El Gobierno de Jeanine Añez ha tomado una determinación de altísima gravedad, pero que está a la altura de la escandalosa ofensa que han perpetrado las embajadas de México y España en los últimos días. La determinación de expulsar a los diplomáticos involucrados en el operativo de los encapuchados que intentaron rescatar a los antiguos colaboradores de Evo Morales, refleja la intención de recuperar la dignidad de un país que durante 14 años estuvo sometido a fuerzas externas que hicieron de las suyas en nuestro territorio a nombre de una ideología que paradójicamente pregonaba la soberanía. En agosto de 2013, se produjo un episodio similar, cuando un cuerpo de seguridad de la embajada de Brasil en La Paz, sacó a hurtadillas al senador opositor Róger Pinto, quien estuvo durante más de un año refugiado en la residencia diplomática, sin la opción de obtener un salvoconducto. Aquella vez, el gobierno de Morales no tuvo la opción de quejarse como era debido, puesto que Pinto era un perseguido por denunciar los nexos del régimen con el narcotráfico. Como esta vez no hay cola de paja qué esconder, Bolivia tiene toda la moral para exigir respeto.
Fuente: eldia.com.bo
