Willka Kuti, un ritual que genera riesgo para el patrimonio cultural

El ritual, que se celebra en el marco del Decreto Supremo 173 del 17 de junio de 2009, se realizará este año en 223 sitios ceremoniales distribuidos en los nueve departamentos de Bolivia.

La luz solar se asoma a través de la Puerta del Sol.
La luz solar se asoma a través de la Puerta del Sol. Foto: José Lavayén
  

El viernes en la madrugada, millares acudirán a espacios sagrados para recibir al sol en el ritual del Willka Kuti, Lucero del Alba o simplemente Año Nuevo Andino Amazónico. Tanta presión sobre los sitios patrimoniales, las visitas pueden causar daños.

“La presencia de tal cantidad de gente en un evento rebasa la capacidad de carga de los sitios patrimoniales y es incontrolable.  Destrozos y daño al patrimonio se dan anualmente en estas fechas a la vista y paciencia de autoridades municipales,  el Centro de Investigaciones, Arqueológicas, Antropológicas y Administración de Tiwanaku (CIAAAT), el Ministerio de Culturas, las gobernaciones y demás instituciones con autoridad”, lamentó el presidente de la Sociedad de Arqueología de La Paz, Carlos Lémuz.



El ritual, que se celebra en el marco del Decreto Supremo 173 del 17 de junio de 2009, se realizará este año en 223 sitios ceremoniales distribuidos en los nueve departamentos. El acto, que se denomina Año Nuevo Andino Amazónico y del Chaco, varía de región en región, pero básicamente consiste en recibir los primeros rayos del sol.

Uno de los espacios más importantes elegidos para el ritual son el sitio arqueológico de Tiwanaku, concretamente el templo de Kalasasaya, tanto en la entrada que da al templete semisubterráneo y  la Puerta del Sol.

Estas zonas reciben cada 21 de junio alrededor de 8.000 personas. No todas entran a las ruinas, pero las que sí ejercen una considerable presión sobre ellas.

“Tenemos un programa de contingencia específica de protección patrimonial pensado en estas fechas”, aseguró Julio Condori, director del CIAAAT. “Al ser un evento de carácter masivo nos obliga limitar al público visitante y tratamos de evitar que ingresen a las zonas vulnerables como el templete semisubterráneo y si encontramos personas allí, las retiramos”, agregó.

En ese sentido, el Ministerio de Culturas adelantó que durante los rituales de este año, se movilizarán 400 efectivos de seguridad entre militares y policías, en todo el sitio arqueológico paceño, donde estará el presidente Evo Morales.

Esta medida no es suficiente, advierte Lémuz. “Cada que acontece un evento como estos se concentra a los pocos arqueólogos y estudiantes que trabajan con el CIAAAT y se les asigna colaborar con los guardarruinas del sitio. Deben controlar el movimiento de la gente, que suele botar basura, subirse sobre las piezas líticas, hacer sus necesidades en los lugares menos controlados, llevarse artefactos o fragmentos que se hallan en el piso, consumir bebidas alcohólicas… acciones contrarias a la conservación y buen manejo del sitio”.

Esto agrava la presión que sufren ya los restos arqueológicos. En mayo de este año, La Razón constató que las piezas se vieron afectadas por la humedad.

Semanas después, el Ministerio de Culturas y el CIAAAT iniciaron una serie de estudios y talleres para encarar el problema.

Tiwanaku no es el único sitio afectado: apachetas, pukaras, conjuntos funerarios como Khonkho Wankane (Jesús de Machaca), Kulli Kulli (Sica Sica), Inka Rakay (Sipe Sipe), Samaypata, Iskanhuaya (Aukapata), Inkallajta (Pocona), Konchamarka (Yaco), Huarcamarca (Italaque) y el salar de Uyuni están en riesgo.

Parte del problema es que la protección de cada espacio depende del gobierno regional y las fallas en las acciones preventivas puede ser fatal. “Estando 20 o 3.000 personas no tiene mucha diferencia si no existen las medidas de mitigación”, advirtió la conservadora Irene Delaveris.

Andrés Zaratti, secretario de Culturas de la Alcaldía de La Paz, indicó que en la sede de gobierno los sitios rituales se encuentran principalmente en espacios naturales y que las actividades programadas se enfocan en evitar que se dañe el medio ambiente.

Pero, Lémuz cuestionó que  “los recursos que se generan por esta actividad son distribuidos de manera discrecional sin que quede nada para el sitio”.

La Razón  / Jorge Soruco / La Paz