
Victoria Subirana lleva 30 años trabajando como maestra en Katmandú, donde pone la pedagogía al servicio de los más necesitados
A las escuelas venían niños de todo tipo, pero con un denominador común: altos índices de pobreza y de exclusión social. Eran refugiados, mendigos, trabajaban desde edades muy tempranas, había dalits (sin casta), hijos de familias numerosas, desestructuradas o que tenían parientes con anomalías físicas o psíquicas.
En Nepal, la clase dirigente ejerce un control absoluto sobre la educación a través del sistema de castas que anula el pensamiento crítico, la capacidad de hacer análisis y la creatividad. En clases que en España no reunirían las condiciones ni para criar cerdos, 90 niños hacinados aprenden a repetir, imitar, obedecer y a someterse a los dictámenes de los poderosos.
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El sistema de castas fomenta lo que yo denomino los tres venenos de la mente: no puedo, no debo y no merezco. El mejor caldo de cultivo para ejercer políticas fascistas, dictatoriales y totalitarias.
Los niños acaban así desprovistos de las herramientas necesarias para reconocer sus derechos fundamentales. Y, como consecuencia, nunca van a tener el poder suficiente para que sus voces sean escuchadas.
La misión más importante durante los 30 años que llevo en Nepal ha sido demostrar que la pobreza se supera, que la ignorancia se combate, que la desigualdad se puede modificar. Que hay una salida. Y está en el poder creador y transformador de cada ser humano a través de la energía de la mente.
El conocimiento del poder mental ha sido imprescindible para llevar a cabo los cambios positivos que han modificado la vida de 1.500 niños y una comunidad de 5.000 personas. Ha modificado los estratos milenarios de una sociedad arcaica e inamovible. Esta es la filosofía de mi sistema educativo, la concreción de la metodología la pedagogía transformadora. Cada ser humano tiene el derecho a auto conocerse. Ese aprendizaje se adquiere a través del estudio y el conocimiento de la mente humana. De este modo, además de las asignaturas académicas como lengua, ciencias o matemáticas, en las Escuelas Transformadoras los niños tienen integrada en el currículo la asignatura de madurez mental, a través de la cual trabajarán en la formación de su carácter, en la resolución de conflictos, en la adquisición de los hábitos y virtudes. Entenderán la importancia que tiene la familia para la estabilidad emocional. Aprenderán a identificar, a expresar y a regular sus emociones. Y entenderán la relevancia de esas adquisiciones para proyectar sus objetivos y alcanzar el éxito y la felicidad.

Victoria Subirana es maestra y ha publicado recientemente Una maestra en Katmandú, 30 años después (Huso editorial).
Fuente: elpais.com