recordamos el Manifiesto firmado por 159 cruceños, dirigido al Gobierno, al Congreso y a la Nación, en octubre de 1868, cuando reclamaron el Tratado de límites con Brasil, por el cual perdimos los puertos fluviales por el Amazonas y el Plata. Y el Memorándum de 1904, la primera tesis contestataria geopolítica de la elite cruceña que propugnaba la construcción de un ferrocarril para unir Oriente con Occidente, pendiente hasta ahora. Alertaba 30 años antes, sobre las pretensiones de Paraguay, frente a quien perdimos el Chaco Boreal. Subrayaba la necesidad de una salida al Atlántico, para que Bolivia “no agonice víctima de la política absorcionista de Chile y aún de Perú.” A 114 años continua la perorata soberanista frente a Chile, en lugar de reivindicar cualidad marítima.¿Por qué se olvida que aquí se gestó la lucha por las regalías del 11% sobre la producción de hidrocarburos, que hoy reciben tanto los departamentos productores como los demás? ¿O que de Santa Cruz salió la exigencia de democratización de las alcaldías en la lucha contra la dictadura de García Mesa,  como la reivindicación por la descentralización, las autonomías y la elección democrática de Prefectos, hoy Gobernadores. ¿Cuál la ausencia de visión nacional si, maltrecha y no aplicada, hoy la Constitución se denomina autonómica? Aquí se siguió en unidad con todo el país, la lucha frontal contra el Código Penal, finalmente abrogado, gracias a la elite profesional médica que enarboló a toda Bolivia. ¿Es falta de madurez política exigir un Pacto Fiscal para la distribución de la riqueza sin menoscabar las regiones con menor desarrollo? ¿Y la movilización política sin partidos de las plataformas ciudadanas, que mueven miles de personas, y defienden el 21 F con el grito de Bolivia dijo NO a la cuarta reelección de Morales-GarcíaLinera?Y no olvidamos que fue el entonces diputado Morales, con apoyo del expresidente Carlos Mesa, quien impidió que Hormando Vaca Diez (+) asumiera la presidencia de la República de Bolivia, en 2005. “Un cruceño, jamás” fue la sentencia, ¿maleficio centralista?, cuando le correspondía por sucesión constitucional siendo presidente del Senado. Se lo impidieron también al tarijeño Mario Cossío, presidente de Diputados.Hay falacias que asemejan infamias