Tantos años y siglos sigue vigente el sabio consejo que nos dejó Sócrates: conócete a ti mismo. Es lo que menos hacemos los seres humanos en este mundo agitado y en cuarentena ahora. “Gracias” a la pandemia que nos recluyó más de 55 días en nuestros hogares, hemos tenido la suerte que emergiera de nosotros el hambre por la filosofía. Recuerda que todos somos filósofos, porque desde el primer momento empiezas a vivir y cuestionarte sobre tu vida, la vida de los demás, sobre el valor de la justicia, de la virtud, de la maldad y el camino hacia la muerte.
La filosofía no solo es esa disciplina abstracta, que te enseñaron en el colegio o en la universidad, haciéndose aburridas las clases del docente, el mismo que te planteaba términos difíciles de aprender o entender, como el Ente, el Ser y la Nada, el Absurdo, Dios, Ser y Tiempo, los primeros elementos del Universo, etc. Es filosofía todo ello, pero esta ciencia aterriza en la tierra y te hace poner vivir la realidad.
Precisamente, el covid-19 nos ha lanzado un bombardeo de preguntas profundamente filosóficas, de las cuales algunas tendremos respuestas, de muchas otras las seguiremos buscando de forma permanente y otras seguirán siendo incógnitas, que nos moverá a inquietarnos aún más.
¿La vida tiene precio como para seguir gastándola sin sentido? ¿La vida es corta, fugaz o la hacemos así, con nuestras actitudes y decisiones? ¿Qué valor tiene la familia en tiempos de crisis? ¿Hemos aprendido alguna enseñanza de esta cuarentena en el camino de fortalecer nuestros valores de la justicia, de la igualdad, del amor, de la tolerancia? ¿El dolor ajeno me mueve a cambiar o seguiremos como si nada? ¿Soy esclavo del trabajo o puedo liberarme? ¿Mi vida tal como la llevé hasta el momento es la adecuada y estoy contenta con ella? ¿Seremos una sociedad solidaria o egoísta? ¿Quién soy yo frente al infinito y hermoso Universo? ¿Dios se fija en mí o está ocupado en otras cosas?
Pero no solo nos cuestiona el virus como individuos y sociedad, sino que mediante la cuarentena, y ojala así haya sido, nos ha hecho invitaciones para conocernos mejor, para hacer un viaje al interior de cada uno, con el objetivo de descubrir nuestras fortalezas, potencialidades, virtudes, debilidades. Un viaje que no cuesta nada de dinero, sino que requiere solo de tu voluntad, tu impulso vital para hacerlo. Este viaje tiene que develarte que en todo ser humano, hay un demonio, una bestia y un ángel, que tenemos incubando la maldad y la bondad, la mentira y la verdad, el odio y el amor.
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Es un viaje, un reencuentro desde el fondo de tu corazón y de tu espíritu, y del cual tiene que salir resultados concretos. Porque a partir del mismo, el otro paso, es en las relaciones con la sociedad y tu actitud frente al otro. Precisamente, el coronavirus nos dejó una tremenda pregunta: ¿Qué vale cada ser humano si no reacciona con un gramo de bondad y solidaridad frente al dolor y contagio del prójimo. La respuesta la tenemos en nuestras acciones y decisiones?.
Como seres inteligentes y con sentido común que somos, debemos tener la capacidad de aprender de este proceso de cuarentena, con la presencia de un virus que nos estará acechando a cada paso y desde donde se lo mire, la pandemia nos sumergió a pensarnos en nosotros mismos, a conocer mejor la sociedad donde vivimos, a mirarnos al espejo como humanidad y entender que solo tenemos este lugar, la Tierra para quedarnos a vivir y morir. Esto es profundamente filosófico, porque la filosofía te ayuda a salir de esa obscuridad que siempre amenaza al ser humano. La obscuridad no solo está al caer la noche y cuando la ciudad se apresta a dormir. Esa obscuridad puede atrapar tu corazón y tu espíritu contagiado por el virus del odio, el rechazo, la intolerancia frente al dolor ajeno. Con la filosofía la luz se apropiará de vos y brillará en tu vida.
¿El covid-19 nos dejó enseñanzas o fue un maestro defacto para pensar y mejorar nuestras vidas?
Creo que sí, porque en el trajinar de nuestras vidas, no debe reducirse a despertanos cada día, lavarnos, comer, apurados ir al trabajo, a pasear, a farrear. Tiene otro sentido y otra ruta que puedes fortalecer y seguir. Una vida de compromiso y opciones que exige sacrificios, pero te da grandes satisfacciones