Diego querido, Dios no avisa la última oportunidad, siquiera a otro dios…

Ahora vendrán las horas más difíciles pues los médicos le propondrán una internación sin plazos para que se recupere de su adicción al alcohol y a los hipnóticos. Cuba no es el lugar indicado. Tampoco podrá dirigir por algún tiempo, pero nadie se lo quiere decir porque saben que Maradona se resistirá hasta el escándalo

Maradona está internado desde el pasado lunes (Foto: Reuters)
Maradona está internado desde el pasado lunes (Foto: Reuters)

Hay un Diego que penosamente logró imponerse al resto de los otros Diegos, es el Diego que quiere aturdirse.

Hace ocho días, cuando celebraba su cumpleaños 60, Maradona sintió la soledad que es algo diferente a estar solo. Las personas que estaban junto a él manifestando su afecto, las que brindaban desenfrenadamente hasta producir el chispeante divague de la beodez, las que lo besaban y abrazaban, no estaban en la memoria de su corazón.



Aquellos que reían y brindaban a su alrededor eran rostros extraños pues no aparecían ni las mujeres que le juraron su amor, ni los hijos que le declamaron su orgullo. No había ni amigos de cualquier tiempo ni compañeros del fútbol que solo pueden decirle cuanto lo admiran y lo veneran por televisión. Todo en aquel inoportuno jolgorio del sábado por la noche en su casa de Brandsen, pareció absurdo. Y para mayor desconsuelo Doña Tota y Don Diego que ya no están se le presentan en la memoria con mayor frecuencia.

Al llegar a los 60 los cumpleaños son fatales pues la vida quedó atrás y creemos que aquel tiempo fue mejor. Difícil discutirlo para cualquier terrenal que sienta dolores o ausencias; cuanto más para alguien que en 12 segundos bajo un sol abrasador recorrió 70 metros con el balón en sus pies arrastrando a siete jugadores ingleses para convertir el más bello gol de la historia de los mundiales.

Sentado y tomando el triste champagne de una celebración abstracta, Diego habrá pensado cómo pudo aceptar ser llevado casi en vilo para saludar a la nada con tal de cumplir. Estaba convencido que la multitud de Gimnasia movilizada en caravana para saludarlo su cumple lo merecía. Pero al mismo tiempo no ignoraba que en su buzo y en su sillón imperial estaban los logos publicitarios que desvelaban a actores con otros intereses: sabía que volvía a ser un objeto de recaudación.

Maradona estuvo solo unos minutos en cancha de Gimnasia para celebrar su cumpleaños (Foto: Reuters)
Maradona estuvo solo unos minutos en cancha de Gimnasia para celebrar su cumpleaños (Foto: Reuters)

Pobre Diego en esa lucha de siempre por responder el afecto sincero de la multitud sin nombres y el brillo de unas módicas plaquetas entregadas con sonrisas vacías de sinceridad.

Fue entonces cuando volvió a caer en una crisis de afecto pues todo cuanto reclama Diego es la devolución de una pared afectiva: se sentía solo.

Esto que pasa hoy ya le pasó, pero Diego tenía 16 años menos.

Y tres años después, en el 2007, otro milagro: Diego internado, mal, muy mal y la gente en la puerta del sanatorio Los Arcos de la Av. Juan B Justo dándole su apoyo y renovando su cadena de oración.

Habrá discursos, diagnósticos, partes médicos y testimonios de sabihondos en la televisión. Siempre fue así con Diego: el hecho que produce se atomiza de lecturas e interpretaciones. Al mismo tiempo, él le está diciendo a quien pase por su lado que se quiere ir, que no quiere seguir internado. Y para los médicos –para cualquiera en realidad– resulta difícil imponerle a Diego una indicación, aun cuando ésta sea estrictamente científica. En su mundo las condiciones siempre las impuso él.

Maradona realizó un tratamiento en Cuba durante el 2000 (Foto: Reuters)
Maradona realizó un tratamiento en Cuba durante el 2000 (Foto: Reuters)

Se esperan momentos críticos pues hasta ahora nadie le ha dicho a Diego que una vez que pueda salir de la Clínica Olivos los médicos le indicaran una internación sin plazos en algún centro de rehabilitación de adicciones. En las dos oportunidades anteriores, Diego se negó prometiendo superar la situación voluntariamente. Y de hecho que después de mil pruebas, recomendaciones y ayudas –de aquí y del exterior– la cocaína fue superada. Pero la ansiedad, el insomnio y ciertos trastornos de pánico lo fueron llevando al consumo cada vez más significativo de pastillas. O sea que la adicción mutó de la cocaína a los ansiolíticos y a los hipnóticos.

Dejemos de lado las cuestiones familiares pues se sabe que hijos, hermanos y sobrinos estarán como lo han hecho siempre. Se los verá en un pasillo o en la puerta de la habitación y se advertirá la tregua convivencial que imponen las circunstancias.

Diego no volverá a dirigir a Gimnasia pues no estará en condiciones de trabajar por algún tiempo. Y ésta indeseada situación replanteará su relación con el famoso entorno que lo asiste en dos aspectos: la generación y administración de recursos más las cuestiones judiciales –demasiadas para una persona física– que se están ventilando en distintos fueros. El exagerado aislamiento que tal grupo de negocios ha llevado a cabo con Diego provocará un inevitable replanteo de la situación. Resulta imposible para cualquiera hablar por teléfono con Diego o que un cordón de guardaespaldas impida que alguien querido llegue hasta él.

El Maradona vulnerable, el que solo conserva el 38 por ciento de su herido corazón, el que cientos de millones de personas de todo el mundo quisieran acariciar… se siente solo. Viene ahora una dura lucha contra viejos fantasmas irredentos a quienes cree que podrá vencer sin ayuda. Imposible. Lo sabe y se resiste. Solo la manifestación del afecto continuo podría contenerlo.

Muchachos de Argentinos, de Boca, de la Selección: ex compañeros o técnicos, dirigentes o amigos, vayan a verlo, mírenlo a los ojos, tómenle las manos, díganle lo que sienten, repitan lo que expresan por radio o televisión. Hagan que Diego no sea una figura lejana, abstracta, inalcanzable, no lo dejen solo.

Dios no le dice a sus hijos cual es la última oportunidad; ni siquiera a otro dios.

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Fuente: infobae.com