
Esta situación obligó a la mujer a servir de “mula” del narcotráfico, un delito que tiene abarrotadas las cárceles de todos los países vecinos, donde miles de bolivianos han caído en busca del “sueño plurinacional” caracterizado por el auge de las drogas y una complacencia oficial cada vez más evidente. Este parece haber sido un final feliz para Claudia, pero no lo será para todas las víctimas que seguirá produciendo el narcotráfico y para los pacientes de cáncer que continúan peregrinando para conseguir una atención decente.
Fuente: El Día