No es tregua, en realidad, es coyuntura

Cuando Vladimir Illich Ulianov, conocido como Lenin – un asesino serial de millones de rusos junto a su sucesor Stalin, otro carnicero de soviéticos –, sostuvo que el comunismo solo podría alcanzar el poder en momentos convulsos y de conflictividad – jamás en tiempos de paz social y prosperidad – tenía toda la razón. El comunismo es mortaja cuando la democracia es fuerte y sólida. De ahí viene la extrema necesidad de generar violencia, caos para de esa manera “forzar” un giro drástico hacia un régimen comunista, con todas sus secuelas y latrocinios, para luego domeñar a todo un pueblo.

A ese particular momento, Lenin le puso un nombre: “la coyuntura”. Aquel espacio de tiempo – no un día antes ni uno después – dónde se daban o se ocasionaban todas las condiciones favorables para montar la revolución, reinterpretar la historia y pergeñar el poder.



En estas últimas elecciones presidenciales, sin duda alguna, se abrió una coyuntura altamente favorable al MAS generada por un gobierno de transición mediocre por su incapacidad evidente para formar Gobierno y dar señales de gestión y control de la situación, por una pandemia que impacto en la economía de los más débiles y, por último, por una pésima lectura socioeconómica. Sin mencionar, las candidaturas payasescas de la oposición.

La “coyuntura” se dio y los resultados de las elecciones presidenciales son una clara constatación de esta oportunidad política, que el MAS, hábil y carroñero, supo utilizar para sacar ventaja y acceder, nuevamente, al poder.

Esta nueva victoria es para ellos, enarbolar esas banderas gastadas hasta el hastío de un discurso práctico y hueco como es la llamada transformación social profunda, derribar un determinado modelo abusivo – liberal –, rescatar la entelequia del “vivir bien”, el apoyo al hermano y hermana, por supuesto cocalero y no al boliviano promedio, considerado enemigo a derrotar, y a toda clase de oposición que ose levantar el dedo acusatorio, para luego continuar con esa fallida nacionalización y la creación de empresas estatales corruptas y quebradas.

Ahora, lo preocupante de esta situación, es entender cómo profundizarán esta segunda “coyuntura” masista. Sabiendo que son claramente antidemocráticos, irrespetuosos de la ley y la norma – de un plumazo eliminaron los dos tercios del Congreso, cuyo cerrojo permite, precisamente, fortalecer los consensos y disensos en democracia -, y que ahora hablan de la conformación de milicias armadas, paralelas a la policía, a quienes califican de golpistas, de acallar a los medios de comunicación y a cuanto analista político ponga acentos donde no quieren.

Hablan, ahora, de disciplina política. De medios “convencidos”. De nuevas e innovadoras clases de violencia como la creación de nuevos impuestos al patrimonio, entre otras leyes creativas que vulnerarán muchos derechos constitucionales, porque para ellos, al final del día, hay que reinterpretar la historia o, por último, hay que enseñarle al pueblo a entender esta nueva “coyuntura”. Su nueva “coyuntura”.

Así que amable lector, no estamos en una tregua social, sino en una “nueva coyuntura”, muy favorable al MAS, pero muy desfavorable para los bolivianos honestos, que pagan con mucho esfuerzo sus impuestos, que generan fuentes de trabajo, que forman parte del aparato productivo de este país. Los cocaleros, los informales, los ilegales, los narcotraficantes, los majaderos, sin duda alguna, empezarán a disfrutar de manera violenta su nueva coyuntura, porque no pueden sobrevivir en paz social. No pueden crecer en estabilidad. No pueden construir su “coyuntura” en tiempos de tregua social y orden.