La única manera de ganar esta batalla es saber a dónde queremos y tenemos que llegar. No hacer gestiones a la deriva y aparecer solo para informar sobre los contagiados y fallecidos. Es decir, contar y aplicar un plan integral, coherente y eficaz de salud, que eso lo deben tener las autoridades de Salud de los tres niveles de gobierno. Este tema lo dejamos a los especialistas, confiamos en ellos y tenemos que sujetarnos, como ciudadanos, a esta dinámica del diario vivir.
Tal como van las cosas, y ante los anuncios reiterados que tenemos que prepararnos para la “nueva normalidad”, término que viene siendo patentado por la Gobernación cruceña, es preciso provocarnos ante este nuevo paradigma, que viene de la mano a nivel internacional. Porque sin duda, el mundo y las sociedades no serán las mismas, a partir de los millones de enfermos y los cientos de miles de muertos que está dejando la pandemia del Covid-19.
Y no solo es el impacto en la salud de las personas, sino que los cambios se concretarán en varios aspectos negativos, como el desempleo masivo, el cierre de empresas, las relaciones sociales e interpersonales, y la presencia más notable del miedo, como elemento central que estará afincado en cada uno de nosotros y en los grupos de seres humanos. Contra el miedo no hay una vacuna médica, ni un muro de contención. Eso dependerá de cada uno de los mortales de la Madre Tierra.
La nueva normalidad no es más que una obviedad y un pretexto para justificar que la cuarentena no se puede seguir alargando de semana en semana. Lo que sí es un hecho, que en la semana pasada y en esta, una parte de la ciudadanía ha retornado a las calles, a los mercados, a sus fuentes laborales, desafiando a las autoridades y poniéndose en riesgo. Precisamente, ante ello, es que el poder departamental y municipal, ya están activando las alertas para flexibilizar las restricciones a la ciudadanía, pero se hará cuando, según los expertos, las curvas de contagio están al rojo vivo.
Volver a la normalidad se resume en que tenemos que saber convivir con la pandemia. Ser conscientes del contagio y que tienes dos vías: vivir o morir. Para que triunfe la vida, sin duda, cada hombre y mujer, tendrá que ser responsable de su propia seguridad y salud, sin esperar que haya un médico y un policía que estará listo para socorrerlos. Para que triunfe la muerte, es fácil, ser irresponsables e incumplir con todas las medidas de bioseguridad.
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La nueva normalidad se desenvolverá con estos efectos colaterales del virus que se perfilan:
Si la retardación de justicia era alarmante, ahora será el doble. Los procesos se han acumulado el triple a los jueces en estos más de 57 días de cuarentena.
Las aulas escolares y universitarias que albergaban a 30 o 40, ahora tendrán que disminuir para guardar la distancia de uno a dos metros entre pupitres.
Pasaremos todos a ser sospechosos de portar el virus. A conversar con el rostro cubierto y a dos o tres metros de distancia. La calidez humana entrará en cuarentena.
Los besos y abrazos efusivos que nos damos al vernos, ahora bastará con un hola o un codazo.
El servicio de transporte público tendrá que ser ordenado, limpio y cada uno en su asiento. Sin parados ni colgandijos. Los mercados ya no deben ser centro del caos y la suciedad.
Las fiestas de graduación sin mucho jolgorio ni lujos, solo un brindis con la familia y con los amigos a celebrar a la distancia.
Los odontólogos se protegerán al máximo y nada extraño que los veamos como astronautas, porque tienen que estar con el paciente cara a cara.
La Expocruz tendrá que normar los ingresos masivos de gente o cobrar caro la entrada para que ingresen pocos. En su caso chao Expo este año.
Las fiestas sociales y los juntes de frater en hora vespertina, sin el “yo te estimo”, “te quiero” cuando los alcoholes ya hacen sus efectos. Con barbijos prácticos para ingerir el bolo y el vino tinto y el fernet.
Los desfiles cívicos serán cosas del pasado. Era hora porque a la Patria y al departamento hay que celebrarlos de otra manera.
Los viernes de soltero, así como dice su nombre solitario el camba, y solo con la de la casa.
Los moteles en vez de disponer de condones, tendrán barbijos, guantes y desinfectantes.
Doña Gloria y Pippo se quedarán con los crespos hechos con sus concursos de belleza y la coronación de la reina de Santa Cruz.