Cuba entre tres fuegos: Su hambre, su libertad y EEUU

Roberto Méndez – eju.tv

Roberto Méndez, periodista

Los gritos de #Cubalibre# que se multiplican por las redes sociales a partir de la manifestación de un puñado de cubanos ha puesto ante los ojos del mundo la crítica situación que viven por la pandemia y principalmente por censura a la libertad de expresión, de locomoción y de conciencia, en un régimen socialista en decadencia, pero que también a sacado a flote la bipolaridad entre el socialismo y capitalismo en el mundo.



«¡Abajo la dictadura!» y «Libertad», “Patria y vida”, han dicho, voz en cuello, los manifestantes cubanos condenando las políticas del presidente Miguel Díaz-Canel. «No hay comida, no hay medicinas, no hay libertad. No nos dejan vivir. Ya nos cansamos», decía un manifestante  quien dijo que todas maneras va a morir: fusilado por el gobierno o por hambre o contagio del Covid.

Según la cadena británica BBC-Mundo, las protestas parecen ser el resultado de un hartazgo acumulado de la población tras el desplome de la URSS en 1990 y la reducción de la ayuda de China y Rusia, sus países aliados. Con el turismo prácticamente paralizado -uno de los motores de la economía cubana- , un salario mínimo equivalente 87 dólares (600 bolivianos) el coronavirus ha tenido un profundo impacto en la vida económica y social de la isla, a lo que se ha unido la emergencia de una creciente inflación, apagones y la escasez de comida, medicamentos y productos básicos.

Esta situación ha traído al recuerdo el llamado “Maleconazo”, ocurrido el 5 de agosto de 1994 cuando cientos de personas salieron a aquel muro grueso que protege la isla de la bravura del mar,  a protestar contra el gobierno de Fidel Castro, provocando que éste abra las puertas y miles de descontentos se lancen al mar y terminen en Estados Unidos o ahogados.

Cuba tiene alrededor de 11 millones de habitantes, -la misma cantidad que Bolivia- sobre una superficie de 109.884 kilómetros cuadrados y su historia oficial comienza en 1492 cuando Cristóbal Colón descubrió América y pasó a ser una colonia española hasta 1898 cuando se produjo la guerra hispano-estadounidense en la que cambió de amo y Estados Unidos la tomó como un protectorado.

Poco después el dictador Fulgencio Batista tomaría el control apadrinado por el capitalista Estados Unidos y convertiría a la isla en un gran casino hasta que llegaría la revolución que lo derrocó en 1959 por Fidel Castro e instauraría el socialismo con el discurso que sería como Cristo, multiplicando los panes y los peces.

Pero, a pesar de tener cubiertas las principales necesidades en salud, educación, empleo y vivienda, Castro declaró poco antes de su renuncia en el 2006, que había “engendrado una fábrica de flojos” justamente por que el Estado es el motor de la ecoomía y el régimen socialista no privilegia la libre iniciativa y los emprendimientos personales para generar riqueza.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel respondió que las protestas masivas buscaban «fracturar la unidad» del pueblo cubano y acusó a Estados Unidos de planificarlo todo en concordancia con el embargo y bloqueo con las sanciones económicas contra Cuba.

Mientras eso sucede la revista estadounidense Forbes calculó en 900 millones de dólares la fortuna acumulada por Fidel Castro, en un régimen socialista que pregona la igualdad para todos, y otras publicaciones difunden imágenes de los nietos del exmandatario mostrando las “joyitas” que manejan, como autos lujosos y mansiones.

En suma, son situaciones por las cuales, de saberlas, moverían de su tumba a Ciro El Grande, el primer rey de Persia, quien pasó a la historia por liberar a los esclavos conquistados después de la toma de Babilonia, en el año 539 antes de Cristo y por escribir en su famoso cilindro de barro greda, que todos los hombres (y mujeres) somos iguales en el territorio que habitamos y que somos libres de elegir, por propia conciencia, nuestras creencias políticas o religiosas. Y eso necesita Cuba: asumir su libertad en forma plena.