El contrabando «anida» en las redes sociales

La venta de productos que ingresan ilegalmente al país sin pagar impuestos ha crecido exponencialmente durante la pandemia, en 2020 y parte de 2021.

 



Fuente: paginasiete.bo

Página Siete / La Paz

El mundo virtual es el escenario de crímenes reales. Los delitos más visibilizados son la trata y tráfico de personas y las estafas. Sin embargo,  hay otros ilícitos que encuentran el cobijo anónimo del ciberespacio, uno de ellos es el contrabando.

Las medidas de distanciamiento social que las autoridades tomaron para frenar el avance de la pandemia en 2020 incrementaron dramáticamente el uso de los canales digitales para el comercio. Existe un intercambio visible, regulado, que paga impuestos y cumple con las leyes, pero también ha crecido exponencialmente la venta de productos que ingresan ilegalmente al país.

Bebidas alcohólicas, productos alimenticios, prendas de vestir (nuevas y usadas) equipos electrónicos, entre un sinfín de otros productos que sortearon los controles aduaneros compiten deslealmente con la producción de la industria de Bolivia.

Se realizan  ventas por Marketplace o sitios comerciales online.

Aunque el principal problema sigue gestándose en las fronteras, los vacíos legales y la falta de capacidad logística de las autoridades para controlar esta tierra de nadie  hacen que el comercio online de productos ingresados al país de manera irregular florezca en internet.

De acuerdo con el Código de Procedimiento Penal modificado en 2018, en el q   ue  se incorporan delitos informáticos, el uso de las tecnologías para la comisión de ilícitos sólo es punible en casos de estafas o manipulación electrónica.

Fabián Espinoza, abogado especialista en derecho informático,  señala que el contrabando por internet “tiene un efecto dominó en la economía boliviana” que cada vez más involucra  el uso de activos digitales (criptomonedas), cuyo uso está prohibido por la legislación nacional. De ese elemento también existe un mercado negro emergente, que también implica una “fuga de capitales”.

 Tal vez, una de las formas para intentar controlar este tipo de comercio sería otorgando concesiones y “premios” a las empresas que se formalizan y cumplen  la normativa, “con un régimen especial de ser necesario. Esto, hoy por hoy, no existe”.

¿Se debe controlar este mercado y cómo hacerlo?

Los mercados  en internet son, en su gran mayoría, mercados desregulados. Son territorios donde no habitan los impuestos, las tasas o las patentes. Son sitios donde la mayor parte de los compradores no preguntan sobre la procedencia de los productos, si éstos han sido internados al país de manera regular, si pagan impuestos  ni nada.

“Si controlar el contrabando offline es complejo, imaginen online. Asumiendo que el delito se ‘consuma’ offline, uno puede hacer la transacción, pero siempre implica mercadería (física)”, explica el abogado.

En los últimos años, la interacción comercial a través de distintas plataformas se ha profundizado. Al Marketplace de Facebook se suman otras como WhatsApp Business, o la versión regular, que muchas veces es complementaria de otras plataformas. Recientemente en la popular red social, Instagram, se encuentran catálogos de mercadería, que también muchas veces llegan a los compradores de manera ilegal.

Regular o no

El vicepresidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz, Juan Pablo Suárez, explica que “las plataformas y redes sociales no permiten la evasión, sencillamente son un medio de compra”. El proceso de internación al territorio nacional es un proceso anterior al uso de la plataforma.

El economista, quien también es director de la Federación Iberoamericana de Jóvenes Empresarios, señala que Bolivia es un un país que ocupa uno de los últimos puestos del ranking doing business. Es decir, que el ambiente para los negocios es muy deficiente y la digitalización de las empresas es muy pobre y limitada. “Imponer más regulaciones haría la situación mucho peor”, advierte.

Aún  hay contrabando en frontera,pero no es el único medio.

Además, explica que “de todas maneras, el comercio en línea ya está regulado por las normativas impositivas y arancelarias. Lo que pasa es que la mayor parte de nuestra economía se desarrolla de manera informal. Eso gracias a las regulaciones y burocracia de los tres niveles de gobierno”.

El contrabando drena la economía del país

Cada año las arcas del Estado pierden 2.300 millones de dólares, en promedio, sólo por la evasión de tributos aduaneros. Así lo indica el estudio  Contrabando: Efectos y Modus Operandi en Bolivia, encargado por la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) al Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec).

Guillermo Benavides, diputado  plurinacional por Potosí (Comunidad Ciudadana),  reconoce que el tema es complejo. Para entenderlo también se deberían analizar las causas. “Es un fenómeno añejo en Bolivia. Un Estado que no genera empleo hace que el ciudadano vea la forma de subsistir con la informalidad,  etc. Ahora contribuye el tipo de cambio, el mercado boliviano inundado por la sobrevaloración de la moneda, la corrupción, etc.”, manifiesta.

Por la pandemia  los mercados informales se han trasladado al ciberespacio.

En la importación de esos productos, los tipos de cambio, las medidas de protección de otros países hacia su industria y las variaciones del mercado hacen que el producto que ingresa de contrabando sea más barato que aquel que se produce en el país. El contrabando afecta la empleabilidad en Bolivia, los ingresos; no solamente arancelarios, sino en otras categorías fiscales. Puede afectar la salud porque no se tienen controles sanitarios que garanticen la inocuidad de los productos.

A partir del cierre de fronteras para contener la expansión del virus, el contrabando se incrementó de manera exponencial. Donde antes había un paso ilegal, hoy se han abierto decenas. Los mercados locales se llenaron de productos importados ilegalmente. El aparato productivo boliviano, ya golpeado por la pandemia y la disminución de la demanda interna, ahora tiene que enfrentar también la competencia del contrabando.

“Es muy difícil tratar esta economía delincuencial de millones de dólares. Paradójicamente es la única posibilidad que tienen miles de bolivianos de tener un pantalón, con la ropa usada. Bolivia perdió mercados, no mejoró tecnológicamente como para producir en calidad y costos competitivos. La pandemia limitó mucho la movilidad de la gente y los controles migratorios deberían afectar negativamente al contrabando, pero no es así”, explica Benavides.

El contrabando usualmente se realiza con otros delitos violentos, como el narcotráfico, la extorsión, la evasión fiscal y hasta el tráfico de personas, de manera que su efecto en la sociedad y en la institucionalidad del país va más allá del tema económico.

Fuente: paginasiete.bo