Alternativas virulentas

 

Como si de un desfile de modas se tratara, las próximas elecciones presidenciales peruanas nos presentan, nada más, ni menos, que a 18 candidatos que optan por la silla presidencial. De éstos 18, cinco están técnicamente empatados en la punta, con un bajísimo 12%; otros dos se acercan a ellos y; los restantes once no logran superar el anonimato al no contar con el favor de los electores y contribuyendo así a enrarecer, aún más, el ambiente de esos insólitos comicios.



Este panorama sui generis, antes de alarmarnos, nos muestra el extremo al que han llegado las opciones democráticas en nuestro Continente, fruto de ese populismo troquelado por el Foro de Sao Paulo, nacido en 1989, tras la caída del muro de Berlín.

Con vocación de tractorista, este engendro aniquiló a los partidos políticos con la misma o mayor furia que la peste china que nos asola, con el astuto aditamento de constituirse en una suerte de organización criminal, exenta de escrúpulos y principios que le permita entremezclar la política con actividades de corte delincuencial, hábilmente amparadas por un sistema judicial cómplice.

Es de suponer que el retorno a la institucionalidad perdida demande una ardua faena, así como la recuperación de la credibilidad política en el sistema, trabajo que sería aún mucho mayor empero, esta será una de las tareas básicas a seguir. Entretanto, constatamos con asombro que no hayamos aprovechado nada de esta situación que ameritó 14 años de nuestra existencia, salvo los despojos dejados en nuestra amplia geografía, como esos elefantes azules de la Diosa blanca, que ni siquiera los sucesores pueden administrarlos.

 Somos un pueblo maravilloso, de apenas 11 millones de habitantes, es decir: sólo un tercio más que la capital del Perú-Lima que, en una extensión territorial de apenas 2,672 Km2., cuenta con 8 millones y medio de habitantes. En cambio, a nosotros, la providencia nos instaló en una maceta de 1,096.000 kilómetros cuadrados donde, como van las cosas, sólo podamos llenarla de cultivos de coca.

Con esa misma mentalidad con la que nos conducen los hermanos progresistas, y con el fin de paliar esa enorme vicisitud que significa la falta de vacunas y medicamentos necesarios para enfrentar el Covi19 ¿será que no se nos haya ocurrido todavía, el ofrecer a los países industrializados del primer mundo, un trueque de esos fármacos, por un gran lote de nuestra hoja sagrada, debidamente procesada, en aras de ganar en volumen, y listo para su empleo en medicamentos, dentífricos, tortas y demás sub productos como  se nos ha confirmado que tiene?

Tal remesa sería enviada desde un cómodo y funcional aeropuerto construido para dichos menesteres, con la misma protección y cuidado que el caso amerita.

Al margen de la endemoniada Pandemia, los iniciados de la Diosa Blanca, que están a cargo de la siembra y el cultivo de la Hoja Sagrada, nos aseguran que esta operación gozaría del beneplácito económico, político y social de nuestros pueblos, y nos evitaría buscar alternativas virulentas.