Carlos federico valverde BravoMedina y Moreira están detenidos, el narco libre, el tema no llegó a la FELCN, no llegó como debiera a otras reparticiones policiales… en fin, el tema es harto conocido, consecuentemente, creo que esto pasa por otro lado; por la policía que tenemos y la policía que necesitamos.Es que, escuchar a un policía reclamarle o pedirle al Comandante General (los audios están en varios medios) por “hechos aislados” , reconocidos como “deplorables” ; por las remociones de personal, por la generalización que hacen que “todos sean mal vistos” y asumir que “tal vez algunos camaradas han caído en alguna tentación”… y tomarlo con naturalidad, tentación que pudiera cometerla un diabético al comerse un dulce al pasar y luego decir que los movimientos de personal hacia otras ciudades ha obligado a los policías a erogar “ingentes cantidades de dinero”, dando a entender claramente que quien tiene plata, paga a alguien de más arriba para volver a su casa, de donde es, de donde se siente cómodo o, donde hace buenos negocios, dejan la sensación de que esto está peor de lo que uno pensaba, cuando un audio, probablemente filtrado por “interesado” (después de escuchar la grabación y ubicar al contertulio lejos o a través de una bocina y a Delgado muy limpio) que fue de público conocimiento y actuó como “disparador” de esto que estamos espectando a diario.Con relación al “audio”, el Ministro se molestó por su “filtración” y aun así, con todo al descubierto no suspendió de inmediato a Medina y a Moreira, como debía ser, lo que nos demuestra que la Policía está pasando por su peor momento desde que el año 1952, la Revolución Nacional generó una crisis que le dio un sitial de privilegio en la Revolución, privilegio que perdió hace 13 años y fracción, cuando Morales decidió mostrar su preferencia por las FFAA, porque son el poder real de la bayoneta.Consecuentemente, asumamos que Medina, Moreira y los que le siguieron en fila a la Fiscalía y de ahí a la Justicia y terminarán en Palmasola, ya están detenidos y serán procesados (crucemos los dedos para que se haga justicia) y que el problema es lo que viene adelante, porque la actuación de esos policías ha acabado con la confianza de la gente; una confianza que la policía necesita demostrar cuando se trata de esa institución porque los que visten su uniforme, más allá del extorsionador de borrachos, del que te cobra por el brevet vencido, del que hace de la vista gorda ante otras faltas grandes o chicas, los que visten su uniforme – repito- son la presencia del Estado en la calle, son parte del cumplimiento del pacto social; de ese pacto que dice que el ciudadano cede parte de su soberanía a cambio de seguridad, de justicia, de atención en servicios básicos; sin confianza en ellos, en los policías que están a diario en la calle, de los que acercan auxilio, de los que te atienden en una seccional, de los que se arriesgan en un incendio o en un derrumbe, de los policías que son mancillados por malos camaradas de oficio que son los que hacen más bulla que los que hacen bien su trabajo desde el anonimato, sin ellos, no hay sociedad en paz, no hay sociedad tranquila; eso es un hecho.Esta vez no se trató de uno o varios policías que se emborracharon, golpearon a alguien o que “asesinaron como daño colateral a una o varias personas” (que casualidad, Medina y Moreira aun no terminan de explicar y rendir cuentas por Ana Lorena, en Eurochronos), esta vez se trata de un comportamiento interno, un comportamiento dentro de la Institucion y eso la destruye, desde su interior; no ha sido un asunto de o con la sociedad civil; es y ha sido de policías entre policías que usaron su poder para beneficiarse personalmente y ahí está el principal problema: no le pueden echar la culpa a nadie que no sea la permisividad de un poder político dispuesto a mirar para otro lado, mientras acaten “disciplinadamente” lo que ese poder, necesite para seguir siendo tal.