El rayo solo cae en las cumbres

 

Con la libranza de una discutible orden de apremio en contra de la expresidenta Jeanine Añez y dos de sus ministros, acaba de confirmarse aquella vieja sentencia que reza: “Vivimos en el país del revés, donde el ratón caza al gato y el ratero enjaula al juez.”



A propósito de esta práctica intimidatoria a la que nos tiene acostumbrados el gobierno, en una anterior entrega hicimos énfasis sobre uno de los pasajes de la obra de Mario Puzo “El Padrino” en el que el jefe mafioso, al reconvenir a su violento sobrino, le espeta: “No odies a tu enemigo, pues el odio te hace perder la objetividad de tus actos.” Nunca mejor aplicada esa frase, como a los momentos que el gobierno nos hace vivir estos días, con la malhadada orden de aprehensión. De la forma más burda se ha tratado de aplicar la espeluznante “justicia comunitaria” a estos ex dignatarios de Estado.

Y no se trata de que los operadores del actual gobierno sean ignaros, por el contrario, son más listos y tienen igual o mayor capacidad de maniobra que los de ninguna otra época. Pero esa capacidad no les sirve de nada, pues al parecer, la sola sensación de poseerla les sirve sólo para cerrarse más en sí mismos y no usarla. “…Un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jamás.”

Lo que está ocurriendo con nuestros gobernantes es que creen tener las “ideas” más concluyentes sobre todo lo que pasa y debe pasar en Bolivia. Se han vuelto sordos; ya no escuchan. Al contrario, juzgan, sentencian y deciden. Y, ciegos y sordos como son, pretenden imponer sus «opiniones» a rajatabla. No olvidemos que a un principio se llegó hasta a la intolerancia de rechazar la corbata, con el fin de uniformarnos con una “moda originaria” que no lograron crear hasta la fecha, y menos improvisarla.

Detrás de los famosos movimientos sociales, interculturales, indigenistas etc. se esconden los “todo poderosos” que se resisten a dar razones y tampoco quieren tener la razón, sino que, sencillamente, se muestran resueltos a imponer sus opiniones. Como sentenciaba Ortega: “…el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón. Lo que deja entrever la manifestación más palpable del nuevo modo de ser de las masas, por haberse resuelto a dirigir la sociedad sin capacidad para ello … No es que el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino que proclame e imponga el derecho de la vulgaridad o la vulgaridad como un derecho”.

Como la civilización es, antes que nada, voluntad de convivencia, se es incivil y bárbaro en la medida en que se excluye a los demás; como en la siembra del terror al pasar por degüello a inofensivos perritos. La barbarie tiende siempre a la disociación. Y así todas las épocas bárbaras han sido tiempos de desquiciamiento humano, proliferación de mínimos grupos separados y hostiles. Un estereotipo cabal y exacto de lo que nos ocurre a los bolivianos, que no solo está atomizando nuestra sociedad, sino que la arrastra al borde de una guerra incivil.

No hagamos depender nuestro destino de un déspota mesiánico que sólo cuenta con dineros sonsacados al pueblo, para imponer sus arbitrariedades y complejos. No marchemos hacia el fratricidio sólo por satisfacer las ambiciones de un megalómano, cuyo proyecto será más fugaz que su locura. Finalmente, dejemos de maltratar a los buenos bolivianos, teniendo presente que “El rayo solo cae en las cumbres, jamás en los barrancos”