Bolivia, a la cola del gasto en salud latinoamericano


Carlos Pablo Klinsky

De acuerdo a cifras del Banco Mundial, el gasto público de Bolivia en el sector salud está por debajo del promedio regional, tanto considerado como porcentaje del PIB como si es medido en relación al Presupuesto General del Estado.En el primer caso, el país está dos puntos porcentuales por debajo de la media latinoamericana del 8%, con un promedio en los últimos años del 6,1% del Producto Interno Bruto destinado a la atención sanitaria. Un promedio que es incluso inferior al de los primeros años del siglo XXI, anteriores a la bonanza económica, cuando Bolivia dedicaba 6,3% al tema.Si se analiza desde el punto de vista presupuestal, tenemos que el gobierno del Movimiento Al Socialismo apenas destinó el 6,8% del PGE 2018 a la salud, por debajo de todos los países cercanos: Paraguay (12,3), Argentina (13,7), Uruguay (13,8), Perú (15,6), Chile (15,6) y Colombia (18,3).Es decir, que para igualarnos siquiera a Paraguay tendríamos prácticamente que duplicar la asignación presupuestal para cobertura médica.Otros datos del Banco Mundial son igual de reveladores sobre la desatención a la salud por el mal llamado “proceso de cambio”. La esperanza de vida (67,9) es 7 años más baja que el promedio latinoamericano (74,7); la mortalidad materna triplica la media regional (206 contra 67) y la mortalidad infantil es de 38 por cada 1.000 nacidos, comparada con los 18 por cada 1.000 en América Latina.En resumen, tenemos un gasto en salud africano, con palacios y aviones presidenciales más propios de Dubai.Aunque instituciones internacionales como el mismo BM procuran ayudar, por ejemplo a través de un crédito de 300 millones de dólares que tendremos que fiscalizar para que el régimen masista no desvíe hacia otros fines, la trágica situación del sistema de salud pública exige un mayor compromiso interno. Y esto se debería expresar ante todo en un aumento significativo de las partidas para salud en el Presupuesto General del Estado 2019. Lo demás son charlas y discursos de campaña.Entre las fuentes de financiamiento, habría que estudiar la conveniencia de aplicar un impuesto especial a la coca, como los que existen sobre el alcohol y el tabaco, tal vez con el fin de canalizar lo recaudado hacia los tratamientos oncológicos. Sería mejor que gasificar pacientes con cáncer, como ha estado haciendo últimamente este gobierno.Fuente: Esto también sucede